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Exterior del Hotel Nacional, en La Habana, Cuba. (horizontal-x3)
Exterior del Hotel Nacional, en La Habana, Cuba. (EFE)

La Habana, Cuba - ¿Qué pasó con la salud de 21 ciudadanos estadounidenses vinculados a la Embajada de Estados Unidos en La Habana? Esa es la pregunta para la que nadie tiene una respuesta concreta, pues todo está empantanado en los terrenos de la especulación y la única conclusión de consenso es, que si algo ocurrió, no se sabe qué fue.

Cuba y Estados Unidos parecen coincidir, aunque desde perspectivas distintas, en que no se sabe a ciencia cierta qué pasó, si es que pasó algo, en el llamado caso de los “ataques sónicos”, un escándalo hecho público a principios del año pasado y que ha sido la principal excusa usada por el gobierno de Donald Trump para poner un detente a la política de acercamiento hacia La Habana iniciada por su predecesor Barack Obama.

Por un lado, los cubanos aseguran que no han encontrado evidencia científica ni policial de que haya ocurrido algún ataque sónico, como afirman los estadounidenses, quienes sostienen, por su parte, que 21 de sus diplomáticos o familiares se enfermaron severamente luego de escuchar sonidos de alta frecuencia que los afectaron en sus residencias o en los hoteles habaneros El Nacional y Capri.

Esta semana la revista digital de la Asociación Médica Americana (AMA) hizo público un reporte preliminar que tituló “Manifestaciones neurológicas entre el personal del Gobierno de Estados Unidos que reportó fenómenos audibles y sensoriales en La Habana, Cuba”, el cual revela importantes datos, pero no responde la pregunta de qué pasó allí, más bien acaba preguntándose lo mismo.

En el artículo de la AMA, firmado por una decena de médicos, encabezados por Douglas H. Smith, del Departamento de Neurocirugía y del Centro para el Daño y la Reparación Cerebral de la Universidad de Pennsylvania, se concluye que síntomas persistentes de problemas cognoscitivos, vestibulares y oculomotores, así como dificultades con el sueño y fuertes dolores de cabeza se manifestaron por meses en cierto personal de la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

Indica el escrito especializado que esos síntomas se asocian a reportes de “fenómenos auditivos y/o sensoriales directos de origen indeterminado. Estos individuos aparentan haber sufrido lesiones cerebrales dispersas sin estar asociadas a algún historial de traumas en la cabeza”.

El reporte, señalado como una comunicación preliminar por la AMA, arroja datos importantes, algunos inéditos y otros hasta ahora conocidos sólo por fuentes periodísticas.

Sostiene que 24 individuos reportaron haber estado expuestos a lo que Estados Unidos califica de un “ataque con arma sónica”. De ellos, 21 desarrollaron un cuadro clínico parecido a las concusiones por golpes, pero sin la misma capacidad de recuperación neurológica hasta tanto recibieron tratamiento.

Los galenos que firman el informe coinciden en que se trata de una “forma nobel” de lesiones neurológicas que no fueron causadas de forma natural, por lo que requiere de investigación detallada.

El escrito se basa en la información recopilada en la Universidad de Pennsylvania, adonde fueron enviados los trabajadores y familiares afectados para evaluación, investigación y tratamiento tras los incidentes, que presuntamente ocurrieron en diversas fechas y lugares entre agosto y noviembre de 2016.

De los 21 individuos afectados, 11 mujeres y 10 mujeres que tenían una edad promedio de 43 años, 18 reportaron haber escuchado un sonido anormal que provocó de inmediato una serie de síntomas físicos. “Los individuos afectados describieron un sonido unidireccional, intenso y con una tonalidad limpia y consistente”, afirma el reporte.

Los científicos llaman el incidente como un “fenómeno direccional” y mantienen que 20 de los 21 afectados reportaron síntomas neurológicos al momento, tales como dolor de cabeza, dolor en un oído o problemas de audición. Uno de ellos sostuvo que despertó sintiendo los mismos problemas y la mayoría indicó que dejó de escuchar el sonido tan pronto se movieron de posición física en el lugar en que estaban.

Los estadounidenses indicaron que los síntomas se extendieron hasta por tres meses y que la magnitud de los daños varía desde leve hasta severa, con casos de personas que será difícil que puedan volver a trabajar en circunstancias normales.

Afirma que varios de los impactados presentan dificultades para concretar tareas múltiples, procesar información de manera rápida, tomar decisiones rápidas o capacidad para resolver problemas.

El análisis mantiene que, si bien no están totalmente descartadas, es poco probable que lo ocurrido con estas personas esté vinculado a algún virus o sustancia química.

