Una foto de la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente estadounidense, Donald Trump, así como otros líderes mundiales participantes de la tensa cumbre del G7 (semisquare-x3)
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de EE.UU., Donald Trump, junto a otros líderes mundiales participantes de la cumbre del G7, en Canadá. (Gobierno de Alemania vía AP)

El triunfo de Donald Trump el 8 de noviembre del 2016 inició una nueva relación entre la canciller alemana, Angela Merkel, y los Estados Unidos.

El ascenso de Trump al poder pareció tomar por sorpresa a Merkel, quien imaginaba una interlocutora, Hillary Clinton, en la Casa Blanca, algo que no llegó a cumplirse.

La relación entre la canciller y Trump comenzó inevitablemente con el pie izquierdo. El rechazo a los acuerdos de París por parte del presidente estadounidense significó el primer distanciamiento entre la jefa alemana y su par norteamericano. 

Fue tal el enojo de Merkel en aquel momento que le pidió a los ciudadanos europeos que no se dejaran chantajear por Trump y tomaran las riendas de su propio destino. 

Sin embargo, fue el mismo Trump quien en el mes de julio, durante la cumbre de jefes de estado de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), dijo no tener ningún problema con Merkel. "Tenemos una muy, muy buena relación con la canciller", dijo Trump tras el encuentro, mientras que Merkel apuntó que Alemania y Estados Unidos son "buenos socios".

El presidente estadounidense indicó a los periodistas, no obstante, que "estamos teniendo una gran reunión" y que Estados Unidos tiene una relación "tremenda" con Alemania.

Por su parte, Merkel señaló que debatieron asuntos relacionados con la inmigración y el futuro de las relaciones comerciales, y recalcó que "somos buenos socios y queremos seguir cooperando en el futuro".

A pesar de la forzada buena voluntad entre ambos líderes, el plano energético siempre causó interferencias entre ambas administraciones. Trump consideró "muy triste" que Alemania llegue a un acuerdo "masivo" de gas y petróleo con Rusia, mientras "se supone" que Estados Unidos debe proteger a sus aliados frente a Moscú.

Por su parte, Merkel le respondió que su país es libre e independiente y decide sin injerencias externas su política.

"Yo he vivido personalmente que una parte de Alemania fuera controlada por la Unión Soviética. Y estoy muy agradecida de que ahora estemos unidos en libertad en la República Federal. Por eso podemos decir que hacemos nuestra propia política independiente y tomamos independientemente nuestras decisiones", dijo.

Una imagen que vale mil palabras

El junte, en junio pasado en Canadá, de los líderes de los países más industrializados del mundo, también conocidos como G7, fue, a pesar de que Merkel calificó a la "reunión espontánea entre dos sesiones de trabajo", un compendio de símbolos y gestos marcados por los enfrentamientos.

En aquel momento, se popularizó una foto que resumió la verdadera realidad que se vivía durante ese encuentro entre los más importantes mandatarios del mundo. 

Días antes de la cumbre, el presidente norteamericano había anunciado, ante la sorpresa de la Unión Europea, México y Canadá, el aumento del 25% en el arancel alas importaciones de acero de estos países y del 10% sobre las de aluminio. 

El ambiente en esa reunión se espesó demasiado, al punto que Trump decidió abandonarla. Pero antes de la partida del presidente de los EE.UU, una foto de Jesco Denzel, un fotógrafo del gobierno alemán, tomó protagonismo cuando Steffen Seibert, portavoz de la canciller, Angela Merkel, la viralizó.

El registro fotográfico muestra a Trump, con los brazos cruzados y los ojos deslumbrantes, sentado mientras que a su alrededor está un grupo de líderes mundiales y sus asesores.

Merkel, en el centro de la escena, está con sus dos brazos apoyados en una mesa con una actitud desafiante. Por su parte, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, se encuentra parado a su izquierda, con los brazos cruzados y una expresión de resignación en su rostro.

El presidente francés, Emmanuel Macron, está al lado de Merkel, parcialmente oculto, con la primera ministra británica, Theresa May, aún más oculta a su derecha.

La fotografía, que no paso desapercibida, es para muchos analista políticos una muy particular forma de llevar adelante la actividad diplomática, totalmente distanciada de las sonrisas o apretones de mano.

A pesar de los inconvenientes que han mantenido ambos líderes por trabar una relación normal, en agosto de este año intentaron un acercamiento, lo que provocó que el presidente Trump, y la canciller alemana, Angela Merkel, coincidieran en la necesidad de mejorar las relaciones comerciales entre EE.UU. y la Unión Europea (UE), después de la escalada de tensión de los últimos meses.

"Ambos apoyaron firmemente las discusiones en curso entre Washington y Bruselas para eliminar las barreras para conseguir una relación comercial más profunda", apuntó la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, en un comunicado.


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