Carlos Fernando Chamorro dirige el diario Confidencial y el programa televisivo Esta Semana. (GFR Media) (semisquare-x3)
Carlos Fernando Chamorro dirige el diario Confidencial y el programa televisivo Esta Semana. (GFR Media)

En Nicaragua, en abril de 2018, miles de personas salieron a las calles exigiendo el fin del gobierno del presidente Daniel Ortega. Muchos jóvenes, sobre todo universitarios, se activaron día tras día cargando con el peso de las protestas. El gobierno respondió con una feroz represión, ejercida por la Policía y grupos paramilitares. Se contabilizan hoy unos 327 muertos, miles de heridos, desapariciones y ejecuciones sumarias y unos 700 presos políticos.

El gobierno y la oposición, la Alianza Cívica, se encuentran hoy en negociaciones suspendidas.

Carlos Fernando Chamorro es periodista nicaragüense. Dirige el diario Confidencial y el programa televisivo Esta Semana. Su vida ha estado intrínsecamente vinculada a su país. Su madre, Violeta Chamorro, fue presidenta de Nicaragua de 1990 a 1997, y su padre, el periodista Pedro Joaquín Chamorro, fue asesinado en 1978 por órdenes del dictador Anastasio Somoza.

En diciembre de 2018, las oficinas de Confidencial fueron allanadas y confiscadas por la Policía y en enero de este año, se refugió en Costa Rica.

¿Qué le hizo salir de Nicaragua?

—Decidí salir al exilio para proteger mi integridad física y seguir haciendo periodismo. Existía una decisión política para una detención. Te detienen y, posteriormente, inventan los cargos que te presentan. Al día de hoy, la redacción sigue ocupada por la Policía, pero no nos sacaron del aire.

¿Por qué el gobierno de Nicaragua lo concibe ahora como enemigo?

—La dictadura de Daniel Ortega llega al poder en 2007 (por) elección democrática; posteriormente, va avanzando en (la) concentración de todos los poderes del Estado. Hace fraudes electorales en 2008. En 2011, hay una reelección inconstitucional de Ortega y, en 2016, se reelige por segunda vez, habiendo cambiado la constitución. El gobierno, en abril, es una dictadura institucional que no permite el acceso a la información pública, intimida a los periodistas, pero tolera una prensa crítica. (Nuestras) investigaciones sobre la cooperación venezolana, el canal interoceánico, los negocios de la familia Ortega Murillo y las violaciones a los derechos humanos se publican, pero no pasaba nada; ni la fiscalía, ni la Corte Suprema, ni la Policía, ni el Congreso, ni la Contraloría tenían autonomía para realizar ninguna investigación. Todo cambia a partir de abril, con una rebelión cívica que demanda que se recorte el período de gobierno o que acepte ir a elecciones anticipadas y una reforma política. El nivel de tolerancia de los medioscríticos se reduce a cero. Se convierten en enemigos número uno. En la primera semana, matan al periodista Ángel Gahona, incendian Radio Darío, imponen la censura, desatan agresiones físicas contra periodistas, les roban sus cámaras. El Relator Especial para la Libertad de Expresión de la OEA decía que en Nicaragua hemos visto un nivel de violencia y de agresiones contra la prensa en cuestión de meses que en Venezuela tomó una década.

¿Podría describir la estructura del poder en Nicaragua?

—Esta dictadura enfrentó sanciones económicas en el 2009. Era el punto más bajo del régimen. (Entonces) Daniel Ortega, pragmático, estableció una alianza con los empresarios de Nicaragua y de la región centroamericana. Se reserva el monopolio de la política, pero acepta colegislar en temas económicos. Esta alianza es a costa de la democracia, transparencia y con mucha corrupción. Las ventajas se enfocan en hacer negocios de manera expedita, sin trámites burocráticos del Estado de derecho. También, se mantiene un régimen de exoneraciones fiscales. Ortega mantuvo durante 10 años esta relación con los empresarios, porque tenía el presupuesto paralelo de la cooperación venezolana. Le daba estabilidad económica y legitimidad política. Daniel Ortega-Rosario Murillo, el presidente y su esposa, la vicepresidenta, establecieron un sistema sultanístico, en donde las decisiones están concentradas en una pareja presidencial.

Y, ¿describir la corrupción gubernamental?

—Publicamos investigaciones sobre los fondos de la cooperación venezolana. A Chávez, no le importaba la rendición de cuentas. Le importaba una relación política clientelar con Ortega y una alianza. El acuerdo petrolero facilitaba que se manejaran fuera del presupuesto, (en) una empresa binacional...Albanisa. Hubo un flujo de más de $4,000 millones. En algunos años era de $500 millones, muchísimo dinero fuera del presupuesto. Un porcentaje iba para programas sociales; los otros dos tercios a negocios privados de Albanisa, manejado por la familia presidencial, y a las operaciones del Frente Sandinista (de Liberación Nacional, FSLN). Ocurrió un caso con el canal Telenica Canal 8. (En) 2009-2010, (el dueño) hace una transacción. Conocí los documentos y lo que ocurrió fue que de Albanisa se sustrajeron $9.7 millones de dólares para la compra del canal. Al día siguiente, ese Canal 8 pasó a ser dirigido por Juan Carlos Ortega Murillo, hijo de Daniel y Rosario. Es propiedad de un holding de la familia y así como ese caso hay otros.

