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El abuelo paterno de Donald Trump nació en la aldea alemana de Kallstadt. (AP)

Ser el familiar de algún personaje famoso, podría pensarse que sería un orgullo, pero no siempre es así. Tal es el caso de la familia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que vive en Kallstadt, una aldea de Alemania, y lejos de andar pregonando su parentesco, trata lo más posible que no se le relacione con el hombre más poderoso del mundo.

En Kallstadt nadie quiere hablar del mandatario estadounidense, así lo dejaron claro Herbert Trump e Ilse Trump, que se negaron a dar declaraciones al diario estadounidense The New York Times.

La que sí accedió a hablar de su parentesco con el mandatario estadounidense fue Ursula Trump, dueña de una panadería en un poblado cercano a Kallstadt, aunque no muy convencida de ello y lamentando, de alguna forma, esa relación familiar.

"Nadie elige a sus familiares, ¿no?", dijo la mujer al tiempo que colocó las palmas de las manos hacia arriba y suspiro.

Donald Trump es primo en séptimo grado del marido de Ursula, del que no reveló el nombre.

A pesar de que el mandatario estadounidense es el hombre más poderoso del mundo y multimillonario, los habitantes de Kallstadt lo llaman simplemente Donald cuando tienen que hacer referencia de él, para que no vaya a ser confundido con los Trump de la región vitivinícola.

Ahí, entre otros familiares también viven “Beate Trump, podóloga en un poblado vecino, y Justin Trump, un adolescente a quien según sus amigos a veces lo cargan por su cabello medio anaranjado”, destaca NYT.

“Aunque los Weisenborn, los Geissel, los Bender y los Freund de Kallstadt también están emparentados con Trump (Donald)... en realidad, casi la mitad del pueblo es familiar de él", asegura el alcalde de Kallstadt, Thomas Jaworek, quien no dejó  claro, entre risas, sí él lo es.

Fue justamente en Kallstadt donde Friedrich y Elisabeth Trump, abuelos paternos del presidente de EE.UU., se conocieron y se casaron antes de emigrar a la Unión Americana.

De acuerdo al The New York Times, Friedrich trabajó como barbero en La Gran Manzana, antes de que lograra hacerse de una cuantiosa fortuna operando un restaurante, y un burdel.

El diario estadounidense destaca en su publicación que contrario al mandatario, su abuelo sí se sentía orgulloso de pagar impuestos.

Antes de mudarse a Estados Unidos, Friedrich gozaba de popularidad en su aldea, donde los vitivinicultores manejan una cooperativa desde hace 116 años.

"Sus contemporáneos lo describían como un hombre 'educado' que llevaba una vida tranquila y retirada y que tenía un estilo de vida intachable".

Pero ahora los aldeanos no piensan lo mismo de Donald Trump, de quien parece que quisieran borrar todo indicio que su relación con él. Incluso en los carteles de promoción turística no dan cuenta de ello, ya que destacan más su joya gastronómica como lo es el del mondongo de cerdo, o que la iglesia del pueblo cuenta con un órgano que data desde los tiempos del músico Johann Sebastián Bach.

En esa propaganda turística no hay referencia de la casa de los ancestros de Trump, es decir de sus abuelos, y no es por ellos, sino porque no se sienten orgullosos del mandatario estadounidense.

"No usamos el nombre de ninguna forma para fomentar el turismo… es un tema demasiado controvertido", expresó Jörg Dörr, titular de la oficina de turismo, según publica NYT en su artículo.

Sin embargo, eso no es impedimento para que los turistas quieran conocer la vieja casona del abuelo Trump, lo que ha complicado la vida de los dueños actuales, que hasta han pensado en venderla, según declaró  Manuela Müller-Wohler, que es la encargada de una guardería justo en la casa que era de Elisabeth, abuela del mandatario estadounidense.

Manuela asegura estar cansada de que le pregunten por la casa de los Trump. Su molestia llega a tal grado que a los turistas los manda en dirección contraria o bien a la dirección de un vecino que le cae mal.

La mujer confiesa que cuando adquirió la casa desconocía que pertenecía a la familia Trump, al igual que sus vecinos que compraron la del abuelo Friedrich.

Luego de que Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos, la aldea trató de mantenerse al margen del mandatario, pero no pudo lograrlo, al contrario, los ojos del mundo voltearon a ese pequeño pueblo ubicado al suroeste de Alemania, algunos hoteles recibieron amenazas de boicot, los pedidos de los viñedos disminuyeron.

Incluso, otras localidades alemanas le exigió al pueblo fijar su postura ante el triunfo del polémico Donald Trump en Estados Unidos.

Eso fue uno de los factores por los que los pobladores de Kallstadt no quieren saber nada de Trump, ni su familia desea ser relacionada con el polémico presidente de EE.UU.

De acuerdo al alcalde, todos los mandatarios de Estados Unidos han realizado una visita a la base aérea de Ramstein, que sirve de cuartel de las fuerzas estadounidenses en el viejocontinente, y está ubicada a menos de una hora de Kallstadt.

 Y ante ese panorama, previendo una visita de Donald Trump, el alcalde asegura que si eso llega a darse tal vez Kallstadt se quede como pueblo fantasma por unos momentos.

 “Pero si el presidente visita Stallstadt, tal vez sea el único Trump presente”, habría dicho Jaworek.

En ese sentido también se pronunció Ursula Trump.

"Estoy pensando en irme de vacaciones", dijo con humor la prima política del mandatario estadounidense

Y aunque tal vez el mandatario no piense visitar la aldea de sus abuelos, los pobladores tampoco desean su presencia.


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