Los migrantes centroamericanos que viajan en una caravana (semisquare-x3)
Los migrantes centroamericanos que viajan en una caravana a Estados Unidos se dirigen a Pijijiapan, México. (AP / Rodrigo Abd)

El origen de la caravana

El sábado 13 de octubre, miles de hondureños, entre hombres, mujeres y niños, comenzaron una caravana que salió desde San Pedro Sula, ciudad del norte del país, con la idea de llegar a Estados Unidos, incluso a Canadá, por razones de seguridad y la búsqueda de mejores condiciones de vida.

En un principio la caravana no iba a estar compuesta por más de 200 personas, pero en el punto de partida se fueron sumando más gente de todo el país interesados en huir de sus realidades de desesperanza, inseguridad y hambre.

Finalmente, alrededor de mil migrantes portando solo recursos básicos fueron los que iniciaron el camino.

Naciones Unidas estimó a principios de esta semana que en la marcha participaban 7,000 personas. Sin embargo, el gobierno mexicano dijo el miércoles que había “aproximadamente 3,630" personas.

El recibimiento en México no fue el esperado

A su salida de Honduras, la caravana se fue nutriendo con ciudadanos de Honduras, El Salvador y Guatemala. Tras su entrada a territorio mexicano, el secretario de gobernación, Alfonso Navarrete Prida, aseguró que el país veía a esas esas personas como criminales.

La actitud del gobierno federal mexicano también ha sido decisiva para reducir y desgastar a la caravana.

Toda la comida, prendas viejas, agua y medicamentos que se da a los migrantes son donaciones privadas, de grupos religiosos o funcionarios locales que empatizan con ellos.

El ejecutivo mexicano no ha entregado a los migrantes ni una sola comida, baño o botella de agua. Esas consideraciones básicas están reservadas únicamente a quienes solicitaron visas o ser deportados en oficinas de inmigración. Casi 1,700 personas abandonaron la caravana y solicitaron asilo en México, dijeron las autoridades.

Pero en alguna ocasión, la Policía Federal interfirió en la caravana e incluso detuvó a algunas guaguas obligando a los conductores a echar a los migrantes mientras dejaban a los mexicanos a bordo. Con un clima en el que el calor hace casi imposible caminar a mediodía, este tipo de tácticas podría tener consecuencias sobre la salud de los inmigrantes.

Mexico recibió hasta el momento 1,028 solicitudes de refugio por parte de los migrantes, que en su mayoría tienen por objetivo llegar a EE.UU.

El sueño americano está muy lejos

El Pentágono ordenará este jueves el envío de 800 militares al sur del país para ayudar en labores de seguridad fronteriza, una opción que ya defendió el presidente, Donald Trump, la semana pasada cuando amenazó con cerrar militarmente la frontera.

De acuerdo con el canal CNN, que cita fuentes del Pentágono, el propósito de la administración Trump es impedir la entrada de una la caravana de inmigrantes hondureños que en estos momentos se dirige al país.

El mandatario norteamericano ya ordenó el pasadoabril desplegar en la frontera a la Guardia Nacional -un cuerpo de reserva de las Fuerzas Armadas- como respuesta a las noticias sobre otra caravana de migrantes, que en ese caso inició su recorrido en el sur de México.

"No entrarán", sentenció Trump el miércoles en declaraciones a los periodistas desde el Despacho Oval, al ser cuestionado por la caravana de migrantes.

Asimismo alertó que entre los inmigrantes de la caravana hay "criminales y personas desconocidas de Oriente Medio", sin dar más detalles, después de que medios conservadores especularan con la posibilidad de que terroristas del grupo Estado Islámico (EI) se hubieran infiltrado.

El abandono y la desesperanza se apodera de los migrantes

Poco a poco, las enfermedades, el miedo y el acoso policial están afectando la caravana de migrantes que viaja hacia la frontera de Estados Unidos y muchos de los entre 4,000 y 5,000 que acamparon durante la noche bajo toldos de plástico en una ciudad del sur de México se quejaron de agotamiento.

El grupo, en el que viajan muchos niños e incluso bebés, tenía previsto salir de la localidad de Mapastepec (al sur del estado de Chiapas) al amanecer del jueves para recorrer parte de los más de 1,600 kilómetros (1,000 millas) que tienen por delante para intentar llegar a suelo estadounidense.

Una marcha más pequeña a principios de año disminuyó notablemente a su paso por México y solo 200 migrantes llegaron a la frontera en California.

Las maras y la violencia expulsan a los hondureños

San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de Honduras y de donde partió la caravana, ha sido calificada varios años por algunas entidades como la ciudad más peligrosa del mundo. El resto del país no está mejor. Las cifras de homicidios llegaron a 60 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2015, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ahora, aunque esta tasa disminuyó hasta unos 43 por 100,000 habitantes, según la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, muchos hondureños denuncian que ha sido a costa de operativos de mano dura donde han predominado el uso excesivo de la fuerza y serias violaciones a los derechos humanos.

Las maras o pandillas (gangas) controlan territorios donde el Estado está ausente. El crimen organizado opera con impunidad en algunas regiones de la costa del Caribe con ubicaciones ideales para reabastecer, empacar y almacenar drogas, según la ONU, y la impunidad estructural y la corrupción, que ha tocado a muchos gobiernos incluido el actual, han erosionado la confianza en las instituciones públicas.

Los niños y adolescentes se llevan una de las peores partes, y tal vez por eso cada vez son más los que se lanzan a emigrar. Solo en los seis primeros meses de este año fueron retornados a Honduras, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) 4,700 menores, el mismo número que en todo 2017. Además aunque la mayoría comienza la primaria, la mitad deja la escuela a los doce años y solo uno de cada cuatro estudiará secundaria porque la necesidad de encontrar algún trabajo se impone.

Honduras y sus problemas políticos

A partir del golpe de Estado de 2009 que sacó del poder al entonces presidente Manuel Zelaya, la situación política se tensó y la polarización se multiplicó desde las últimas elecciones, en noviembre de 2017, cuando el actual mandatario, Juan Orlando Hernández, fue reelegido en unos comicios plagados de irregularidades y que fueron calificados como fraudulentos por sus opositores.

Las protestas que hubo después de las votaciones fueron reprimidas con “un uso indiscriminado y desproporcionado de la fuerza”, en palabras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). De hecho, algunos hondureños denuncian persecución de todo aquel que no coincide con las posturas oficiales y mencionan éste como uno de sus motivos para emigrar.


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