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El papa Francisco saluda a los feligreses antes de la celebración de la misa en la sala Palexpo, en Ginebra, Suiza. (EFE)

Ginebra - Cerca de 40,000 personas acudieron este jueves a la misa que ofició el papa Francisco en Ginebra y en la que hubo una notoria presencia de fieles españoles y latinoamericanos que se trasladaron para esta ocasión desde diferentes ciudades de Suiza y de la vecina Francia.

Las banderas de España, Portugal, Colombia, Argentina, Brasil y Perú, entre otras, ondeaban en el centro de convenciones donde se celebró la misa y adonde el Papa llegó media hora antes de la hora fijada para su inicio, siendo recibido con una gran ovación.

El Pontífice argentino entró en el recinto en su papamóvil descubierto y recorrió todos los pasillos saludando a los asistentes, la mayoría de los cuales tuvieron la posibilidad de verlo a poca distancia.

Los fieles respondieron a este gesto con ovaciones, aplausos y tendiéndole la mano.

El Papa detuvo varias veces su vehículo para dar la mano a los asistentes, así como bendecir y besar la cabeza de los niños que sus padres le presentaban.

"Es una emoción muy grande, cuando supimos que estábamos invitados a esta misa no nos lo pensamos. Somos 120 personas que hemos venido de Zúrich para asistir a esta misa", dijo a Efe la secretaria de la misión católica en lengua española de Zúrich, Mayte Leiton.

"Es un momento muy gratificante, estamos deseosos de ver al Santo Padre", agregó.

También residente en esa ciudad, ubicada en el extremo opuesto de Suiza con respecto a Ginebra, la colombiana Martha Machado aseguró: "He esperado esto toda mi vida. Tener al papa aquí me hace sentir como en casa".

De Argentina, Marta Laura Szwec y su hijo Valentín, de 17 años y que vestía una camiseta de fútbol albiceleste, expresaron su orgullo y emoción por la oportunidad que tenían de asistir a una misa oficiada por el papa argentino, el primero de Latinoamérica.

La multitud que asistió a la homilía la integraban también grupos de católicos de los más diversos orígenes, algunos de los más numerosos compuestos por comunidades latinoamericanas, así como por filipinos, italianos y de países africanos.

La misa se desarrolló en distintos idiomas, reflejo de la ciudad multicultural que es Ginebra, donde el 40% de la población es de origen extranjero y conviven comunidades de todos los continentes.

Así, la misa se celebró principalmente en francés y latín, con el sermón del papa en italiano y las lecturas y oraciones universales en un total de siete idiomas, todo con subtítulos en francés en las pantallas gigantes instaladas en el recinto.

En primera fila del evento estaban varios miembros del Gobierno federal suizo, así como representantes de la amplia comunidad diplomática constituida en torno a la sede europea de la ONU, que se encuentra en Ginebra.

En su discurso, el papa Francisco pidió elegir "a las personas antes que a las cosas, para que surjan relaciones personales, no virtuales", en referencia a la omnipresencia de las tecnologías en la vida cotidiana.

"La vida se ha vuelto muy complicada. Diría que hoy para muchos está como 'drogada'. Se corre de la mañana a la tarde, entre miles de llamadas y mensajes", continuó.

El papa mencionó que en el Evangelio de hoy "padre" aparecía como una palabra clave, que renueva "las raíces que nos dan origen" y que son tan necesarias "en sociedades a menudo desarraigadas".

"Cuando está el Padre, nadie está excluido; el miedo y la incertidumbre no triunfan", aseguró ante la feligresía.

En otro pasaje de su sermón, el papa pidió no ser indiferentes "hacia ningún hermano: ni hacia el niño que todavía no ha nacido, ni hacia el anciano que ya no habla, como tampoco hacia el conocido que no logramos perdonar o hacia el pobre descartado".

El Papa agradeció al Vicariato de Ginebra, Lausana y Friburgo, que organizó esta misa, y le pidió que continúe en el sendero del ecumenismo, la misión principal que lo trajo a Ginebra.

Durante el día, el Pontífice participó en reuniones y homilías en torno al 70º aniversario de la creación del Consejo Mundial de las Iglesias, que congrega a 350 denominaciones cristianas de más de cien países y que engloba al mayor movimiento ecuménico a nivel mundial.

La misa terminó con un pequeño incidente que no pasó a mayores, cuando el Papa, tras dar a los asistentes la bendición final, se aprestaba a retirarse del estrado, pero tropezó y fue sostenido por uno de sus asistentes, lo que evitó lo que hubiese podido ser una caída.



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