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Rodrigo Duterte obliga a una trabajadora filipina a besarlo en la boca, durante un acto en Seúl, Corea del Sur. (AP)

El beso en los labios que el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, insistió en dar a una ciudadana durante un acto público es la chispa que encendió el último movimiento feminista en esta nación conservadora.

#BabaeAko o "yo soy mujer", en español, fue concebido por más de una docena de mujeres procedentes de un amplio rango de sectores con el objetivo de hacer frente a las declaraciones discriminatorias vertidas por el presidente.

"Duterte lleva dos años atacando a las mujeres con sus maneras autoritarias (...) Más allá del obvio sexismo, lo que olemos es miedo derivado de su incapacidad de intimidar a las mujeres en su intento por protegerse a sí mismo y su gobierno a la hora de rendir cuentas", declara Inday Espina, una de las fundadoras del movimiento 

Desde que asumió la presidencia, Duterte ha instado a militares a "disparar en las vaginas" de las guerrilleras comunistas, bromeado sobre la violación de una monja australiana o considerado que las mujeres "no son íntegras" para algunos puestos de la Administración, entre otras polémicas e insultos.

El mandatario, que liquidó la polémica sobre el beso al considerarla como parte del "espectáculo" y su manera de hacer política, aseguró el pasado miércoles que dejaría el poder si "suficientes" mujeres se lo piden.

"Vamos a propagar nuestro mensaje a lo largo del país e ir trabajando día a día", señala Espina, quien también lleva adelante una fuerte actividad en las redes sociales, al calificar de "mentira" la oferta presidencial.

#BabaeAko, además de rebelarse contra "la misoginia oficial, con Duterte como máximo exponente", denuncia el sufrimiento de las mujeres como víctimas indirectas de la brutal campaña antidroga -con miles de asesinatos- y la persecución de aquellas que trabajan en favor de los derechos y la paz.

Filipinas, país de mayoría católica que no contempla entre sus leyes el divorcio y el aborto entre otras medidas, sufre altas tasas de violencia contra las mujeres en el seno familiar, abusos sexuales y violaciones, según varios informes oficiales.

Aunque otros movimientos globales en favor de la mujer (como #MeToo) tuvieron una pequeña repercusión en el archipiélago, #BabaeAko ha sumado en pocas semanas un importante apoyo público en su campaña contra "la misoginia y el sexismo" en la nación.

"El polémico beso ayudó a alimentar la indignación. La imagen del hombre más poderoso del país usando su estatus para disfrutar de su infame lascivia fue demasiado, incluso para sus seguidores", asegura Espina. 

A pesar de que Duterte sigue manteniendo un alto nivel de popularidad entre los filipinos, según las encuestas, muchos "están despertando frente a la realidad de un hombre vil que busca devolvernos a la situación de género del jurásico".

La activista incide en que el presidente envía a la sociedad un mensaje de "impunidad" con sus declaraciones sexistas, apoyado por los instrumentos del aparato del Estado.

Desde que en junio de 2016 Duterte ascendiera al poder, al menos 17 mujeres activistas han sido asesinadas, enemigas políticas del mandatario han sido encarceladas y el clima de violencia contra las defensoras de derechos se ha incrementado.

"Queremos cambios amplios y permanentes, pero sabemos que esto no sucederá de la noche a la mañana", sentencia la activista. 


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