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Zuma se ha caracterizado por mantener un estilo particular, que para muchos, suele dejar en vergüenza a la nación africana (AP/Nic Bothma).

Desde que asumió la presidencia de Sudáfrica en 2009, Jacob Zuma logró sobrevivir a una serie de acusaciones de corrupción; fue absuelto de una denuncia de violación, y a pesar de las críticas, salió airoso tras ignorar la matanza de decenas de mineros que se manifestaban por un mejor empleo. Sin embargo, esta vez los escándalos parecen haberle pasado la cuenta. 

Después de mantener una reunión de 13 horas, los líderes del comité ejecutivo del Congreso Nacional Africano (ANC, por su sigla en inglés) decidieron "retirar" o destituir a Zuma, de 75 años, de la jefatura de Estado y no dejar que termine su mandato que finaliza en 2019.

Y es que Zuma se ha caracterizado por mantener un estilo particular, que para muchos, suele dejar en vergüenza a la nación africana. 

En los actos públicos baila y entona cantos de lucha contra el apartheid, y cuando acude a los juicios en su contra, aparece vestido con pieles de leopardo, taparrabos, lanza y escudo, característicos del atuendo zulú - etnia a la que pertenece- para desafiar a sus enemigos. Su canción preferida es el Umshini wami que significa "Tráiganme mi ametralladora". 

Su ascenso 

Siendo el primogénito de los cinco hijos que tuvo su madre, tenía tres años cuando su padre murió. Desde pequeño tuvo que ayudar con las finanzas de su hogar, lo que lo obligó a apartarse de los estudios a muy temprana edad y a dedicarse al cuidado de ganado en Nkandla, poblado zulú de la provincia de KwaZulu-Natal. 

De joven se afilió al ANC, el partido de Nelson Mandela, y se alistó en el Umkhoto we Sizwe (Lanza de la nación), el brazo armado de la colectividad. Ello le costaría pasar 10 años en la cárcel de Robben Island junto a Mandela y otros militantes. Tras años en el exilio, Zuma comenzó su ascenso político en 1990, cuando retornó al país y comenzó a escalar en el ANC. 

A pesar de no contar con ningún tipo de estudio, en nueve años llegó a convertirse en vicepresidente del país; en 2007 se posicionó como líder del partido, y en 2009 logró adjudicarse la presidencia. Ese escenario se repetiría en 2014, cuando fue reelecto a pesar de los escándalos. 

Polémicas y acusaciones 

Su popularidad lo hacía casi intocable y comenzó una vida llena lujos, pero marcada por las polémicas. Una de ellas tiene que ver su práctica de la poligamia, estilo de vida que lleva con orgullo. 

Se ha casado seis veces y según The Daily Telegraph tiene 22 hijos. Esta situación ha ocasionado una serie de protestas por la gran cantidad de recursos estatales destinados mantener a la familia, aún más con los niveles de pobreza que experimenta el país.

En 2006 fue acusado de violación por la hija de un viejo amigo. El caso alcanzó aún más notoriedad cuando se supo que la joven tenía sida y que las relaciones sexuales habían ocurrido sin protección. Ante ello, Zuma, en una de sus frases más desafortunadas, dijo que estaba tranquilo y que no temía tener VIH, ya que para no contagiarse se había duchado luego del coito.

Pero la polémica no se quedó allí. Para argumentar a su favor, aseguró que no hubo abuso sexual ya que la joven llevaba puesto un khanga (vestido local). Ello, según dijo, en la cultura zulú significa que lo estaba seduciendo y que él tenía derecho a consumar. Añadió que él mantenía múltiples relaciones extramaritales y que si sus "novias" quedaban embarazadas, él pagaba indemnizaciones a los padres. 

Finalmente fue absuelto debido a que se puso en duda el testimonio de la joven. Zuma también zafó de ser condenado por haber recibido sobornos a cambio de evitar que se concretara una investigación a miembros del gobierno por un acuerdo para importar armas al país. Este caso está entre los más de 700 cargos por corrupción, lavado de dinero, fraude y crimen organizado que se le imputaron a Zuma en 2007, que posteriormente serían retirados. 

De todas formas, las denuncias en su contra no se detuvieron. En 2014 se reveló que el presidente había utilizado $18.5 millones de dólares de fondos estatales para reformar uno de sus terrenos, donde construyó un complejo de edificios para albergar a sus esposas e hijos, que además contaba con una clínica, establo, anfiteatro, helipuerto y una piscina.

Él argumentó que se trataba de medidas de seguridad y que la piscina en realidad era un pozo de agua para uso en caso de incendios. Pero la defensora del Pueblo Sudafricano, Thuli Madonsela, le exigió al presidente que devolviera parte del dinero invertido, lo que se concretó finalmente en 2016 por orden judicial. 

Además de todo lo anterior, Zuma también ha sido blanco de críticas por sus dichos homofóbicos. Luego de que Sudáfrica legalizara el matrimonio igualitario tildó la medida de "una desgracia para la nación y para dios". 

Asimismo, fue duramente criticado cuando miró hacia un costado tras la denominada "Masacre de Marikana" de 2012, en la que 34 mineros murieron a manos de la policía mientras protestaban por mejoras laborales y salariales. 

Jacob Zuma no está obligado a obedecer las órdenes de su colectividad, pues la orden emitida durante este martes para que renuncie no es vinculante. Sin embargo, si llegara a negarse, podría ser destituido mediante una moción del Parlamento en los próximos días y así decirle adiós de forma definitiva al liderazgo de Sudáfrica.


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