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El bigote con aire de prócer podría ser su marca de fábrica. Pero Arturo Luis Hernández González, quien recién se inserta en la política partidista como candidato a la gobernación del Movimiento Unión Soberanista (MUS), va mucho más allá de esa imagen de caballero de otra época.

Hernández González viene de una familia de abogados y ha vivido sus 55 años de vida guiado por fuertes convicciones.

Por “principios” no fue a su graduación de bachillerato. No quería darle la mano a Ismael Rodríguez Bou, entonces rector del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, porque entendía que representaba una administración que había sido intransigente durante la huelga del 76. De hecho, no se enteró de que había sido del cuadro de honor hasta que entregó los documentos para solicitar ingreso a la Escuela de Leyes. También, por principios, se precia en decir que se ha sostenido económicamente por décadas sin tener contrato, igualas o rótulo en su oficina. “La gente llega por referido”.


Fue por ese mismo sentido de responsabilidad con él, con otros y con el país que aceptó la candidatura a la gobernación por el MUS, aunque eso representara una nueva merma en sus ingresos. Acaba de terminar la presidencia de dos años en el Colegio de Abogados, puesto por el cual no recibía remuneración monetaria. Y el MUS había renunciado al fondo electoral, con lo cual tampoco recibiría paga alguna.

Lo cuenta con ese tono de formalidad que distinguió toda la entrevista, en la que una pregunta nunca tuvo una respuesta corta. Y la demostración de sus dotes de orador tampoco estuvo exenta de ademanes constantes, levantando y abriendo los brazos, como si le hablara a una audiencia. Esa forma de hablar que, junto con el estilo de bigote largo y enrollado en las puntas, parecen ser lo que aprendió de su familia, con un padre y un tío abogados, este último Francisco Hernández Vargas, quien representó a don Pedro Albizu Campos en tiempos de la revolución del 50 y quien también fue poeta.

Criado en Río Piedras, entre letrados y poetas, el benjamín de los tres hijos de los Hernández asegura que no le gusta el protagonismo. Pero no por timidez. Dice que su padre lo enseñó a no ser tímido. Sino porque “se puede malinterpretar como que uno está buscando reconocimiento o ser destacado y yo nunca he estado con eso”.

La vida, sin embargo, lo ha puesto en la ruta opuesta, en la que tiene que ser portavoz, protagonista. Y lo ha aceptado, dice, luego de consultas “colegiadas” en su casa, con su esposa Anita y sus tres hijos, dos de los cuales ya están en la Escuela de Derecho y a los cuales el tercero parece que les seguirá los pasos. Habló de ellos, del MUS, de la política y de sus ideales independentistas en una entrevista realizada en el Parque Nacional Laguna del Condado Jaime Benítez, frente al mar, frente al cual le gusta sentarse para meditar.

¿Siempre ha tenido oficina propia?

Cuando salí de Derecho yo tenía un puesto en la clínica legal de la facultad de Derecho de la Interamericana como paralegal. Estuve ahí unos meses más y me hicieron un acercamiento para que fuera director ejecutivo de la Asociación de Servicios a Exadictos y Exconvictos Rehabilitados. Estuve como un año y pico y ahí conocí a la entonces administradora de Corrección, doña Mercedes Otero de Ramos, y ella un día me dijo que necesitaba un director de la oficina legal. Dije: ‘déjeme pensarlo’ porque nunca había pensado trabajar con el gobierno. Hice el recuento de otros líderes políticos en la historia del país que entendían que no era incompatible lo que uno sentía con trabajar para el gobierno, en la medida en que teníamos que aprender cómo se hacía todo para cuando nos toque a nosotros saber cómo hacerlo. Estuve allí por tres años y medio, casi cuatro. A partir de ahí abrí mi oficina privada (en el 1990).

O sea que doña Mercedes Otero fue su jefa, la conoció de cerca.

Y me dio un gran ejemplo. Era una fajona. Ahí fue donde aprendí a trabajar con presión. A veces me pedía que fuera a ver casos en distintos puntos del país y cuando estaba dos días fuera y regresaba a la oficina tenía una pila de expedientes que eso era así (levanta una mano y la distancia de la otra como para demostrar altura) y eso nos obligaba a estar trabajando hasta las 10 y 11 de la noche desde las siete de la mañana. Pero ella fue un gran ejemplo porque a veces yo pasaba un domingo en la noche y ella estaba allí trabajando.

¿Se ha especializado en un área del Derecho?

Como este abogado nuuunca en su vida ha tenido un contrato, ni una iguala, ni rótulo, la gente llega por referido, pues tengo una práctica diversificada en la que veo casos de familia, casos criminales, algunos, casos de embriaguez, casos civiles y administrativos.