“No fueron identificadas manifestaciones de enfermedades virales, como fiebre. Es poco probable que un agente químico haya causado las manifestaciones neurológicas sin el involucramiento de algún órgano”, escribieron los científicos.  

El reporte cita varias dificultades para poder establecer teorías definitivas, pues “algunos pacientes de levantaron por los sonidos y no están seguros de en qué momento inició el evento. El más corto reportó dos pulsaciones en menos de 10 segundos, mientrasotros pacientes reportaron que percibieron un sonido constante por más de 30 minutos. Debido a preocupaciones de seguridad, detalles adicionales sobre el potencial de la intensidad de los sonidos no fue provista”.

Agrega que el estudio realizado por la AMA enfrentó severas limitaciones, pues detalles que típicamente se incluyen en los reportes no fueron emitidos, como importantes datos demográficos.

Sostiene que la primera evaluación de la mayoría de los pacientes fue realizada en diversos lugares, por lo que no hay consistencia en los exámenes que se realizaron y la información en los archivos médicos.

Explica que la caracterización neurológica estaba incompleta al momento de la publicación y que los casos registrados en La Habana no necesariamente reflejan un universo de la población expuesta, por lo que deberían existir en Cuba o fuera de aquí casos similares con los mismos síntomas que podrían no haber sido descubiertos.

“El número presente de individuos que han estado expuestos es desconocido y la ‘dosis’ de exposición necesaria para causar estos certeros y crónicos síntomas no es clara”, puntualizan los galenos estadounidenses, quienes tuvieron que firmar un acuerdo legal de no divulgación de información sensitiva con el gobierno estadounidense para poder hacer público el estudio.

El gobierno cubano ha sido enfático en ese punto y un grupo de especialistas del Ministerio del Interior, así como científicos del más alto nivel en Cuba, buscaron ciudadanos con síntomas parecidos a los reportados por Estados Unidos, pero afirman que no los encontraron, ni entre los empleados de los hoteles, ni entre los vecinos de los afectados.

Los expertos cubanos aseguran que sus investigaciones han concluido que un ataque sónico no es posible y no es responsable de lo que presuntamente les ocurrió a los estadounidenses, por lo que han solicitado a Estados Unidos acceso a la documentación médica para hacer sus propios análisis, lo cual no ha sido concretado, aunque sí ha habido intercambios con el FBI para tratar el tema, pues Cuba niega cualquier participación en un evento de esta índole.

La clave a todo este entuerto la podría tener Canadá, que ha reportado que varios de sus nacionales sufrieron síntomas parecidos, pero no ha tomado iniciativa alguna de manera pública para arrojar luz.

Estados Unidos sostiene que algo pasó, aunque no sabe qué, mientras Cuba dice que, si algo pasó, no fueron ellos y tampoco saben cómo ocurrió.

Lo que sí es que todo este enredo sigue dañando las relaciones bilaterales. A raíz del informe de la AMA, la Embajada de Estados Unidos en Cuba colgó un aviso a los viajeros estadounidenses que vayan a la isla.

La Advertencia de Viaje a Cuba del Departamento de Estado indica que numerosos empleados del gobierno estadounidense parecen haber sido objeto de ataques específicos y que muchos de dichos empleados han sufrido lesiones como consecuencia de estos ataques.

“El 14 de febrero de 2018 la Revista de la Asociación Médica Estadounidense publicó un artículo escrito por personal médico independiente que participó en la evaluación y tratamiento de estas lesiones. Acciones a tomar: Hable con un médico sobre el artículo de JAMA si tiene preocupaciones antes de viajar; consulte con un médico si le preocupan los síntomas que haya experimentado ya sea, durante o después de su visita a Cuba”, publicó el organismo en su sitio digital.

El Departamento de Estado también alertó a los viajeros a que tenga cuidado a la hora de usar las instalaciones de los hoteles El Nacional y Capri, cuyas administraciones han negado que sus hospederías hayan sido utilizadas para causar algún tipo de daño físico a cualquier huésped.

El tema sigue siendo usado por el gobierno estadounidense para sostener su estrategia de cortar el flujo de visitantes de Estados Unidos a Cuba, el cual el año pasado rompió los récords en un 300 por ciento.

“Nuestra Embajada emitió una alerta de salud que advierte a nuestros ciudadanos de que el informe de la AMA existe, el cual no sólo provee información a nuestro personal, sino que puede informar al público en general que todavía tenga la intención de escoger a Cuba como su destino de viaje”, sostuvo la vocera del Departamento de Estado estadounidense, Heather Nauert.

¿Qué pasó aquí? Esa, todavía, sigue siendo la pregunta a más de un año de que este escándalo se hiciera público.


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