La Policía de Hong Kong y los manifestantes más radicales volvieron a enfrentarse esta madrugada en la ciudad semiautónoma. (EFE / EPA / FAZRY ISMAIL)

El Ejército chino podría intervenir en Hong Kong si la violencia en las manifestaciones prodemocracia se agrava, advirtió este martes la líder local Carrie Lam, pero reiteró que el gobierno aún espera resolver la crisis sin ayuda externa.

Lam exhortó a los críticos extranjeros a aceptar la realidad de que las protestas iniciadas hace cuatro meses, caracterizadas por un marcado incremento en la violencia, ya no son “un movimiento pacífico por la democracia”.

La constitución de Hong Kong permite pedir la intervención de China, señaló, aunque declinó revelar en qué circunstancias podría hacerlo.

Aún creo firmemente que debemos encontrar soluciones por nosotros mismos, pero si la situación se pone muy mal, entonces no podrá descartarse ninguna opción si queremos que Hong Kong tenga, al menos, otra oportunidad”, afirmó en una conferencia de prensa.

Las protestas comenzaron en junio por una propuesta de ley ya abandonada que habría permitido enviar a algunos sospechosos de delitos a la China continental para juzgarlos allí. Pero desde entonces se han convertido en un movimiento más amplio contra el gobierno.

Los manifestantes afirman que la ley es un ejemplo de la creciente influencia de Beijing en la excolonia británica, a la que se prometió una autonomía considerable cuando fue devuelta a control chino en 1997.

Los disturbios han hundido el turismo y afectado a los negocios en el núcleo financiero global, golpeando aún más la economía de la ciudad, que ya lidiaba con los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó el lunes al presidente de China, Xi Jinping, a asegurarse de una “solución humana” en Hong Kong. Advirtió que cualquier “mal” resultado podría afectar a las negociaciones comerciales, que se reanudan en Washington el jueves.

En tanto, la Justicia de Hong Kong ha iniciado el proceso contra un universitario de 18 años y una mujer de 38 por violar la controvertida ley antimáscara, que entró en vigor el pasado sábado.

Fue precisamente en la madrugada local del sábado cuando los dos primeros acusados por no acatar esa norma fueron detenidos, informó este lunes la radiotelevisión hongkonesa RTHK.

Además, fueron acusados de reunión ilegal, aunque han sido puestos en libertad bajo fianza, a la espera de la próxima vista del juicio, prevista para el próximo 18 de noviembre, para afrontar unos cargos que podrían acarrearles penas de hasta un año de cárcel, en el primer caso, y hasta 5, en el segundo.

Por el momento, los acusados tendrán que cumplir una orden de confinamiento y no podrán salir de territorio hongkonés.

La ley, que busca facilitar a la Policía la identificación de los manifestantes, no ha tenido por el momento el efecto deseado, y este fin de semana se han repetido enfrentamientos entre sectores radicales y los agentes.

De hecho, este lunes se produjeron de nuevo encontronazos con la Policía, que disparó gases lacrimógenos y llevó a cabo un número indeterminado de detenciones entre los manifestantes, algunos de los cuales cortaron las calles con barricadas y vandalizaron varias estaciones de metro.

Sin embargo, la prohibición del uso de máscaras para cubrirse la cara (uno de los complementos de los manifestantes prodemocráticos, que acostumbran también a vestir de negro) preocupa menos que la invocación de regulaciones de emergencia, creadas en 1922, y usadas por última vez en 1967, cuando Hong Kong era parte del Reino Unido.


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