Ha estado vinculado a la defensa de los derechos civiles y a discusiones filosóficas sobre el rol de los abogados en la sociedad. ¿Cuál debe ser, según usted, esa aportación?

Todo abogado y abogada debe ser un ente de cambio porque teniendo como basamento toda la estructuración de lo que es el derecho, que abarca tantas disciplinas y patrones de conducta del ser humano en sociedad, debe ser ese eslabón entre las estructuras establecidas y las corrientes que surgen de la misma convivencia en sociedad para ir acoplando el derecho a las necesidades de la gente y a las realidades del país. Y debe ser el defensor inquebrantable del derecho fundamental del ser humano, que es el derecho a la vida.

Presidió el Colegio de Abogados a partir del 2008 y estuvo en esa silla cuando el gobierno eliminó la membresía compulsoria. ¿Qué efectos tuvo en el ánimo de los colegiados? ¿Cree que se puede restituir el carácter compulsorio?

Creo que lo mejor que le sirve al país es que haya una colegiación en todas las profesiones porque es una salvaguarda para los intereses de la sociedad que una profesión esté autorregulada.

¿No cree en la pena de muerte en ningún delito?

En ninguno. Creo que el derecho a la vida es fundamental a todo ser humano y sería totalmente contradictorio tener todo un aparato carcelario predicado en la rehabilitación y, por otro lado, hacer unas excepciones en unas penas para condenar a muerte.

Ha habido casos en que el Tribunal Federal trató de impulsar la pena de muerte y hay quien dice que no se puede hacer nada porque ese es el ámbito federal. ¿Qué haría si fuera gobernador y hubiese otro caso en que ese tribunal pida nuevamente la pena de muerte?

Lo primero que haría sería readquirir la jurisdicción en toda comisión de delito por parte del Estado Libre Asociado, evitando que sean los federales los que reclamen jurisdicción para procesar ciertos casos, porque entiendo que la mera presencia de la corte federal en Puerto Rico es uno de los ejemplos más dramáticos de lo que es el coloniaje que sufre el país.

Sí pero ¿cómo se logra porque ya la Fiscalía y la corte federal están ahí?

Bueno, si aquí ha habido acuerdos de cooperación para que entren a ocupar campo en la jurisdicción de alguna comisión de delito, yo tendría la jurisdicción mía primero. Si eso crea una confrontación y un choque jurídico, pues vamos a tener una confrontación para que el país entienda cuál es el problema que realmente vive en términos jurídicos y políticos.


¿Cómo rescatar esa jurisdicción y, al mismo tiempo, ser efectivo y procesar los casos?

En el Tribunal Federal lo que conocemos hasta ahora es que los derechos de los acusados están bastante limitados. Si hacemos un escrutinio de cuántos juicios se ven en su fondo en la corte federal creo que me sobran dedos de una mano porque casi todo es un andamiaje de peso contra un individuo, donde los abogados se ven hasta impedidos de poder desarrollar una defensa adecuada. Pero, en términos de política pública, lo que haríamos de inmediato es dejarle las manos vacías. ¿De qué manera? Atacando la raíz de las circunstancias que inciden en la conducta criminal. Hay que atacar la drogadicción y el narcotráfico desde el punto de vista terapéutico. Hay que coger al adicto y rescatarlo. Hay que tratarlo química y emocionalmente, a él y a su entorno. Eso crea un efecto inmediato en la sociedad que no va tener a alguien delinquiendo para subvencionar su vicio de droga y, además, le va a restar clientes al narcotraficante.

¿Legalizaría la droga?

No, no es legalizar la droga es despenalizar. En lugar de coger a alguien con un cigarrillito o dos de marihuana y llevarlo al tribunal, usted lo va a desviar al tratamiento y va a comenzar a desarticular el negocio lucrativo de la droga. Eso no quita que mientras eso ocurre se va a continuar persiguiendo al narcotraficante.

Y ¿cómo se mejora la eficacia del sistema judicial y de ley y orden? Tienen que asegurar que si saca a los federales van a ser mejores.

Todo este sistema de justicia tenemos que reenfocarlo. En la Policía, para empezar, tenemos que buscar un superintendente de la misma fuerza. Tenemos que hacer una comisión intersectorial para que, entre todos, (recomienden) los candidatos idóneos para ese puesto, de donde el gobernador vendría obligado a nombrar. Hay que revisar el currículo de la academia de Gurabo, profesionalizarla. Y tenemos que empezar despolitizando la judicatura, y el concepto es el mismo, el multisectorial. Igualmente, nos proponemos hacer políticas a largo plazo, a 20, 25 años.

