Mafia sciciliana (horizontal-x3)
Muchos de los comerciantes son inmigrantes provenientes de Bangladesh y Túnez, que viven desde hace mucho tiempo en Italia. (DW / Ylenia Gostoli)

En 2002 Ruben, originario de Bangladesh, abrió un negocio en la calle Maqueda, una de las calles principales del centro histórico de Palermo (al sur de Italiay una de las más diversas. Allí Ruben se dedica a las transferencias de dinero al extranjero. En esta calle frecuentada por turistas se encuentran los regalos típicos de la ciudad, junto a saris asiáticos (vestido tradicional de la India) o condimentos africanos. Es exactamente allí donde 11 propietarios de negocios, 10 de ellos de Bangladesh y uno tunecino, decidieron hacer frente al grupo mafioso local, que los extorsionaba y asaltaba.

Con el apoyo de "Addio Pizzo" (Adiós extorsión), un grupo local que combate el chantaje, los negociantes hicieron sus denuncias a la Policía. En consecuencia, fueron arrestadas nueve personas en mayo de 2016, acusadas de extorsión, robo, incendio intencionado y asalto, agravado por métodos mafiosos y racismo. Desde entonces, Ruben ya no tiene que mantener cerrada la puerta de su tienda.

"Antes había muchos asaltos a mano armada en la calle o intentos de robo", recuerda Ruben la época en que Emanuele Rubino, también conocido como el "lobo de Ballaro", y su banda aterrorizaban el barrio.

"A veces tenía que pagarles, para poder abrir mi tienda", relata Ruben a Deutsche Welle (DW). Los extorsionadores habitualmente exigen de €40 ($46) a €50 ($58) por semana como "cuota de protección", o pizzo, como se le dice en Italia.

La situación empeoró para Ruben en 2015.

"Desde que intentaron asaltarme a mano armada, empecé a mantener la puerta siempre cerrada. Muchas veces trataron de entrar a mi tienda", cuenta el comerciante y añade que "estaban siempre aquí, un grupo de ocho a diez personas. Pero desde hace dos años empezamos a vivir como en Europa, ya no es más Sicilia", concluye, con cierto humor negro.

El cambio vino en abril de 2016 cuando, después de un altercado, Rubino le disparó a Yusupha Susso, un joven de Gambia, en la cabeza. Como por milagro Susso sobrevivió. Pero el crimen, cometido en pleno día, causó indignación y condujo a una llamada al orden de la Policía.

Rubino fue condenado a 12 años de prisión por el tiroteo.

El multiculturalismo y la mafia

"Es la primera vez que un grupo tan grande de comerciantes extranjeros decide presentar una denuncia colectiva", dice Daniele Marannano, uno de los coordinadores de Addio Pizzo. "Siempre apoyamos los esfuerzos colectivos de denuncia, porque cuánto más personas sean, menores son los riesgos para cada uno."

El barrio de Ballaro había estado históricamente en manos de la Cosa Nostra, la mafia siciliana. Pero la dinámica cambió en las últimas décadas. "El sistema jerárquico de arriba hacia abajo de la Cosa Nostra colapsó hoy en día", opina Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, haciendo referencia al sistema tradicional según el cual los jefes delegan el control de un territorio específico hasta el nivel de barrios.

Según un informe publicado en 2018 por el centro de investigación Transcrime, la mafia siciliana recauda la mitad de lo que gana la Camorra napolitana con sus actividades ilegales. Pero en los últimos años surgieron nuevas organizaciones mafiosas, como el Eje Negro Nigeriano.

Cambio cultural

"Que los comerciantes extranjeros decidieron presentar cargos fue también una especie de reprimenda a los muchos negociantes de Palermo, que siguen pagando hasta hoy la cuota", explica Marannano en conversación con DW. Su asociación asesoró a unas 300 víctimas de extorsión en la ciudad y alrededores.

Uno de los desafíos principales de esta asociación, que comenzó a trabajar en 2004, fue lograr que la gente quebrara el silencio y se atreviera a hablar de la extorsión. Además de asistir a los comerciantes víctimas de extorsión y animarlos a presentar cargos, Addio Pizzo creó una reda de aproximadamente 1,000 negociantes, dispuestos a enfrentar a los mafiosos. Se distinguen por un adhesivo, visible en sus tiendas, con el logotipo de la organización.

"La idea es crear una red de protección", dice Marannano. "Pero hasta que no haya un cambio cultural real, el fenómeno está destinado a regenerarse cíclicamente. Mientras haya un comerciante dispuesto a pagar, siempre habrá alguien pronto a cobrar esa cuota."


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