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En esta imagen proporcionada por la Secretaría de la Defensa Nacional de México, soldados vigilan el área tras la explosión de un gasoducto en Tlahuelilpan, estado de Hidalgo, el viernes 18 de enero de 2019. (Foto Sedena vía AP)

Ciudad de México - Una enorme bola de fuego que envolvió a decenas de personas que recolectaban gasolina de un ducto perforado por ladrones en el centro de México mató al menos a 66 personas y quemó gravemente a decenas, en la crónica de una tragedia anunciada.

El accidente ocurrió apenas tres semanas después de que el nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador lanzara una ofensiva contra las bandas de ladrones de combustible que perforaron tomas peligrosas e ilegales a las tuberías unas 12,581 veces en los primeros 10 meses de 2018, un promedio de 42 por día.

En vista de que había mucha gente involucrada, ya sea ayudando a los ladrones o recolectando combustible derramado en todo tipo de recipientes, era solo cuestión de tiempo antes de que ocurriera un incendio.

De hecho, han ocurrido antes, pero rara vez con la magnitud y el horroroso número de víctimas como ocurrió con el incendio del viernes en el estado de Hidalgo, que se produjo cuando la gente recogía gasolina derramada en cubos, jarras de plástico y cestos de basura.

La fuga fue provocada por una perforación clandestina al ducto en las inmediaciones del pequeño pueblo de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, a unos 100 kilómetros (62 millas) al norte de la Ciudad de México, informó la compañía estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).

Tomas de video captadas horas antes del incendio mostraban un géiser de gasolina que se elevaba varios metros y a decenas de personas, incluso familias enteras en un ambiente que parecía festivo, recolectando el combustible en diversos envases. Posteriormente las tomas mostraron llamaradas de gran altura en la noche. Gente gritando huía de las llamas, algunos quemándose y agitando los brazos.

El sábado, el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, informó en conferencia de prensa que 66 personas fallecieron, 76 resultaron heridas, y que había 85 personas desaparecidas por el estallido del ducto que transporta gasolina desde la costa del Golfo de México a la ciudad de Tula, ubicada al norte de la Ciudad de México.

Pemex atribuyó el fuego a “la manipulación de una toma clandestina”.

La policía estatal de Hidalgo indicó que la fuga fue reportada por primera vez alrededor de las 5 de la tarde. “Se reporta que ciudadanos se encuentran en el lugar intentando obtener hidrocarburo”, informó la policía. Unas dos horas después, el oleoducto estalló.

También la tarde del viernes, otro oleoducto estalló en llamas en el vecino estado de Querétaro, debido a otra perforación ilegal. Pemex dijo que el incendio cerca de la ciudad de San Juan del Río fue en un área despoblada y que no había riesgo para las personas.

No es la primera vez que ocurre un accidente así. En diciembre de 2010, las autoridades culparon a ladrones de combustible de la explosión de un oleoducto en el centro de México, cerca de la capital, donde murieron 28 personas, incluidos 13 niños.

Ese incendio también destruyó viviendas, afectando a 5.000 habitantes en un área de 10 kilómetros (6 millas) de diámetro en San Martín Texmelucan.

El presidente lamentó el estallido. López Obrador lanzó una ofensiva contra el robo de combustible -práctica conocida en México como “huachicoleo”, con ingresos por $3,000 millones al año-, tras asumir el puesto el 1 de diciembre. El país ha emplazado a 3,200 infantes de Marina para resguardar los oleoductos y las refinerías.

“Lamento mucho la grave situación que se padece en Tlahuelilpan por la explosión de un ducto”, tuiteó el mandatario mexicano. “Di instrucciones para que se controle el fuego y se atienda a las víctimas”, agregó.

El nuevo gobierno también ha cerrado oleoductos para detectar y desalentar las perforaciones ilegales, optando por transportar los combustibles en camiones cisterna, pero éstos han sido insuficientes, y varios estados han padecido escasez y largas filas en las gasolineras.

Además, las pandillas locales de robo de combustible han logrado granjearse la lealtad de vecindarios enteros, regalando gasolina a cambio de que los residentes funjan como vigías y confronten a patrullas militares que efectúan redadas contra el robo.

Se desconoce si la tragedia del viernes provocará un cambio en la opinión que esos pobladores tienen de sobre los “huachicoleros”.

“Hago un llamado a toda la población a no ser cómplices en el robo de combustible. Esto, además de ser ilícito, pone en riesgo tu vida y la de las familias. Lo ocurrido hoy en Tlahuelilpan no debe repetirse”, escribió el gobernador Fayad.


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