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“¿Por qué yo me quedé? Qué mucho he pensado en eso y sigo pensando en eso”, dijo hace unos años Carmen Rosa Sabater, la exvoleibolista boricua a la que el destino salvó de perecer la noche del domingo 15 de febrero de 1970, cuando cayó al mar el avión DC-9 de Dominicana de Aviación que traía a todas las demás integrantes del equipo nacional de Puerto Rico.

Carmen Rosa, quien, a la edad de 24 años, era la jugadora de más edad y capitana del equipo, recordó que había viajado el día anterior a Puerto Rico para representar al voleibol femenino en la Cena Olímpica que estaba programada para el domingo.

La jugadora, que había participado con el resto del sexteto boricua en una serie de fogueo contra el equipo dominicano en preparación para los Juegos Centroamericanos que ese año se celebrarían en Ciudad de Panamá, regresó a la Isla en compañía del presidente de la Federación de Voleibol, José Nicolás Palmer.

Pero las restantes 12 jugadoras y el dirigente del equipo, Juan Ramón Loubriel, se encontraban entre los 97 pasajeros en el vuelo que el domingo despegó a las 6:30 p.m. del Aeropuerto Las Américas en un avión que contaba con cinco tripulantes.

En el vuelo viajaba también Teo Cruz, quien dos años antes se había convertido en el primer dominicano en ganar un título mundial de boxeo profesional al derrotar en el Estadio Quisqueya al puertorriqueño Carlos Ortiz para conquistar el cetro de las 135 libras.

Cruz, quien tenía 32 años y había vivido en Puerto Rico, viajaba para visitar a unos parientes junto a su esposa, Mildred Ortiz y sus dos hijos.

Igualmente viajaba una modelo a la que se identificaba como novia del entonces actor y futuro astrólogo Walter Mercado.

Del mismo modo viajaban la esposa, la hija y una hermana del general y expresidente dominicano Antonio Imbert Barrera, reconocido como héroe nacional en su país por haber sido uno de los responsables de matar en 1961 al dictador Leonidas Trujillo.

En distintas fuentes se mantiene incluso hoy en día la información de que El Gran Combo debía abordar ese avión, pero sus integrantes optaron por no hacerlo cuando uno de los músicos se negó a subir al avión diciendo que el vuelo le daba mala espina.

Hace unos días, sin embargo, el director de la legendaria orquesta salsera, Rafael Ithier, explicó lo que en verdad ocurrió: “Nosotros estábamos en Venezuela, donde habíamos ido a tocar, y llegamos a Santo Domingo al día siguiente del accidente”, sostuvo. “De allí debíamos viajar entonces a Puerto Rico y, naturalmente, nos dijeron que el día antes había ocurrido esa tragedia”.

“Sí sentimos un poco de temor, como era natural, pero tomamos el vuelo”.

Para abonar a ese temor, apenas tres días antes del accidente, otro avión de Dominicana se había estrellado en un vuelo interno, con 12 muertes.

UN AVIón nuevo

El DC-9 accidentado que partió hacia el Aeropuerto Internacional de San Juan era un reactor de dos motores construido por la McDonnell Douglas; un aparato completamente nuevo que había entrado en servicio en diciembre y apenas tenía 354 horas de vuelo.

Sin embargo, de acuerdo a los informes de la época, unos dos o tres minutos después del despegue, cuando el aparato todavía se estaba elevando, se le apagó el motor derecho.

El piloto llamó de inmediato a la torre de control del Aeropuerto de Las Américas y comenzó a dar la vuelta. Lo crítico fue que en ese momento se le apagó también el motor izquierdo: y como el avión se encontraba en pleno viraje, no estaba posicionado como para siquiera planear por algunos segundos antes de caer... y se desplomó, explotando al chocar con el mar.

No hubo sobrevivientes.

Uno de los primeros rumores estuvo relacionado con la presencia de la familia inmediata del general Imbert, aduciéndose que pudo haberse tratado de un atentado con una bomba.

Pero, según se ha dicho, tanto a la FAA (Federal Aviation Administration) de Estados Unidos como las autoridades de la aviación dominicana enseguida les chocó que un aparato nuevo sufriera un desperfecto no tan solo en un motor, sino en los dos.

Aunque nunca se ha ofrecido una versión oficial acerca de la causa del accidente, el informe preliminar sostuvo que la causa pudo haber sido que el aparato fuera abastecido con combustible contaminado con agua, una situación que por lo regular tiende a afectar los motores precisamente poco después del despegue.

(La contaminación con agua es un problema común en la aviación: al combustible puede entrarle agua incluso en los tanques de almacenamiento).

Entre otras cosas, en la República Dominicana eventualmente se emitieron dos sellos postales en honor del desaparecido equipo de voleibol boricua y aquí se designó a Carmen Rosa Sabater como abanderada en los Centroamericanos de Panamá.

También se ha dicho que Walter Mercado cayó en una profunda depresión de la cual solo fue emergiendo luego de refugiarse en la meditación y las filosofías orientales.

Además, la cancha de voleibol de Corozal fue bautizada ese mismo año con el nombre de Carmen Zoraida Figueroa, una de las estrellas del desaparecido equipo nacional, y al inaugurarse en 1974 el estadio de béisbol (y hoy en día de fútbol) de Bayamón, se le puso el nombre de Juan Ramón Loubriel.

Finalmente, en Santo Domingo, como parte del complejo deportivo que encabeza el Estadio Quisqueya, existe también un coliseo de boxeo que lleva el nombre de Carlos ‘Teo’ Cruz.


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