Aquí se hizo el plan Puerto Rico 2025 con políticas a largo plazo y debe estar engavetado. ¿Cómo evitar que nuevamente una administración rechace lo que hizo la anterior?

Aunque la idea fue buena, probablemente no se estructuró, y no tengo el detalle, como lo estamos planteando nosotros, que sea multisectorial, que vengan participantes de todas las corrientes ideológicas. Todos tenemos que aportar porque nos va a dar sentido de pertenencia y si se puede legislar a los fines de establecer su término a la inviolabilidad o inalteración del programa, pues se hará.

Junto con la seguridad, la situación económica es uno de los asuntos que más preocupan en el país, ¿cómo el MUS propone trabajar con eso?

Lo primero que tenemos que hacer es atacar el mal gasto del presupuesto del país. Este año ese presupuesto ronda los $28,600 y pico de millones, donde debemos aclarar que las asignaciones directas federales no llegan a los $10,000 millones y se llevan $71,000 millones. Tenemos que atacar esa mala utilización del presupuesto, que ronda entre 10% y 20% y eso significa entra $3,000 millones a $6,000 millones. Además, nos proponemos una tributación de entre un 3% y 4% a las ventas de las corporaciones foráneas. Tenemos que respaldar las microempresas.

¿Cómo es la soberanía que impulsa el MUS? ¿Cómo llegaríamos a ella?

Puerto Rico estaba bajo el poder de España y pasa bajo el poder de Estados Unidos como consecuencia de la Guerra Hispanoamericana. Por lo tanto, resulta que el problema de Puerto Rico es un problema de derecho internacional. Tiene que abocarse al derecho internacional en el proceso descolonizador y ese derecho establece que el país que domina tiene que transferir los poderes que retiene del país dominado. Para que, en el ejercicio de sus poderes soberanos, ese país dominado, sin influencia externa, escoja su destino político, incluyendo las opciones de independencia, un pacto de libre asociación entre países soberanos o la integración, que no es la estadidad.

Su candidatura en el MUS surgió en agosto como una opción luego de la renuncia del doctor Enrique Vázquez Quintana. ¿Cómo afectó eso la campaña de ese partido y su candidatura?

En cuanto a la campaña del partido no creo que haya afectado mucho porque la campaña es llevar al mensaje y aquí lo único que ha variado es el portavoz. En términos de mi campaña, si vamos a medir el marco de exposición como positivo, entonces ha sido positivo porque he tenido mayor proyección.

¿Espera que el MUS quede inscrito?

Por lo que se ve en la calle no debería tener problemas, y es importante que así ocurra porque, de ganar las elecciones vamos a comenzar a transformar el país. Pero, de no ganar, es importante quedar inscritos en una posición sólida para hacer una fiscalización adecuada, para que se gobierne al país como debe gobernarse.

¿Qué le gusta hacer además de meditar frente al mar?

Me gusta leer. Lo que pasa es que si cojo un libro me gusta, si no lo puedo terminar, adelantarlo lo suficiente para en una próxima recogida terminarlo y a veces el tiempo me traiciona.

¿Lee en aparatos electrónicos?

No mucho, prefiero el papel. Tengo la manía con que estas pantallas te van a restar bastante vista a largo tramo.

¿Qué otras cosas le gusta hacer?

Pues mira, ¿sabes algo? (baja el tono de voz como para decir un secreto), una mesa de billar privadita, no en los negocios, privadita. Me gusta porque uno se relaja mucho. A veces, también, me despeja mucho la cocina.

¿Se considera un hombre moderno, anticuado, arriesgado, liberal hasta lo último?

Liberal, me conceptualizo liberal. Si la definición de moderno es estar identificado con las nuevas generaciones, entre 15 a 25 años, probablemente no. Pero, haciendo esa excepción, me considero moderno, aunque me atraen muchas cosas que pudieran identificar como conservador: la música, me encanta la poesía, y en términos arquitectónicos y mobiliario, me gustan mucho las cosas antiguas.

Y el estilo de su bigote, ¿tiene algún significado?

Mi bisabuelo que, en efecto fue el último alcalde de Quebradillas bajo el régimen de España, don Honorio Hernández, tenía este bigote, pero más enrosca’o. Y el hermano de mi padre, mi tío Francisco Hernández Vargas, exhibió un bigote también enroscado. Mi abuelo materno también tuvo este bigote. Yo nunca lo pensé hasta que lo dejé crecer y crecer y empezó a coger la forma y dije por qué será (se ríe) sabrá Dios si es un ‘trademark’.


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