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15 años  suena a mucho tiempo. Pero hay quienes podrían decir que eso pasa rápido. 

Y ese tiempo es el que debe durar la reconstrucción de toda una zona que por casi 30 años ha sido reconocida en la historia de la Isla por haberse convertido en  lo que ahora aparenta ser un desolado corredor petroquímico entre Guayanilla y Peñuelas. La memoria colectiva lo recuerda como “la Corco”, “la antigua Corco”. 

Dichos terrenos están ocupados por una masa de chatarra que pocas fotos podrían reflejar su grandeza y, si usted ha pasado por el área, debe saber el impacto que causa el verlos desde las ventanas de un vehículo en un paseo cualquiera.

Resulta que, después del cese de las operaciones petroquímicas en los años 80, la entidad Desarrollo Integral del Sur (Disur) comenzó a desarrollar un proyecto maestro para el reúso de 13 propiedades tanto dentro como fuera de los predios del complejo petroquímico. “De la chatarra nace el futuro” es el lema del proyecto que está subvencionado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).

 Disur es un consorcio regional que incluye los sectores privado, académico y público, el cual se compone por los 15 municipios de la región sur de Puerto Rico.

“Es un proyecto a gran escala para reactivar y renovar la economía local”, sostuvo David Southgate, gerente del proyecto, quien explicó además que hay compañías en el exterior que están interesadas en la chatarra, aunque hay unas estructuras que serían evaluadas para su restauración. 


“Cada propiedad es un caso distinto. Por ejemplo, de dos de las propiedades hay potencial de desmontar completamente la instalación y enviarla al exterior para que la monten en otro sitio porque podrían funcionar todavía. Están analizando esos otros pasos que podrían tomar”, dijo Southgate.

Las visiones que se han propuesto como fin del proyecto, cuya etapa de planificación se logró subvencionar  por un fondo millonario de la EPA, circulan en atender dos problemas regionales, según Disur: “el manejo de desperdicios sólidos y el alto costo de la producción de electricidad dependiendo de recursos no renovables”.

Según señala uno de los informes de Disur, se estiman “inversiones del sector privado por un total de $500 millones y la creación de 1,050 empleos a través de la creación de nuevas industrias”.

ACTIVA LA COMUNIDAD

Ramón Torres, portavoz de la EPA, se mostró muy satisfecho con la propuesta de Disur para renovar la zona y fue enfático en exaltar que el plan de la entidad ha tenido una gran participación ciudadana, lo que le ha puesto en ventaja sobre otras entidades que solicitaron fondos a la agencia federal y no lo lograron. 

“La activa participación de la comunidad  ha sido uno de los elementos fuertes en el plan”, sostuvo Torres. 

Según  el plan final de Disur, Corco y la planta Costa Sur de la AEE aún operan como plantas de servicio eléctrico para una  gran parte de la Isla y se destacan por su rendimiento ante el alto consumo y demanda. Pero, contrario al reconocimiento popular, es erróneo decirle “la Corco”, pues esa empresa ocupa solo 800 cuerdas de las 3,500 cuerdas. 

De hecho, según Southgate, se ha creado una percepción errónea en la población pues cree que la Corco es la dueña y responsable de todos los terrenos cuando no lo es. 


La zona se compone de algunos 3,500 acres de terreno que han sido calificados como “industrial pesado” a lo largo de la carretera PR-127 entre los dos municipios. Según Disur, poco más de la mitad está en desuso.

“Es un pensamiento de la zona, muy cultural, pero distorsiona la realidad de la situación. La Corco no cerró, ellos cayeron en bancarrota, salieron y siguen operando y parte del mito colectivo ha llevado a ver a la Corco como una compañía que no existe y describen el área alrededor de la Corco como de la empresa y no lo es”, explicó Southgate.

ES UN ESTORBO PÚBLICO 

La creación del plan maestro de revitalización de estos terrenos incluyó una intensa jornada de vistas públicas con los residentes de las comunidades cercanas a la zona petroquímica, según el gerente del proyecto.  

Según los informes de las vistas públicas, los mismos miembros de la comunidad tienen la impresión de que la zona es un gran estorbo público y que eso dificulta su desarrollo y la  inversión  del sector privado.

UNA ZONA ECOINDUSTRIAL

Lo  que se busca, a fin de cuentas, es transformar la zona petroquímica en una zona ecoindustrial. 

Según Southgate, entraría al panorama una nueva generación de industrias centradas en la producción de energía renovable y de productos farmacéuticos a base de microalgas. También incluiría la creación de nuevas industrias de reciclaje.  

Durante la década de los años 60, se marcó el inicio del complejo de petroquímicas en Puerto Rico. 

Los libros de la historia constitucional reseñan que la inversión de la industria petroquímica en la Isla fue estimada para ese entonces en $78.4 millones. Esto representaba un 27% de la inversión manufacturera en Puerto Rico.

SIN RESPUESTA DEL GOBIERNO

Una de las preocupaciones de Southgate, como gerente del proyecto, es que se ha comunicado por escrito con el gobernador Alejandro García Padilla; el presidente del Senado, Eduardo Bhatia, y Jaime Perelló, presidente de la Cámara de la Cámara de Representantes, y no ha recibido respuesta alguna. 

“Cada uno tiene una copia del plan y también cuando presenté el plan solicité que ayudaran a pedir una reunión con el gobernador. No hemos escuchado ninguna respuesta o carta de nadie. Ni siquiera una carta”, lamentó Southgate, quien espera tener una respuesta pronto, pues este proyecto revitalizaría la zona sur de la Isla, que por años ha tenido una de las tasas más significativas de desempleo en la Isla. 

(Fotos aéreas: Lizzie Herrera)


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