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Construido en el año 1939, este puente de acero que es visible desde el Expreso Manuel Rivera Morales enmarca parte de la historia y la identidad de Trujillo Alto, un municipio que, con $ 44 millones en ingresos consolidados, busca superar los ret

Trujillo Alto ¬ Detrás de su rica historia, verdes montañas y lujosas urbanizaciones, Trujillo Alto es considerado hace años una ciudad dormitorio que lucha por transformarse en una verdadera metrópoli.

Ante la falta de mayores ofertas de empleo y actividades de entretenimiento en el Pueblo de los Arrecostaos, miles de sus residentes parten a diario hacia otros municipios para trabajar, estudiar y entretenerse, y solo regresan para dormir.

“Trujillo Alto era un pueblo olvidado porque se conceptualizó como un pueblo dormitorio”, explicó su alcalde José Luis Cruz.

“La gente vive aquí, pero trabaja más en otros pueblos del área metropolitana. Ese concepto lo estoy tratando de cambiar”, indicó.

Por su posición geográfica al noreste del país, “la Ciudad en el Campo” está rodeada por cuatro municipios a donde emigran parte de sus 75,000 habitantes para laborar: San Juan, Carolina, Gurabo y Caguas.

Quien visita este pueblo no imaginaría el éxodo laboral que padece, pues allí proliferan tiendas y centros comerciales. Pero, esa oferta comercial no es suficiente para detener el éxodo ya que en Trujillo Alto ni siquiera hay un hospital donde nazcan los trujillanos.

“Aquí no nace un trujillano hace tiempo. No hay actividades familiares, como tal, para compartir. Para uno ver un concierto tienes que ir a San Juan. Si quieres ir a un cine vas para San Juan, y si quieres ir a comer a un restaurante vas a San Juan, por decir el área metropolitana”, dijo el Primer Ejecutivo municipal, quien destacó que el desarrollo económico en Trujillo Alto ha crecido poco a poco.

Cae y se levanta Trujillo Alto. Desde su fundación hace 213 años, Trujillo Alto ha dado la batalla para subsistir y progresar. Su economía estuvo basada en la agricultura, principalmente en la caña de azúcar y frutos menores, además de la explotación de canteras de piedra.

No obstante, “la Ciudad de los Manantiales”, como también se conoce, enfrentó una crisis económica y fiscal que lo llevó en el año 1902 a ser eliminado como municipio y anexado a Carolina.

“Trujillo Alto nació primero que Carolina, pero como la estructura económica de Carolina se fortaleció más rápido y las finanzas de Trujillo Alto eran difíciles, unieron la parte administrativa de Trujillo Alto a Carolina. O sea que el alcalde de Carolina regía a Trujillo Alto”, dijo Edgardo Díaz, director de la Oficina de Desarrollo Cultural y Turismo de ese pueblo.

La anexión duró poco, pues tres años después, en 1905, la Asamblea Legislativa restituyó a Trujillo Alto como municipio independiente. Desde ese entonces, en este pedazo de tierra de 54 kilómetros cuadrados y que integra ocho barrios, han ocurrido muchos cambios.

Uno es el crecimiento poblacional y urbano. Según datos del Censo, de 18,251 habitantes que albergó Trujillo Alto en la década de 1960, la población aumentó a 74,842 en elaño 2010, aunque el alcalde Cruz entiende que hay mucho más de 80,000 habitantes.

Poco el desempleo. El municipio tiene una tasa de desempleo de 10.4%, siendo el segundo pueblo de la Isla con la tasa más baja según datos el Departamento del Trabajo. El primer municipio es Guaynabo.

Su incidencia criminal es también más baja que otros municipios con casi la misma cantidad de habitantes. Con 701 delitos tipo 1 reportados el año pasado, Trujillo Alto tiene una incidencia criminal más baja que Dorado, pues este pueblo con 38,000 habitantes aproximadamente, reportó 770 delitos tipo 1 el año pasado.

También es más baja que Humacao, que con 58,000 habitantes reportó 995 delitos tipo 1 en el 2013.

A juicio del alcalde trujillano, esa seguridad es otro factor para que su pueblo crezca en población. Precisamente, trujillanos entrevistados enfatizaron la seguridad en su pueblo.

“Todavía podemos dejar las puertas abiertas, porque es un pueblo tranquilo”, dijo Marcos Cáceres, de 49 años y residente del casco urbano.

Poco transporte público. La otra cara de la moneda de esta ciudad, es que carece de transportación pública colectiva que sirva de manera eficiente a residentes de las zonas rurales. Alexandra Guzmán, residente del sector Kennedy Hills, contó que se vio obligada a comprarse un auto porque tenía que esperar hasta dos horas para abordar un carro público.

“Era un dolor de cabeza esperar tanto tiempo”, dijo esta ama de casa.

Comerciantes como Nelson Peña, dueño de la lechonera Peña en el barrio Carraízo, levantaron otra crítica en este caso porque el código de orden público municipal no les permite tener música alta en sus negocios, una limitación que no les ayuda prosperar.

El alcalde reconoció las limitaciones que tiene su pueblo y aseguró que está trabajando varios proyectos para hacer de Trujillo Alto “una ciudad vibrante” con mejores carreteras, hospitales, hoteles, entretenimiento y otros servicios.

“Queremos lograr que la gente no gaste en Trujillo Alto, sino que invierta en nuestro pueblo y se quede en nuestro pueblo”, apuntó.


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