El hombre de 75 años del barrio Cialitos, en Ciales mostró las condiciones en las que vive desde el 20 de septiembre de 2017, cuando María azotó la isla.

Jayuya/Ciales - En una esquina del segundo piso de la estructura de bloques y cemento que don Guillermo Rivera construye desde el 1975, sobre una pila de pertenencias dañadas y corroídas, se encuentra un toldo azul nuevo. No cumple su función porque, según el hombre de 75 años, nadie lo ayudó a instalarlo y él sólo no podía.

Optó entonces por acomodar poco a poco -con la ayuda de voluntarios- las planchas de zinc que el huracán María esparció por toda su finca en el sector Las Delicias, del barrio Cialitos, en el municipio de Ciales, el pasado 20 de septiembre. Los metales se mueven fácilmente con la mano y mucho más ágilmente los zarandearía una ráfaga de viento de tormenta.

“Desde (el huracán) Irma se había ido la luz. Hacía una semana que no tenía luz y también me había quedado sin baterías para el radio, no pude oír las noticias. Entonces el ciclón me sorprendió el miércoles por la mañana cuando bajé por la escalerita pa’ hacer mis cositas abajo. Empezó a hacer viento y agua, y se llevó la primera plancha de zinc. Yo subí y no me dio tiempo, nada más para tirar el radio encima de la cama y coger una toalla y un flashlight y bajé”, rememoró Rivera, quien se refugió en el baño de la casa mientras el huracán continuaba arrancando el techo y mojando todas sus pertenencias.

“Pasé toda la noche en vela, sentando encima del toilet”, contó. En los días posteriores se las ingeniaba para dormir en el asiento de un Jeep que ya no corre o en un panel de madera sobre bloques mientras el sol secaba sus mattress.

Narró también que el puente hacia su rancho quedó obstruido y las siembras de su finca -su primera fuente de alimentos- destruidas. El huracán echó su ropa a perder, dañó la mayoría de sus escasas pertenencias y mató a la mitad de sus gallinas. Se quedó con su neverita, sus cuatro perros y once gatos, sus seis cuerdas de terreno y su hogar sin techo. El agua que utiliza proviene de una quebrada y la energía eléctrica apenas le llegó la semana pasada.

Cuando se le cuestionó qué es lo más que necesita, el maestro retirado de ciencias no titubea en decir “materiales de construcción; piedras, tierra, varillas, paneles...” para fortalecer la estructura y hacer un techo.

“No vale la pena tirarlo en madera porque va a venir otro ciclón y cada día gana ser más fuerte, se lo lleva de nuevo. Por lo menos (un techo) en los dos cuartitos, que tenga una tortita arriba”, sostuvo.

Voluntarios perseverantes

A 10 meses después de María, casos como el de don Guillermo evidencian la realidad que aún viven muchos en la isla. Personas que perdieron todo y que ni siquiera cuentan con un techo seguro y preparado para una nueva temporada de huracanes.

Su situación tomó auge gracias a las redes sociales, principalmente gracias a personas solidarias que se han dado a la tarea de suplir sus necesidades. Aunque el hombre natural de Jayuya ha recibido donaciones de ropa, comida y otros suministros durante los últimos meses, reconocen que lo más apremiante es remendar el techado y colocar puertas y ventanas que cubran todos los espacios abiertos de la casa.

Wilfredo Martes y Flor Dimarys González, por ejemplo, se han dado a la tarea de gestionar la asistencia para el septuagenario. Martes recordaba a don Guillermo como su buen maestro de ciencias de la intermedia y se preocupó por su bienestar tras el huracán, pues sabía que no contaba con los mejores recursos.

El matrimonio de Jayuya logró ganarse su confianza. Se familiarizaron con sus necesidades y pusieron manos a la obra.

González, por su parte, indicó que el proceso para auxiliar a don Guillermo ha sido “poquito a poco”, pues se mostró reacio al principio cuando comenzaron a ofrecer ayuda.

“Cuando llegamos, él no quiso dejarnos entrar ‘porque ha venido gente que toma fotos, toma videos, toma medidas y no llegan (después)’, que puede ser cierto como que puede ser que el mismo se encierre y no acepte la ayuda en el momento. Pero pudimos convencerlo, nos dejó entrar y nos comprometimos personalmente”, con la condición de que no hubiera nada relacionado con “política y politiquería”.

El compromiso, dijo González, fue de ambas partes, al comprometer a don Guillermo para que acceda a recibir asistencia de personas y organizaciones.

Por su parte, don Guillermo explicó sus razones para no aceptar -hasta ahora- la ayuda que algunos políticos han ofrecido. “No lo dejé entrar porque, primero vino sábado por la tarde. Yo guardo el sábado y no hago ningún tipo de actividad. Además, ellos venían a coger medidas y esas cosas para darme la ayuda. Yo les dije que en sábado no podían venir y quedaron en enviar otro muchacho y hace tres semanas lo estoy esperando y no vino”, señaló.

“Y si alguien del gobierno viene durante la semana, ¿usted recibiría esa ayuda?”, se le preguntó. “Sí, está bien, pero que sea algo positivo. Es que los políticos vienen a hacer política…”, contestó.

Pero don Guillermo, agradecido con las donaciones que ha recibido, sabe que necesita aceptar favores antes que cualquier otro evento atmosférico, que nadie quiere imaginar, azote la isla. Solo desea un techo que no sea tan fácil de arrebatar.

Si desea aportar a la causa, puede comunicarse con Wilfredo Martes y Flor Dimarys González al 787-406-5349 o al 787-342-0493.


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