El pueblo de Petruro Irpino, ubicado en el sur de Italia, cobró nueva vida gracias a la llegada de un grupo de 20 refugiados. (horizontal-x3)
El pueblo de Petruro Irpino, ubicado en el sur de Italia, cobró nueva vida gracias a la llegada de un grupo de 20 refugiados. (Archivo / La Nación)

Detrás de la crisis de migrantes y la nueva línea de cierre total adoptada por el gobierno populista italiano que tanto ha dividido a la Unión Europea, también hay otra realidad. Como la que vive Petruro Irpino, uno de los cientos de miles de pueblitos de Italia destinados a desaparecer debido al éxodo de sus habitantes, que renació gracias a un grupo de 20 refugiados.

Ubicado en una zona agreste en provincia de Avellino (sur de Italia, en la región Campania), Petruro Irpino es el tercer pueblito más pequeño de Italia. En la década de 1960 contaba con 1,200 habitantes, hoy, tan sólo con 220. Bajo riesgo de desaparecer vista la dramática baja demográfica, el alcalde de esta localidad que solía vivir de la agricultura y de una mina de azufre cerrada hace años, en 2016 decidió poner en marcha un programa para revertir las cosas y salvar su pueblo.

Para repoblarlo, apostó a la solidaridad y le abrió las puertas a refugiados que están esperando asilo y se benefician con los llamados fondos Sprar (Sistema de Protección para solicitantes de asilo). Y con la ayuda de Cáritas creó también una cooperativa que no sólo le da formación a los refugiados recién llegados, sino que también le da trabajo a locales para intentar frenar el éxodo.

Ubicado en la provincia de Avellino -sur de Italia, en la región Campania-, Petruro Irpino es el tercer pueblito más pequeño de Italia (Archivo / La Nación)

El experimento funciona. En un año y medio, la población de Petruro Irpino ha crecido en un 10% gracias a familias provenientes de Ghana, Afganistan, Nigeria y El Salvador. En un pueblo a punto de morir, donde sólo había ancianos, han nacido dos bebes y gracias a 7 chicos migrantes, pronto volverá a abrirse un jardín. Después del cierre de escuelas debido a la falta de alumnos, incluso ha vuelto a circular una guagua que a las 7 en punto de la mañana busca en la plaza principal a 9 chicos para llevarlos a la escuela en Benevento.

"Es verdad que al principio hubo miedo y temor entre la población. Pero hablando con la gente y explicando, todos fueron entendiendo que era la única solución. Hasta mi mamá, de 84 años, me decía que con los extranjeros no íbamos a estar más tranquilos, pero después se dio cuenta que para el pueblo fue la salvación", explica Giuseppe Lombardi, el alcalde que puso en marcha esta revolución. "Para nosotros es una ocasión única, estamos transformando la ayuda a migrantes en una oportunidad de verdadero repoblamiento. Hasta nuestros vecinos, a través de la mediación cultural, han adquirido nuevas profesiones, aprovechando la oportunidad de trabajo que antes de la llegada de los refugiados no había. Una familia afgana y otra nigeriana handecidido quedarse también cuando obtenga el asilo y también hay locales que, hoy, tiene un motivo más para no irse", agrega.

Migración interna

En los últimos seis años, aunque las estadísticas indican que hay mejor calidad de vida y más seguridad, debido a la falta de servicios y de oportunidades de trabajo ha habido un éxodo en miles de pequeños pueblos italianos, que se han vaciado de 75,000 habitantes, según ANCI (Asociación Nacional de Comunas Italianas). Los protagonistas de esta migración interna hacia ciudades son los jóvenes.

Ahora en Petruro Irpino, típico pueblito de viejos, hubo un cambio de tendencia. "Queremos que las familias que hemos recibido se queden y la cooperativa para trabajar tierras entre italianos y migrantes es justamente para eso", explica Marco Milano, responsable del proyecto de integración bautizado "Comunas Welcome".

"Los grandes centros del Sur para recibir a migrantes están en manos de la criminalidad, los sabemos. Nosotros, en cambio, en nuestro programa queremos que nuestros huéspedes se formen, vivan en pequeños grupos y que los chicos vayan al colegio. Y esto da dignidad. Hemos trabajado mucho antes de que los migrantes llegaran para preparar su integración", explica. "Ahora estamos esperando a otras dos familias sirias que llegarán desde Turquía, con cinco niños de 12 a 3 años", agrega con entusiasmo a enviados de un programa televisivo de La Sette.

Más allá del pequeño aunque sensible giro demográfico, en Petruro Irpino también hubo un giro psicológico. "Desde cuando llegaron niños como Victory, nigeriano de tres años que se ha vuelto el benjamín y que nosotros llamamos Vittorio, nosotros los viejos hemos vuelto a sentirnos vivos. Acá antes había sólo silencio y funerales", asegura Ubaldo Mazza, exminero de 80 años.

"Yo perdí a mi padre en la guerra, cuando tenía cinco años y acá había más de 1,000 habitantes y entiendo lo que ha sufrido esta gente", agrega "Zio Ubaldo", que trabaja como voluntario. "Haré todo lo posible para que esta gente no sufra lo que he sufrido. Necesitamos familias, necesitamos que hagan hijos, que vuelvan a darle vida a mi pueblo".


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