¿Por qué hubo muertos en Cuba por Irma? (horizontal-x3)
Soldados cubanos limpian escombros cerca de una señal que dice "¡Patria o muerte!", después del paso del huracán Irma, en La Habana, Cuba. (AP)

La Habana, Cuba - El sistema cubano de emergencias provocadas por ciclones ha sido reconocido por años, en gran medida por su capacidad para evitar la pérdida de vidas humanas, una realidad que cambió drásticamente con el paso del huracán Irma, el cual dejó 10 muertes.  

¿Qué pasó esta vez? ¿Ocurrió algo distinto?

En primer lugar, para entender qué pudo hacer ocurrido, es fundamental conocer cómo opera Cuba cuándo hay emergencias.

Una vez se anticipa que una emergencia se aproxima, la Defensa Civil Nacional toma control de la situación y comienza a dirigir el estricto protocolo -al estilo militar- establecido para estos casos, el cual consta de cuatro fases críticas: la Informativa, la de Alerta, la de Alarma y la de Recuperación.

Cuando la Defensa Civil activa su plan de emergencia, dirigentes a nivel nacional, provincial, municipal y de barrio asumen el control del proceso y echan a nadar junto con sus equipos de trabajo toda la logística para lograr el sumo objetivo de todo este operativo: evitar la pérdida de vidas humanas.

El poder de la Defensa Civil es absoluto a todos los niveles, pues puede disponer de cualquier recurso para lograr la preparación de la población, salvaguardar los intereses nacionales y proteger en la medida que sea posible los principales rublos económicos.

Durante la Fase Informativa se activan el Instituto de Meteorología, los medios de comunicación y toda la estructura cívico-militar para informar a la población sobre cuál es la emergencia, cuándo podría ocurrir, cómo impactará y qué medidas se están tomando.  

Durante la Fase de Alerta, se advierte de que una emergencia es altamente probable y se inicia, en los casos de huracanes o eventos climáticos, el proceso de evacuación de las personas de las zonas de peligro, el aseguramiento de las instalaciones públicas, el movimiento de materiales de construcción, el almacenamiento de productos de primera necesidad, entre otros preparativos críticos.

Ese proceso de evacuación, por ejemplo, está previamente diseñado y las personas se dirigen fundamentalmente a dos tipos de lugares: los refugios oficiales, localizados en edificios públicos, o las casas de vecinos o familiares, las cuales deben ser más altas, estar mejor construidas y tener posibilidades de recibir más personas que la familia que las ocupan.

Los evacuados deben irse de sus casas de forma voluntaria, aunque es práctica común que los encargados de la Defensa Civil recurran a métodos de presión y persuasión con aquellos que no quieren irse de sus casas en zonas de peligro. Quedarse en la casa, por lo tanto, no es nada sencillo.

Entonces, con la Fase de Alerta completada, entra en juego la Fase de Alarma, que indica que el impacto de, en este caso, el huracán, es inminente. Ahí se dejan de juegos, sacan a todo el mundo de la calle, quien no se quiere ir es persuadido por una última vez de manera poco amistosa y la zona en Alarma se retira a esperar el embate.

Una vez pasado el fenómeno, se evalúan los daños y se decide si se desactiva el protocolo o se entra en la Fase de Recuperación, la cual arranca otro proceso de planificación y ejecución.

El diario español “Público” señaló que en Cuba han impactado 28 huracanes y tormentas tropicales en lo que va de siglo, con 42 muertos como balance antes de Irma. Los 10 de Irma elevan esa cifra a 52, lo cual implica que este huracán carga con una quinta parte de las muertes registradas en Cuba.

¿Qué pasó está vez, sobre todo después de lograr que el huracán Matthew, que dejó sobre 600 muertos en el Caribe, no lograra fatalidades en su territorio?

Las razones son múltiples.

La primera de ellas es que contrario a Matthew, que rozó el extremo de la punta oriental de la isla, Irma afectó las provincias con costa en el norte, desde Guantánamo hasta Artemisa, y causó serios daños en el mayor foco de población, La Habana, donde se reportaron siete de los 10 muertos.

El segundo punto está en la endeble infraestructura de muchas de las construcciones en la isla. En siete de las 10 muertes estuvieron involucrados desprendimientos.

El Nuevo Día visitó los escenarios de las muertes de los hermanos Roydis Valdés Pérez y Walfrido Antonio Valdés, quienes murieron en el sector de Centro Habana al derrumbarse el techo del edificio donde vivían.

Allí varios de los vecinos, con condición de anonimato, explicaron que los decesos ocurrieron por las pobres condiciones de la vivienda.

“Eso ahí está en candela. Todos estos edificios se están cayendo. El gobierno hace lo que puede, no podemos decir que no, pero esto aquí básicamente hay que reconstruir todos los techos, paredes y algunos cimientos”, sostuvo uno de los vecinos.

“Esos dos hermanos llevaban como 20 años viviendo en ese lugar. Eran grandes personas, estoy muy apenado”, expresó otro de los vecinos a una cuadra del lugar, que estaba resguardado por una investigación policial.

El otro escenario se dio, también en Centro Habana, cuando dos jóvenes de 27 años murieron en un autobús que las trasladaba a un lugar de albergue. El accidente ocurrió cuando una construcción en el tope de un edificio se desplomó y cayó sobre el vehículo, lo cual causó la muerte a María del Carmen Arregoitía Cardona y Yolendis Castillo Martínez.

En el lugar todavía quedaban restos de los escombros que cayeron, aunque vecinos aseguraron que eran muchos más, y un pedazo del tope del edificio se mantiene en pie.

En el barrio de Vedado, Nieves Martínez Burgaleta, de 89 años, fue encontrada ahogada en su casa, cuando no se evacuó al segundo piso y el agua del océano Atlántico que penetró en la zona llenó su pequeño apartamento.

“Ella no quiso salirse de ahí, pero creo que debieron obligarla y llevársela”, expresó uno de los vecinos, quien sostuvo que la anciana vivía sola porque toda su familia está en Estados Unidos.

Dos factores llaman la atención en las 10 muertes son que ocho de las víctimas superan los 50 años, mientras que cinco de ellas murieron en sus casas.

Fue gente que no quiso irse de su propiedad, a pesar del peligro y de las advertencias.

“Yo estoy de acuerdo en que se lleven por la fuerza al que no quiere. Eso aquí hay gente que lo ha criticado, pero pienso que el gobierno tiene razón cuando quiera llevarse a alguien por la fuerza para salvarle la vida”, dijo a El Nuevo Día uno de los vecinos de Doña Nieves.

“El gobierno medio se ha ablandado con esto, y pienso que no debe hacerlo. Deben sacarlos si están en peligro, como antes, aunque sea por la fuerza”, agregó el hombre, dando en el clavo de la cual pudo ser, al final del camino, la mayor causa de las muertes.


💬Ver 0 comentarios