Aunque el operativo del municipio no contempla entregar suministros en el lugar de entrega, coliseo Llul Pérez, vecinos de ese pueblo se detienen a ver si reparten algo.

Adjuntas - Cuando entró el camión de la Reserva del Ejército al pueblo, rápido se corrió la voz.

Varios carros se detenían frente al coliseo Llul Pérez de Adjuntas y algunos preguntaban, con tono de esperanza, si habría allí alguna repartición de ayuda para los damnificados por  el paso del huracán María el pasado 20 de septiembre. 

Pero un letrero en el portón decía: “No se entregará ningún suministro en estas facilidades”.

Sin embargo, el mensaje no fue suficiente para detener a Alejandro Plaza, de 57 años. Plaza vive solo con su hijo de 11 años y su hija de 10, y ya no podía aguantar más con no tener nada para darles de comer.

“Vengo del barrio Vegas Arriba, pero el asunto es que allá arriba no está llegando absolutamente nada”, expresó Plaza. 

“No hay forma de comunicarse. A mí me interesaría que usen los medios, como las guaguas (con altoparlantes) que usan para la política… que las usaran para informarles a los barrios que estén pendientes cuándo van a suministrarles algún tipo de alimento”, agregó.

Obviando el aviso, Plaza llegó hasta William Pérez, director de Recreación y Deportes de Adjuntas, quien supervisaba el recibo de la carga entregada por los militares.

Aunque Pérez le recordó el método de distribución que llevaban a cabo, no tuvo corazón para rechazarlo y dejó que se llevara dos cajas de alimentos. 

“Rápido que recibimos las ayudas, las sacamos en un camión, más dos ‘pickup’ adicionales, para ir a los campos donde la gente no ha podido llegar al pueblo”, explicó Pérez. 

“La gente que está cerca puede llegar a las pizzerías, a los chinos… (pero) hay gente mayor y no han logrado llegar al pueblo”, agregó.

Plaza se fue aliviado con la comida para varios días, pues la repartición de ayer era para otros sectores: Liamní y Castañer. Su comunidad tendría que esperar. 

Según Carlos Pagán, director de Manejo de Emergencias de Adjuntas, a más de dos semanas del huracán, todavía hay sectores –como Guayabo Dulce, Sector Las Minas y Tanamá–  donde tienen que llevar los suministros a pie, pues todavía siguen las labores de despejar los caminos.

Este mismo escenario lo ha vivido en pocos días el sargento Nicolás Cruz, de la compañía 432 de transporte de la Reserva del Ejército, en las misiones de entrega. 

Ayer,  entregaron 16 paletas con 576 cajas de comida.  Estas se suman a entregas previas de la Reserva del Ejército de 133,632 comidas,  139,200 botellas de agua y  110,888 galones de combustible.

“La reacción es un poco fuerte. Ves cómo salen sonrisas de sus caras y cuando dicen: ‘qué bueno, por fin vamos a recibir algo’”, expresó Cruz, quien confesó que en estas circunstancias para los soldados es más complicado ocultar los sentimientos.

“Es difícil no mostrar lo que uno siente porque ves sus caras de alegría y eso te hace sentir más contento y te da satisfacción de que estás haciendo algo bueno”, agregó.

Así vieron a Plaza irse con las dos cajas que colocó en el baúl de su viejo carro Suzuki, donde esperaban sus hijos.

“Me quedé sin dinero, no tengo comida y por lo tanto bajé un momentito por si acaso en esta área tenía la oportunidad de recibir algún beneficio o comprita”, dijo Plaza.

“Por lo menos, esto me da para unos días”, manifestó.

Plaza es uno de varios beneficiarios del PAN que denunciaron que no podían usar la tarjeta del programa.  En Adjuntas, todavía aún no hay luz ni conexión telefónica, por lo que  todas las transacciones tienen que ser en efectivo. 


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