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Kim Jong-un (i) y Donald Trump, durante la cumbre en Vietnam. (AP)

El líder norcoreano Kim Jong-un decidirá pronto si continuará con las conversaciones diplomáticas y si mantendrá su moratoria sobre pruebas nucleares y ensayos con cohetes, informó el viernes una alta funcionaria norcoreana. Añadió que Estados Unidos desperdició una oportunidad de oro en la reciente cumbre entre sus líderes.

Corea del Norte dijo hoy por boca de su vicecanciller, Choe Son-Hui, que estudia romper el diálogo con EE.UU., al que culpó del fracaso en la reciente cumbre de Hanói, y apuntó a que Pionyang podría suspender la moratoria sobre pruebas de armas que ha mantenido durante 15 meses. 

Durante un encuentro en Pyongyang con diplomáticos abierto a medios con presencia en la capital norcoreana, la vicetitular de Exteriores, Choe, dijo que su país no tiene "intención de ceder a las demandas de EE.UU. (planteadas en Hanói) en ninguna forma" ni está dispuesto "a entablar negociaciones de ese tipo". 

Choe culpó a los representantes estadounidenses de la ruptura de las conversaciones en Hanói y los acusó de estar "demasiado ocupados tratando de cumplir sus propios objetivos políticos" y de no tener "verdadero interés en lograr un resultado (positivo)", según recoge la delegación de la agencia rusa Tass en Pyongyang.

Choe, que asistió a las conversaciones del 27 y 28 de febrero en Hanói, dijo que Kim estaba desconcertado por lo que consideró una posición de negociación "excéntrica" de Estados Unidos.

Señaló que aunque Trump parecía más dispuesto a hablar, se creó una atmósfera de hostilidad y desconfianza por las demandas inflexibles del secretario de Estado Mike Pompeo y del asesor de Seguridad Nacional John Bolton. Dijo que las declaraciones de los principales asesores de Trump desde la cumbre han empeorado aún más el clima.

La propia Choe y el canciller norcoreano, Ri Yong-ho, ofrecieron una rueda de prensa en Hanói tras la cumbre en la que contradijeron a Trump con respecto a las exigencias planteadas por Pyongyang en la mesa de negociación. 

Ambos negaron que Corea del Norte pidiera el levantamiento de todas las sanciones y aseguraron que solicitaron que se dejarán de aplicar aquellas que afectan solamente a la actividad económica de sus ciudadanos. 

Aun sin llegar a ningún acuerdo, Choe Son-Hui dijo que las relaciones personales entre los dos líderes siguen siendo buenas y que "la química es misteriosamente maravillosa".

Dijo, además, que era una decisión totalmente en manos de Kim continuar con la moratoria de lanzamiento y pruebas, y dijo esperar que él "aclare su posición" en un período corto de tiempo.

Las palabras de Choe suponen la primera insinuación del régimen hacia una posible ruptura del diálogo tras la malograda cumbre.

A esto se suma el que la semana pasada imágenes por satélite captaron actividad en las instalaciones de misiles norcoreanas y en una base de lanzamiento de satélites.

El lanzamiento de un satélite a bordo de un cohete espacial constituiría una prueba de armas (algo que Pyongyang lleva sin hacer desde noviembre de 2017) a ojos de la comunidad internacional, dado que supondría el empleo de tecnología similar a la de un misil intercontinental.

Al ser preguntada por esta posibilidad, Choe respondió que la decisión de poner fin a la moratoria sobre las pruebas de armas corresponde a Kim Jong-un, y que éste se pronunciará pronto al respecto.

Por su parte, el Seúl emitió un escueto comunicado en el que dijo que no puede juzgar "la actual situación tan solo atendiendo" a las declaraciones de Choe y que "bajo cualquier circunstancia, el gobierno (surcoreano) trabajará para el reinicio de las negociaciones Corea del Norte-EE.UU.".

Seúl ha jugado un papel de mediación clave para lograr que Pyongyang y Washington se hayan sentado a dialogar a partir del acercamiento que ambas Coreas, técnicamente aún en guerra, han impulsado desde principio de 2018. 

No obstante, el Ministerio de Unificación surcoreano indicó que las reuniones intercoreanas de los viernes en la oficina de enlace abierta en la frontera el pasado septiembre llevan sin producirse tres semanas, desde el pasado 22 de febrero.

El que estos encuentros regulares entre ambas Coreas lleven sin celebrarse desde el cierre de la fracasada cita de Hanói, que concluyó el pasado 28 de febrero, podría indicar una creciente falta de voluntad para impulsar el diálogo por parte de Pyongyang o ser parte de una táctica para generar presión sobre Seúl y Washington antes de retornar a la mesa de negociación.


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