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La Habana – En esta ciudad se daban ayer los toques finales para el recibimiento del papa Benedicto XVI, evento que el cubano de a pie considera la continuación de la jornada apostólica que comenzó en este país caribeño en 1998 el Papa Juan Pablo II y la esperanza de que se imite en otras partes del mundo la apertura de la Santa Sede hacia Cuba.

Personal de seguridad de El Vaticano y de la Iglesia Católica en Cuba inspeccionaban la capilla edificada en la Plaza de la Revolución José Martí para que el papa oficie una misa frente a la multitud que se espera se congregue el próximo miércoles en la inmensa plazoleta, al pie de la Torre de la Plaza de la Revolución y frente a las imágenes de los revolucionarios Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

Benedicto XVI encontrará en esta emblemática plaza habanera una capilla amarilla con tres arcos y vitrales de varios colores, con las imágenes del pan y el vino incrustradas. El altar está delimitado por jardineras en las que aún no habían colocado las plantas. Pero el personal responsable del sonido ya ubicó las cuatro bocinas gigantes a través de las cuales debe escucharse la homilía del santo padre. La plaza puede albergar hasta un millón de personas.

Turistas de Canadá, Argentina y otros países se fotografiaban frente al altar de la Plaza de la Revolución, a sabiendas de que su excursión terminará antes de que el papa llegue a La Habana.

El taxista cubano Serafín Cuencas comentó que ha transportado a turistas españoles y mexicanos que están en Cuba por la visita de Benedicto XVI. “Estos argentinos están molestos porque no van a poder estar para la visita del papa”, apuntó Cuencas.

El taxista comentó que “para nosotros la visita del papa es importante porque, aunque en Cuba hay distintas religiones, la Iglesia Católica sigue siendo la más grande”. “Mi familia es católica y yo también, que de vez en cuando voy a misa”, añadió. “Tengo fe y a mis hijos los bauticé en la fe católica”.

Cuencas comentó que el mensaje de evangelización del papa sera especialmente importante para la juventud cubana, ya que muchos se criaron durante la revolución laica.

Cuencas señaló que desde que Juan Pablo II visitó Cuba, el Estado cubano ha extendido brazos de apertura hacia el catolicismo. Explicó que el gobierno de la revolución no tuvo esa misma comunicación con la Iglesia Católica porque, según él, esta había albergado a personas que habían atentado en contra de la revolución. “Ya con los años pasados y con el hecho de que la revolución le ha dado la vuelta al mundo, el Estado ha hecho su parte y la Iglesia la suya”, apuntó.

Para este taxista, más importante aún es que la visita del Papa lleva el mensaje de que, si El Vaticano puede tener relaciones con Cuba, otros países pueden hacerlo. “Se pueden dar cuenta de que, a pesar de lo que algunos dicen, Cuba es un país solidario, somos un país tolerante. Si el papa pensara que Cuba no respeta los derechos humanos, no vendría. El mundo tiene que ver a Cuba con otros ojos”, indicó.

No lejos de la Plaza de la Revolución, en la Iglesia Santa Rita, la jubilada Caridad Fernández estaba hincada frente al altar. Para esta mujer, la visita del Papa “es importante para el pueblo de Cuba, que tanto lo necesita”.

¿Qué necesita Cuba?, se le preguntó.

“Que se ponga fin a la violencia, a la drogadicción, más unión de la familia, darle oportunidad a los jóvenes”, dijo.

Según Fernández, el problema de la adicción a las drogas ataca a ciertos jóvenes aunque no se vea fácilmente. “Ellos tienen sus lugares donde se concentran”, dijo sin dar más detalles.

El papa llegará el próximo lunes a Santiago de Cuba, donde ofrecerá una misa en ocasión del aniversario número 400 del hallazgo de la imagen de la Vírgen de la Caridad del Cobre en la Plaza Antonio Maceo. Al otro día visitará en privado el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, antes de partir para La Habana para la misa en la Plaza de la Revolución y otros asuntos oficiales.


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