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Antes de ser ejecutado por ahorcamiento, Asahara solicitó que sus cenizas fueran entregadas a su cuarta hija (EFE).

Con el temor de que puedan volverse un objeto de culto y en medio de la polémica sobre quién se hará cargo de ellos, los restos del fundador de la secta Verdad Suprema, Shoko Asahara fueron incinerados en Tokio.

Las cenizas del líder, artífice de los mortíferos atentados con gas sarín en el metro de Tokio en 1995 y que fue recientemente ejecutadopermanecen en custodia policial hasta que se decida qué familiar debe hacerse cargo de los mismos, señalan medios locales.

Esta medida de precaución busca evitar que los restos de Asahara se conviertan en una especie de recuerdo para sus seguidores y activen el interés por el culto, protagonista de una de las mayores tragedias de la historia reciente de Japón.

Antes de ser ejecutado por ahorcamiento, Asahara -cuyo nombre real era Chizuo Matsumoto- solicitó que sus cenizas fueran entregadas a su cuarta hija, de 29 años, una petición con la que no estarían de acuerdo su mujer, de 59 años, y varios hijos, según los medios.

La esposa del gurú y algunos de sus hijos -se dice que llegó a tener entre seis y doce- firmaron una solicitud al ministerio de Justicia nipón en la que reclamaban ser ellos los depositarios de los restos, una petición que todavía no ha sido aprobada.         

La cuarta hija es la única descendiente de Asahara que ha cortado los lazos con el resto de sus familiares y miembros de la secta, y ha dejado por escrito que no quiere que ninguno de ellos herede sus pertenencias tras su fallecimiento.

Desde la ejecución, las autoridades niponas han ultimado la vigilancia sobre los antiguos miembros del culto y las organizaciones que surgieron a partir del mismo: Aleph y Hikari no wa (Círculo de luz).

El mayor atentado de Aum se produjo del 20 de marzo de 1995, cuando discípulos de la secta colocaron bolsas con gas sarín en varias líneas del metro de Tokio, dejando 13 muertos, 6,300 heridos y decenas de personas en estado vegetativo.

La justicia nipona procesó a 190 miembros de Aum por estos atentados y otros crímenes relacionados, emitiendo seis condenas de cadena perpetua y 13 penas de muerte, de las que todavía quedan por completarse otras seis.

La secta, centrada en la figura de Asahara, quien era venerado como una divinidad, fue creciendo en adeptos hasta alcanzar los cerca de 10,000 en Japón y el extranjero en su época de mayor popularidad.


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