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Expertos forenses trabajan en el sitio donde decenas de personas murieron al estallar una toma clandestina de gasolina en Tlahuelilpan (México). (EFE)

Desde Ciudad de México - Un ambiente de desolación y tristeza invade a la comunidad de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, México.

En esa población de unos 19,800 habitantes aproximadamente, la mayoría tiene un familiar, un amigo o un conocido que falleció, se encuentra herido o está desaparecido luego de la terrible explosión del 18 de enero.

Todo inició la tarde de aquel viernes, cuando alrededor de las 02:30 p.m. (hora local) un grupo de militares detectó una fuga en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), que se originó a partir de una toma clandestina utilizada para robar combustible.

Dicha fuga atrajo la atención de alrededor de 80 personas durante los primeros minutos, pero cuando la presión del ducto expulsó el combustible por arriba de los 19 pies de altura, llegaron a la zona entre 600 y 800 personas con contenedores para llenarlos de gasolina.

Tres horas más tarde, alrededor de 60 soldados intentaron alejar a la gente para evitar cualquier riesgo en la zona, pero ante el rechazo de los habitantes para ser retirados, se limitaron a vigilar.

Para las 04:20 p.m., es decir cuatro horas después de haberse detectado la toma clandestina, Pemex cerró las válvulas del ducto afectado y suspendió el bombeo de combustible, pero lo peor estaba por venir.

Una explosión reportada a las 06:52 p.m. cambió el panorama y, Tlahuelilpan, la comunidad que quizá nunca había sido noticia, atrajo la atención mundial.

En medio de las llamas la gente corría, muchos de ellos con la ropa total o parcialmente desintegrada a causa del fuego. Los gritos de las personas buscando por sus familiares se escuchaban por todos lados, y se interrumpían por el ruido de los primeros cerros de bomberos y ambulancias que comenzaban a llegar.

El accidente, con un saldo hasta ahora de 94 muertos, 50 heridos, y más de 60 personas desaparecidas, movilizó a autoridades del gobierno, cuerpos de emergencia y medios de comunicación.

Varios heridos fueron trasladados en helicóptero a los hospitales más cercanos, mientras los bomberos intentaban apagar el fuego, el cual fue controlado hasta alrededor de las 11:45 horas de la noche.

La incertidumbre se apoderó del lugar, que más bien parecía una zona de guerra con varios cuerpos totalmente calcinados alrededor.

Comenzaron a surgir las primeras versiones sobre lo que ocurrió, así como las primeras conferencias de prensa.

Fue el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, quien señaló que, como primera hipótesis, el ducto de Pemex que explotó estaba cargado con gasolina de gran octanaje y el movimiento de las personas en la zona, así como el uso de ropa de materiales sintéticos pudo haber provocado la explosión.

Lo cierto es que todavía hay muchas preguntas sin respuesta sobre lo que ocurrió en Tlahuelilpan, una comunidad que quedó marcada por la tragedia el 18 de enero.

Por su parte, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, agradeció la solidaridad y apoyo de los gobiernos del mundo tras la tragedia en Tlahuelilpan, y reiteró que seguirá combatiendo el robo de combustible para acabar con la corrupción en este sector. 

El mandatario reconoció además que "es una práctica establecida, me duele decir que esto se daba con frecuencia, desde hace al menos cinco años a la fecha, por ello tenían recipientes, pero no se puede culpar a la gente por la situación que la empuja a ello".

Con información de Roberto Bustamante


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