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Nicolás Maduro obtuvo 6.2 millones de votos en las elecciones del domingo, ante los 1.9 millones que obtuvo su rival Henri Falcón. (horizontal-x3)
Nicolás Maduro obtuvo 6.2 millones de votos en las elecciones del domingo, ante los 1.9 millones que obtuvo su rival Henri Falcón. (Xavier J. Araújo Berríos)

Caracas – La comunidad internacional incrementó ayer la presión sobre Venezuela, un día después de que el presidente Nicolás Maduro resultara reelecto para un nuevo término de seis años que comienza el año entrante, en una contienda en la que participaron menos de la mitad de los votantes convocados y en la que se prohibió la participación de los principales partidos y dirigentes de oposición.

Por un lado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, autorizó nuevas restricciones financieras que le dificultarán enormemente al gobierno de Venezuela emitir deuda para, por ejemplo, importar suministros, algo a lo que este país ha tenido que recurrir con demasiada frecuencia en la medida en que baja el precio del petróleo y disminuye a niveles históricos su producción del crudo, lo que le haría más difícil su acceso a divisas para comprar alimentos, medicinas y otros bienes en los mercados internacionales.

Venezuela depende de sus ventas de petróleo para el 96% de sus divisas extranjeras.

Por otro lado, el Grupo de Lima, integrado por 14 países americanos, incluyendo los tres vecinos inmediatos de Venezuela, que son Colombia, Brasil y Guyana, acordó reducir sus relaciones diplomáticas con Caracas, restringir la manera en que se otorgan créditos a los organismos gubernamentales de este país y llevar a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas una resolución sobre la grave crisis política aquí.

Además, acordaron “coordinar acciones para que los organismos financieros internacionales y regionales procuren no otorgar préstamos al gobierno de Venezuela, por la naturaleza inconstitucional de adquirir deuda sin el aval de su Asamblea Nacional, excepto cuando el financiamiento sea utilizado en acciones de ayuda humanitaria”.

El grupo conocido como G-20 igualmente dijo que aplicará sanciones a Venezuela, según una declaración difundida ayer por el canciller argentino, Jorge Faurie. El G-20 lo integran la Unión Europea, más otros 19 países, entre estos Alemania, Corea del Sur, Japón y Reino Unido, cuyo secretario de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, dijo estar decepcionado de que se hayan llevado a cabo unas elecciones en un proceso que no consideró “ni libre ni justo”.

Estas acciones, más múltiples expresiones de jefes de Estado internacionales, entre estos los presidentes de Panamá, Argentina, Brasil y España, acentuaron la sensación de acoso y aislamiento que se viven aquí a raíz de las sanciones que está enfrentando Venezuela desde que el año pasado el presidente Maduro convocó de manera ilegítima la creación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Este ente, entre otras cosas, suplantó las funciones de la Asamblea Nacional, que era dominada por la oposición desde las elecciones legislativas de diciembre de 2015.


La creación de la ANC desató la ola de protestas que durante cuatro meses sacudieron a toda Venezuela y en la que murieron, según estimados de la oposición, 157 personas. La ANC fue la que convocó las elecciones celebradas el domingo, que fueron boicoteadas por los principales partidos y figuras de la oposición. Maduro sacó 6,190,612 votos, versus 1,917,036 de su más importante rival, Henri Falcón, según el último boletín del Consejo Nacional Electoral venezolano emitido ayer.

La participación electoral fue de 46%. En las últimas presidenciales, en el 2013, votó el 80%.

Las únicas excepciones a la condena internacional a Venezuela la produjeron el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien dijo a través de Twitter que “el pueblo venezolano soberano ha triunfado nuevamente ante el golpismo e intervencionismo del imperio norteamericano”; China, que pidió que se respete el resultado de las elecciones; y Rusia, cuyo ministerio de exteriores acusó a Estados Unidos de intervenir en el proceso.

El jefe de la campaña de Maduro, Jorge Rodríguez, dijo en una rueda de prensa ayer en esta capital que la mayoría de los países del mundo reconoció el resultado de las elecciones, que el mandato a favor de su candidato fue claro que la oposición “solo reconoce las elecciones que gana”. Rodríguez dijo que el desconocimiento de las elecciones “es parte de la agresión contra el país” y que a Maduro solo le importa “el reconocimiento de su pueblo”.

No tocan el petróleo

En el resto de la comunidad internacional, el repudio a las elecciones fue enérgico.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, condenó las elecciones, a las que calificó como “fraudulentas”.

“Esta llamada elección es un ataque al orden constitucional y una afrenta a la tradición democrática de Venezuela. Hasta que el régimen de Maduro restituya la ruta democrática en Venezuela a través de elecciones libres, justas y transparentes, el gobierno enfrentará el aislamiento de la comunidad internacional”, declaró.

Mientras, el vicepresidente estadounidense Mike Pence, dijo: “las elecciones de Venezuela fueron una farsa. No fueron libres ni justas. El resultado ilegítimo de este proceso falso es un golpe más a la orgullosa tradición democrática de Venezuela”.

Entre las sanciones que Estados Unidos impuso a Venezuela no hay ninguna relacionada directamente con el mercado petrolero, que es la principal actividad comercial entre ambos países. En este momento, Venezuela le vende unos 552,000 barriles de petróleo diarios, una tercera parte del total de su producción, a empresas estadounidenses, según la Agencia de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

Estados Unidos solo produce el 40% del petróleo que consume y el resto lo compra en el mercado internacional. Venezuela es actualmente el sexto proveedor más importante de petróleo a Estados Unidos, superado solo por Canadá, México, Arabia Saudí, Irak y Colombia.

Estados Unidos es, mientras tanto, el segundo cliente más importante de la industria petrolera venezolana, seguida solo de China. Las ventas a China, sin embargo, son en pago por créditos, mientras a Estados Unidos se vende en efectivo.

Las ventas de petróleo de Venezuela a Estados Unidos han bajado dramáticamente en los últimos años, pero no por nada que tenga que ver con tensiones entre los dos países, sino porque la producción en Venezuela está hoy a más o menos la mitad –1.5 millones de barriles de petróleo al día– de lo que estaba hace diez años. A pesar de la retórica belicosa entre ambos países desde que Hugo Chávez llegó al poder aquí en 1998, esa mutuamente conveniente relación económica nunca ha cambiado.

Un día después de las elecciones, la oposición venezolana no tenía claro qué ruta seguir ahora y básicamente esperaba que la presión interna y externa obliguen a Maduro a convocar otros comicios que tengan las garantías que estos no tuvieron o a negociar alguna otra salida pacífica al conflicto.

El exgobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles, quien perdió las elecciones presidenciales contra Maduro en el 2013 por menos de 2%, dijo ayer que “el país está agotado, la política no le está dando respuestas a las demandas más urgentes del pueblo” y pidió que se articule una nueva manera de hacer frente común al chavismo.

Mientras, María Corina Machado, excongresista despojada de su escaño por supuestamente recibir dinero del gobierno de Estados Unidos, dijo que los eventos del domingo demuestran que “la vía electoral se cerró” y que solo la “desobediencia total”, más la presión internacional lograrán “la dimisión de la dictadura”.


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