El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevares, sostuvo una reunión con la comunidad puertorriqueña de la Florida Central. (horizontal-x3)
El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevares, sostuvo una reunión con la comunidad puertorriqueña de la Florida Central. (Carla D. Martínez / Especial El Nuevo Día)

Kissimmee, Florida - Con un llamado apasionado para que la diáspora boricua en la Florida central se levante, registre y vote a favor de los amigos de Puerto Rico y castigue a quienes le dieron la espalda a la isla, el gobernador Ricardo Rosselló reconfiguró ayer su cabildeo para buscar, en un esfuerzo cara a cara y más personal, mover el brazo federal a favor de los puertorriqueños.

En un salón del Kissimee Civic Center que se quedó pequeño –albergó cerca de 700 personas y el sheriff de los Bomberos impidió que cerca de un centenar lograran entrar cuando se llenó–, Rosselló exaltó las bondades de la ciudadanía americana como un pase de acceso a oportunidades, esperanza e igualdad, pero puntualizó que, en cuanto a eso, Estados Unidos tiene asuntos inconclusos con Puerto Rico.

El ambiente era como una mezcla de mitin político con un servicio religioso, pues los aplausos se entrelazaban con gritos de “¡amén!”.

“¿Qué dirías de unos ciudadanos americanos que, por estar en un lugar distinto de Estados Unidos continentales, no tienen los mismos derechos, no tienen el mismo poder, no tienen los mismos beneficios ni las mismas responsabilidades que el resto? Y, ¿qué dirías si te digo que, esos mismos ciudadanos pueden montarse en un avión, llegar aquí y tienen esos derechos? Y, ¿qué dirías si te digo que una persona puede nacer en Nebraska, ser congresista o presidente y que puede irse a retirar a Puerto Rico y por estar allí, pierde el derecho a votar por las posiciones que una vez tuvo?”, preguntó Rosselló a los presentes.

En la tarima, tenía a su derecha al gobernador de Florida, el republicano Rick Scott, y al alcalde de Kissimmee, José Álvarez (de ascendencia cubana). A la izquierda, estaba el senador demócrata Bill Nelson y el congresista puertorriqueño, el también demócrata Darren Soto. Abajo, estaba la alcaldesa del Condado de Orange, la republicana Teresa Jacobs.

Segunda clase

Rosselló dijo, repitió y reiteró que los residentes de Puerto Rico son ciudadanos de segunda clase por estas limitaciones en privilegios y responsabilidades que sí tienes los boricuas que viven en Estados Unidos.

“Esta es la ambigüedad con la que hemos luchado por más de un siglo”, dijo, al lanzar un feroz ataque contra líderes políticos de Estados Unidos que, tras el paso del huracán María, fueron a la isla y, aunque prometieron ayudar, se olvidaron, aseveró.

“Y aquí es que tenemos que tirar la raya en el suelo”, añadió, ante un auditorio que le interrumpía con gritos y aplausos.

En ese momento, Rosselló dio a conocer que, con esta visita a la Florida central, iniciará una campaña para organizar a los puertorriqueños no solo en este estado peninsular, sino en Pensilvania, Connecticut, Ohio y entre otros en los que hay comunidades boricuas para que se registren, se activen y voten a favor de líderes que han apoyado la isla y castiguen a los que se han hecho de la vista larga o han apoyado medidas adversas para el país.

“Es momento de organizarnos y demostrar que va a haber consecuencias”, afirmó el primer ejecutivo.

“Antes de María, solo el 25% de las personas en Estados Unidos sabían que los puertorriqueños son ciudadanos americanos. Ahora todos lo saben y saben también que merecemos trato igual en todo. Sí, tenemos una ciudadanía de segunda clase, y los que viven en Puerto Rico no tienen el poder de hacer algo al respecto, pero ustedes sí. Esos casi cinco millones de boricuas aquí en Florida y en todo Estados Unidos tienen una oportunidad única de hacer lo que se debió haber hecho hace tiempo”, señaló.

Cabildeo diferente

Para el analista de la política en Florida y exdirector de la Oficina de Asuntos Federales de Puerto Rico (Prfaa) en Orlando-Florida, Luis Figueroa, la iniciativa de Rosselló es un ejercicio de cabildeo de pueblo, en la que el mandatario ha apostado a la masa de potenciales electores aquí para intentar inclinar la balanza electoral en las próximas elecciones.

“Es que no hay cabildeo más efectivo que impulsar de alguna manera el voto del pueblo”, comentó.

Figueroa dijo, por otro lado, que la diáspora boricua aquí está mostrando un sentimiento de urgencia para que las cosas necesarias para resolver la situación en la isla se muevan con rapidez. Eso ha hecho, incluso, que se comiencen a producir puentes de diálogo entre sectores ideológicos –demócratas y republicanos– que antes del huracán no se hubiesen sentado a la mesa.

“Lo que vimos hoy (ayer) es un ejemplo. Ahí los ves, demócratas y republicanos juntos”, dijo Figueroa, al referirse a la tarima desde la que habló Rosselló.

Elizabeth Rodríguez, directora de la Comunidad Puertorriqueña en Florida del Partido Demócrata, expresó, por su parte, que la sola presencia de Rosselló en el enclave más importante de la diáspora boricua en Estados Unidos podría ser un elemento catalizador para que los puertorriqueños con capacidad de votar se entusiasmen y lo hagan.

“Tenemos la fuerza numérica para cambiar la situación electoral en Florida y en Estados Unidos y si eso pasa, los puertorriqueños de acá podemos ayudar a los puertorriqueños en la isla”, dijo.

“Los boricuas aquí vivían como en una burbuja que no les permitía entender la situación en la isla. Pero esa burbuja explotó. Ahora la diáspora se asoma como un brazo de auxilio para la isla en la medida que salga a ejercer su derecho a votar”, agregó la líder demócrata.

Esta idea la compartió Gary Berríos, director estatal para Asuntos Puertorriqueños del Partido Republicano, quien indicó que este viaje de Rosselló es uno para mostrar el “mollero político” de los puertorriqueños.

Berríos reconoció que Rosselló percibe ciertas acciones del Partido Republicano como detrimentales para la isla, como por ejemplo, la recién aprobada reforma fiscal, que trata a Puerto Rico como un país extranjero y le impone impuestos onerosos.

“Pero acá lo que vemos es que va a ayudar, pues esos miles de puertorriqueños que han llegado van a ayudar desde acá a la isla y recibirán un alivio contributivo casi inmediato y los veremos enviando remesas a Puerto Rico”, aseveró.


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