¿Cómo se integran los hijos Ortega Murillo al régimen?

—El Frente Sandinista, que derrocó la dictadura de Somoza en 1979, que dirigió la revolución de los años 80 se terminó en 1990 con la derrota electoral. Después, hubo un debate interno. (Sobrevivió) el Frente Sandinista, del que, poco a poco, Daniel Ortega fue quedando como un caudillo, lo desinstitucionalizó y quedó sometido a un liderazgo personal. Eso cambia más del 2001 al 2006, cuando la relación entre Ortega y Murillo se convierte en una alianza política. No puedes hablar ya de una manera separada, sino que es Ortega-Murillo. Van decapitando a los otros factores de influencia del partido y se convierte en una maquinaria familiar. Los hijos, son como siete, tienen distintos roles. La mayoría, en la construcción de un aparato de medios de comunicación privado... El Canal 8, el Canal 13 y el Canal 4 están dirigidos por hijos de la familia presidencial. (En) abril, ese enorme aparataje de radio, televisión, redes sociales colapsó en su credibilidad. Los medios oficiales se mostraron inútiles, con cero capacidad de comunicar. Otros hijos tienen roles como enlaces del Gobierno. Laureano Ortega, tiene... las relaciones con Rusia y Rafael Ortega, con Venezuela, Cuba y el grupo Alba.

¿Qué papel juegan los medios críticos hoy?

—En esta crisis, hemos cosechado lo que sembramos, credibilidad a base de un periodismo ético, profesional, investigativo, de calidad narrativa... nuestra audiencia se cuadruplicó o se quintuplicó... a través del empoderamiento de los ciudadanos (en) las redes sociales. Antes del 18 de abril, en Nicaragua se daba por hecho que la juventud era apática y que utilizaba las redes sociales para chatear, para divertimento. Las redes sociales se convirtieron, de un día para otro, en un instrumento que la población utilizó para documentar la represión, la resistencia. Somos un medio de comunicación pequeño; no tenemos ni un corresponsal en el interior. Jamás habría sido posible brindar una cobertura nacional si no hubiera sido por este flujo interminable. Nuestra labor ha sido, principalmente, una labor de curaduría sobre el trabajo de la red social.

¿Considera de izquierda al gobierno actual? y, en su opinión, ¿cuando se convierte en una dictadura?

—El gobierno de Ortega nunca fue un gobierno de izquierda. Desde el 2007, implementó una continuidad de las políticas neoliberales que se desarrollan desde 1990. Intentó lo que haría cualquier gobierno en América Latina con un compromiso por ampliar los servicios sociales. No fue nunca un gobierno de izquierda, aunque tuvo un discurso alineado a la retórica de Chávez, aplicando, también, políticas ultraconservadoras como la penalización del aborto terapéutico. Se convierte en dictadura entre el 2007 y el 2010. Se vuelve una dictadura sangrienta a partir de abril.

¿Por qué, entonces, conserva la ideología y el vocabulario socialistas?

—Daniel Ortega tiene el monopolio de los símbolos de la revolución sandinista, la bandera roja y negra, el Frente Sandinista como institución política. Hay una tradición sandinista en Nicaragua, pero ese partido ha sido vaciado de contenido político. No hay en el Frente Sandinista, nunca ha habido, otro candidato electoral que no fuese Daniel Ortega; y Rosario Murillo está en la línea de sucesión constitucional desde el 2016; un proyecto para convertirse en una dictadura dinástica, en la que supuestamente estaba preparándose para ser la candidata en el año 2021.

¿Por qué reaccionaron con tanta brutalidad?

—Nunca estuvieron preparados para gobernar con oposición. En el momento en que la gente salió a protestar a las calles, reprimieron. Creyeron que eso iba a sofocarlo y provocó una explosión nacional. La masacre de Nicaragua ha sido intensa en corto tiempo. Es una de las mejores documentadas por organismos de derechos humanos. Menciono a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la Relatoría del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU y al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, similar a la comisión de Ayotzinapa, que concluyen que en Nicaragua no hubo un golpe de estado, como alega el régimen; hubo un exceso de violencia estatal, policial y paramilitar. Se cometieron ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y crímenes de lesa humanidad. La gran fractura de la sociedad nicaragüense es el baño de sangre. Esta masacre establece un antes y un después. La gran interrogante es si, en las negociaciones, se va a abordar o no el tema de la justicia y la impunidad. Ortega intentará establecer una amnistía.

El escritor Sergio Ramírez afirma que Ortega solo saldrá del poder muerto. ¿Cómo percibe la situación de hoy y el porvenir inmediato?

—Ortega y Murillo es una alianza fanatizada, mesiánica. Posiblemente, se ven a sí mismos como revolucionarios y en el espejo de Muamar el Gadafi, a lo mejor de Fidel Castro. Aunque, el pueblo de Nicaragua, hoy, los asocia igual que Anastasio Somoza. La consigna principal en las calles es “Ortega y Somoza, son la misma cosa”. Ortega perdió el apoyo popular y la credibilidad. No va a ceder. Y, solo va a ser obligado bajo máxima presión externa y nacional. En Nicaragua, hay, también, una economía privada en proceso de colapsar. Si convergen esos elementos de presión de manera simultánea se puede llegar a una situación en la que Ortega intente una nueva matanza, pero también hay límites. No sé si eso va a ocurrir, pero no veo a Ortega saliendo por las buenas.


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