Este enfermero tetrapléjico pudo fallecer tras once años en estado vegetativo y luego de que su familia libró una dura batalla judicial.

Un hombre que estuvo 11 años en estado vegetativo y que se encontraba en el centro de una enconada disputa que dividió a su familia y a los tribunales franceses, y provocó una búsqueda de conciencia a nivel nacional en torno a cómo tratar a los pacientes con enfermedades terminales, falleció el jueves.

Vincent Lambert, de 42 años, murió en un hospital nueve días después que los médicos apagaron los aparatos que lo mantenían con vida y suspendieron su hidratación, poniendo fin a años de disputas legales sobre si mantenerlo con vida.

La suspensión del tratamiento se produjo cuatro días después de que el máximo tribunal de Francia anuló la decisión de un tribunal menor para reanudar la alimentación hasta que Naciones Unidas examinara el caso.

Su sobrino, Francois Lambert, expresó con alivio que “la racionalidad se ha impuesto”.

“Hemos estado listos por años”, comentó su sobrino quien ha fungido como el portavoz para una parte de la familia, incluida la esposa de Lambert, quien sintió que a su ser amado se le debería permitir morir. Los padres de Lambert, católicos tradicionalistas, lucharon incesantemente para mantener a su hijo vivo. Alegaban que Vincent estaba inválido y querían que fuera trasladado a una instalación que tratara discapacidades.

Un accidente automovilístico en 2008 dejó a Lambert en un estado vegetativo que necesitaba alimentación artificial para mantenerlo con vida. Falleció este jueves por la mañana en un hospital de Reims, en el este de París, donde había sido atendido.

El caso ha llamado la atención en Europa.

El Vaticano rápidamente reaccionó y señaló que “nos enteramos con tristeza de la muerte de Vincent Lambert”.

En un comunicado expresó “nuestra cercanía” con “todos aquellos que lo ayudaron con amor y devoción”. Refiriéndose a aquellos que trataron de mantenerlo con vida, el comunicado también citó al papa Francisco cuando habló anteriormente sobre el caso y dijo que “tenemos el deber de siempre proteger” la vida y “no ceder para desechar nuestra cultura”.

En mayo, dos altos funcionarios del Vaticano, el cardenal Kevin Farrell -quien está a cargo del laicado católico- y el funcionario principal de bioética en la Santa Sede, el arzobispo Vincenzo Paglia, emitieron un comunicado en el que dijeron que proporcionar alimento y agua a los enfermos es un “deber ineludible” y “suspender ese tipo de cuidado representa una forma de abandono”.

Los médicos reanudaron e interrumpieron la alimentación artificial en varias ocasiones debido a los fallos de las cortes, que examinaron el caso a petición de los padres de Lambert.


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