El país perdió una de sus sedes culturales más antiguas por culpa de un feroz incendio.

Los bomberos consiguieron sofocar el incendio de grandes proporciones que destruyó el Museo Nacional de Río de Janeiro, el más antiguo de Brasil y que alberga unos 20 millones de piezas que datan de diferentes periodos.

Las llamas, que comenzaron la tarde del domingo, consumieron una parte de la historia de Brasil y uno de los acervos más importantes de Latinoamérica, que contaba con el esqueleto de "la primera americana", animales disecados, momias y decenas de huesos de dinosaurios.

Después de seis horas de intenso trabajo, los bomberos consiguieron controlar el fuego la madrugada de este lunes y trabajan para refrigerar el inmueble, ya que aún persisten algunos pequeños focos de incendio en el interior del histórico edificio creado por el rey Juan VI de Portugal en 6 de junio de 1818.

Los técnicos de la Defensa Civil pudieron entrar este lunes al edificio para comprobar si el incendio comprometió la estructura del Museo, que este año llegó a su bicentenario con goteras, infiltraciones, salas vacías y problemas en las instalaciones eléctricas.

Recriminaciones y denuncias tras el incendio que destruyó el Museo

El ministro de Cultura de Brasil, Sérgio Sá Leitao, llegó a afirmar que el incendio es consecuencia de "años de negligencia" en un estado golpeado por la crisis económica y diversos escándalos de corrupción que ha corroído las cuentas públicas de Río de Janeiro.

Varios funcionarios han dicho que se sabía que el edificio estaba en un estado de grave deterioro y que había un riesgo significativo de incendios.

Llorar no resuelve nada”, dijo el director del museo, Alexander Kellner, a la prensa. Se conmovió al mencionar los fondos y el apoyo que dijo que ahora “exigiría” a las autoridades para salvar lo que quedaba de la colección y reconstruir el museo. "Tenemos que actuar".

El museo había sufrido de falta de fondos durante años, cosa que impidió que se hicieran renovaciones y obligó a que algunas exhibiciones fueran cerradas. El diario Folha de Sao Pauloreportó en mayo, mientras el museo se preparaba para celebrar su bicentenario, que el presupuesto anual había disminuido de $130,000 en 2013 a $84,000 el año pasado.

Otra señal de que el museo estaba en aprietos fue, cuando una plaga de termitas ocurrida el año pasado provocó el cierre de una habitación que contenía un esqueleto de dinosaurio de 12 metros (39 pies) de altura. Los funcionarios recurrieron a la financiación colectiva para juntar el dinero y poder reabrir la sala.

La institución acaba de obtener la aprobación de fondos para una renovación, incluida una actualización del sistema de prevención de incendios, indicó Kellner. "Qué ironía, el dinero ya está allí, pero se acabó el tiempo", dijo.

Luiz Fernando Dias Duarte, vicedirector del museo, comentó otra ironía: Dijo que los funcionarios buscaron fondos para una renovación en 2013, al mismo tiempo de que Brasil gastaba millones de dólares para construir estadios para la Copa Mundial de 2014.

“Del dinero gastado en cada uno de esos estadios, un cuarto hubiera sido suficiente para hacer que este museo fuera seguro y resplandeciente”, manifestó a la televisora brasileña. Aseveró que la responsabilidad de la destrucción del museo recae directamente sobre las autoridades federales.

El mismo lunes, el presidente Michel Temer anunció que los bancos públicos y privados, así como el gigante de minería Vale y la petrolera estatal Petrobras, habían acordado ayudar a reconstruir el museo y reconstituir el acervo. El mandatario francés Emmanuel Macron ofreció en un tuit enviar expertos para ayudar.

Roberto Robadey, portavoz del departamento de bomberos, dijo que se tardaron en comenzar a combatir las llamas porque los dos hidrates más cercanos al museo no funcionaban. En cambio, tuvieron que enviar camiones a traer agua de un lago cercano.

Kellner dijo que había extintores en el lugar, pero no estaba claro si había rociadores, ya que son problemáticos para los museos porque el agua puede dañar los objetos.

Duarte indicó que los empleados del museo habían recibido hace poco una capacitación por parte de los bomberos sobre cómo evitar y reaccionar a un incendio en el edificio. Lamentó que ninguno de ellos estaba en el recinto el domingo por la noche para poner dicha capacitación en práctica.

“Era una preocupación constante”, dijo y agregó que él desconectaba todos los aparatos eléctricos de su oficina antes de irse por el riesgo de incendios.

En el enorme sitio donde se encuentra el museo había señales evidentes de deterioro como que la valla estaba en ruinas, las piedras tenían grietas y los jardines parecían descuidados.

“El fuego es lo que los políticos brasileños le hacen a la gente”, dijo Rosana Hollanda, una maestra de secundaria de 35 años, que lloraba en las puertas del museo el lunes. “Están quemando nuestra historia y nuestros sueños”.

Roberto Leher, el rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro  -de la cual forma parte el museo- dijo a los reporteros este lunes que el edificio necesitaba una remodelación en sus sistemas eléctricos y de agua y un nuevo plan de prevención de incendios.

Todos sabíamos que el edificio se encontraba en un estado vulnerable”, señaló y agregó que las autoridades han trabajado con los bomberos para reducir los riesgos.

Cuestionado por un reportero sobre por qué un desastre de este tipo no ocurre en instituciones culturales de otros países, Kellner, el director del museo, respondió: “Pregúntate eso. Es una buena pregunta”.

El país más grande de Latinoamérica ha batallado para salir de su peor recesión en décadas. El estado de Río de Janeiro ha sido de los más afectados en los últimos años debido a la combinación de la caída de los precios mundiales del petróleo -una de sus principales fuentes de ingresos- la mala gestión y la corrupción masiva.


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