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Una migrante hondureña deshidratada se sienta en una silla para ser atendida. (AP / Rodrigo Abd)

La plaza principal de Pijijiapan en el estado de Chiapas, el más sureño de México, se transformó rápidamente en un improvisado centro médico con la llegada de los miles de centroamericanos.

La caravana de migrantes centroamericanos que busca llegar a Estados Unidos recorre este viernes el tramo hasta ahora más largo de su marcha, unas 62 millas, pese a la advertencia de Unicef sobre los peligros a los que se exponen los niños que la integran.

Una mujer con una deshidratación severa descansaba conectada a una vía sentada en una silla de plástico junto a un kiosco. Cerca, enfermeros voluntarios tomaban la temperatura y trataban pacientes con tos, entregando medicamentos donados a los migrantes que esperaban en fila.

Dos semanas caminando han afectado a la caravana, que se estima que ahora está compuesta por más de 4,000 personas.

En las primeras cuatro horas el doctor Jesús Miravete trató el jueves a más de 120 personas. Muchos tenían quemaduras en los pies por andar con sandalias de plástico sobre el abrasador asfalto.

“Muchos me dicen: ‘no puedo descansar, tengo que seguir’”, dijo Miravete. “Realmente es muy difícil. Me siento agobiado, sobre todo por la cantidad de niños deshidratados que he visto”.

Pese a ello los migrantes planean la que será su jornada más ambiciosa desde que ingresaron a territorio mexicano: llegar a Arriaga, a unos 100 kilómetros (62 millas) de distancia.

Como muchos lugares de Chiapas, los residentes en Pijijiapan pusieron manos a la obra para ayudar a la marea de migrantes ofreciéndoles alojamiento, comida y atención médica. Otros llegaron con ropa usada y cajas de bocadillos.

La caravana tuvo un recibimiento similar en Mapastepec, un municipio de 45,000 habitantes a unos 48 kilómetros (30 millas) al sur, donde las autoridades locales colocaron carpas alrededor de la plaza principal para ofrecer desde servicios médicos a ropa donada y alimento para bebés. Las iglesias locales ofrecieron duchas gratis y habilitaron puntos de distribución de alimentos.

Son seres humanos. Hay que hacer algo para apoyarlos”, dijo César Cabuqui, que repartió comida y bolsas de agua.

En el estado de Chiapas se encuentran algunas de las comunidades más empobrecidas del país. Sin embargo, los poblados que se ven inundados repentinamente por la caravana se han organizado lo mejor que pueden para ofrecerles refugio, atenciónmédica y donativos. Agradecidos por la hospitalidad, muchos de los migrantes han procurado comportarse de forma respetuosa.

José Reyneri Castellanos, de El Progreso, Honduras, se quedó detrás del resto de la caravana junto a su esposa y sus dos hijos para ayudar a barrer y limpiar, tal como han hecho en cada escala, con la idea de que eso los ayudará a asegurar una recepción cálida durante su trayecto hacia el norte.

“Creo que es importante dejar limpia a la comunidad y la ciudad donde vamos”, declaró Castellanos.

Este tipo de caravanas suelen celebrarse de forma regular, aunque a una escala menor, desde hace años; pero el presidente estadounidense Donald Trump aprovechó el fenómeno este año. El mandatario alertó sobre la inmigración ilegal atacando repetidamente a los demócratas por las “leyes débiles” de migración mientras el país se prepara para las elecciones de mitad de término del 6 de noviembre.

Se espera que el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, firme una orden para enviar 800 o más efectivos a la frontera sur para respaldar a la Patrulla Fronteriza, según un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato porque no se han concluido los detalles del plan.

A la caravana aún le faltan unos 1,600 kilómetros (990 millas) para llegar al cruce fronterizo más cercano en McAllen, Texas, pero el recorrido podría duplicarse si los migrantes se encaminan al paso Tijuana-San Diego, el destino al que llegó una caravana más pequeña a principios de año. En esa ocasión sólo unas 200 personas lograron arribar.

El número de integrantes de este grupo ha comenzado a disminuir. Las autoridades dicen que 1,740 personas solicitaron refugio en México y cientos más han aceptado viajes en autobús para regresar a Honduras. Las enfermedades, el cansancio y el acoso policial también han sido factores en la reducción de la caravana.

Aparentemente las autoridades de migración mexicanas estarían interviniendo más los movimientos de los migrantes en medio del sofocante calor de 32°C. Un taxista en Mapastepec dijo que había visto a agentes de migración obligar a migrantes a salir de taxis en un puesto de control.

Un funcionario de la Comisión de Derechos Humanos de México dijo que los migrantes podían pasar si se encontraban en vehículos que les hubieran ofrecido llevarlos gratuitamente, pero si habían pagado tendrían que bajar debido a las normas de las aseguradorasde los vehículos.

Candy Guillermo, de 37 años, dijo que había escuchado por otras personas en la caravana que Trump pretendía enviar más soldados estadounidenses a la frontera. Esta madre soltera de cuatro hijos dijo estar sorprendida porque el dirigente de un país tan poderoso considere que ella y las familias que viajan con ella son una amenaza.

“Me sorprende porque van niños aquí. Debería ser más humanitario el presidente Trump”, afirmó, enjugándose el sudor de la frente. “Solo queremos dar a nuestros niños un futuro mejor”.


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