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Joaquín "El Chapo Guzmán y Pablo Escobar pusieron en jaque la seguridad e integridad de sus países de origen, México y Colombia. (EFE / AP)

El exjefe del cártel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán fue extraditado y juzgado en Estados Unidos, algo que evitó toda su vida el líder del cártel de Medellín, Pablo Escobar, quien prefirió morir antes de caer en manos norteamericanas.

Comparar a Joaquín "El Chapo" Guzmán con Pablo Escobar resulta inevitable. Ambos pusieron en jaque la seguridad e integridad de sus países de origen, México y Colombia, respectivamente. Y lo hicieron a través de asesinatos, tráfico de drogas y corrupción. 

Aunque más allá de la frialdad con la que actuaron los dos capos narcos, ambos tuvieron siempre el mismo miedo: terminar sus días en una prisión de Estados Unidos.

A pesar de las similitudes en cuanto a sus crímenes y a sus actividades fuera de la ley, los finales de Guzmán y Escobar fueron diametralmente opuestos.

"Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos". Ese fue el principal lema del capo narco colombiano en tiempos en que su organización comenzaba a mostrar fisuras ante las constantes presiones del gobierno y de las Fuerzas Armadas.

La sola idea de tener que abandonar Colombia, ponía muy nervioso a Escobar. Con el objetivo de mantenerse en suelo colombiano, el capo fundó el grupo "Los Extraditables", una banda que se encargó de llevar adelante hechos violentos en todo el país. 

Sus acciones llevaron a la muerte a cuanto osara hablar de extradición para él y sus secuaces. Durante la última parte de la década de 1980 cayeron bajo los ataques de Escobar periodistas, candidatos presidenciales, diputados y senadores, publican las crónicas colombianas de la época.

En 1991, el "Patrón del Mal" se vio encerrado y tuvo que negociar con el gobierno una salida conveniente para él y su organización criminal. El acuerdo era entregarse a cambio de no ser extraditado. El presidente de aquél entonces, César Gaviria, ordenó, por decreto, la prohibición para extraditar a los ciudadanos colombianos.

Pero los días de Pablo Escobar como recluso fueron un gran escándalo. El líder del cártel de Medellín no estuvo recluido en una prisión común y corriente. En la penitenciaria que lo alojaba, conocida como "La Catedral", compartió celda con sus colaboradores y gozaba de toda clase de lujos.

Sin embargo, la detención de Escobar no fue muy extensa. Ante las constantes presiones de Estados Unidos para que el gobierno de Colombia extraditara al por entonces narcotraficante más buscado del mundo, Escobar escapó. 

Luego de dos año viviendo en la clandestinidad absoluta, el jefe narco colombiano fue abatido por las fuerzas colombianas, el 2 de diciembre de 1993, cuando intentaba escapar de su refugio.

Escobar cumplía con su palabra, eligió la muerte a una prisión norteamericana.  

La historia de Guzmán es similar, pero con un final diferente. Hasta que fue detenido por última vez, el 8 de enero de 2016, los diferentes gobiernos mexicanos, según las épocas,  se negaron a extraditar a Estados Unidos al líder del cártel de Sinaloa.

"El Chapo" ya había sido capturado en dos ocasiones, y en ambas logró escapar. La primera fue en 1993, cuando fue detenido en Guatemala. Ocho años después, en 2001, logró escapar oculto en un carro de lavandería.

A diferencia de Escobar, Guzmán Loera permaneció 13 años prófugo hasta que el 22 de febrero de 2014 fue encontrado por las autoridades en una residencia de Mazatlán, Sinaloa (en el norte de México). El 11 de julio de 2015 eludió la seguridad del penal El Altiplano, en el Estado de México y se fugó nuevamente, poniendo en ridículo otra vez al gobierno de México.

Estados Unidos exigió su extradición en las dos oportunidades que estuvo preso, pero esta fue denegada por las autoridades mexicanas en ambas oportunidades.

Tras su recaptura el 8 de enero de 2016, México inició rápidamente el proceso de extradición de Guzmán.

Durante estos 13 meses anteriores a ser extraditado a suelo estadounidense, el mensaje de "El Chapo" a sus abogados fue contundente: no terminar en una prisión norteamericana. 

Sin embargo, sus defensores no pudieron evitar que el gobierno estadounidense se hiciese cargo del futuro del narco mexicano. Tras dos amparos interpuestos por la defensa de Guzmán para evitar su extradición, el expresidente Enrique Peña Nieto entregó al jefe del cártel de Sinaloa a las autoridades norteamericanas.

Un jurado de Nueva York encontró culpable al narcotraficante mexicano por los diez cargos que pesaban en su contra. La sentencia, que podría ser cadena perpetua, se leerá el próximo 25 de junio.

Escobar y Guzmán sembraron el terror en Colombia y México. Y aunque ambos utilizaron todos sus recursos y esfuerzos para evitar pasar sus días en una celda estadounidense, uno de ellos no logró esquivarla, sin embargo, el que sí la evitó pagó con su vida.


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