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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a su homólogo estadounidense, Donald Trump. (AP) (horizontal-x3)
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a su homólogo estadounidense, Donald Trump. (AP)

Moscú - Cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, se reúna el próximo día 16 en Helsinki con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, habrá cumplido un deseo que ansiaba desde que este último llegó a la Casa Blanca hace año y medio.

"El presidente Putin se sentirá cómodo manteniendo un cara a cara con Donald Trump", dijo hace unos días el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Para algunos comentaristas, esto no es de extrañar, ya que la controvertida e impredecible personalidad del presidente de Estados Unidos permitirá al jefe del Kremlin aparecer como un líder solvente, fogueado en las lides de las relaciones internacionales.

Si en su momento la victoria electoral del magnate estadounidense provocó que muchos se rasgaran las vestiduras en Occidente, para el líder ruso supuso un momentáneo alivio porque quedaba atrás la etapa de Barack Obama, funesta para el Kremlin.

Moscú dijo entonces que esperaba a que se formase el nuevo equipo de gobierno en Washington para empezar a trabajar con el objetivo de mejorar las deterioradas relaciones entre Rusia y Estados Unidos, las peores desde la Guerra Fría.

Las esperanzas de Putin pronto se vieron frustradas y no solo no consiguió romper el hielo con Washington sino que su descrédito y el aislamiento internacional provocados por la anexión rusa de Crimea y la intervención en el este de Ucrania -entre otras crisis- no han dejado de aumentar.

Ahora el antiguo expía del KGB e incontestable dirigente en Rusia puede por fin saborear el momento de reunirse con su rival por el papel de líder global, con la ventaja de que en esta ocasión el inquilino de la Casa Blanca que va a negociar con Rusia es denostado hasta por sus propios aliados internacionales, por decisiones como salirse del acuerdo nuclear con Irán o imponer aranceles.

"Pese a que sus acciones a menudo son criticadas, sobre todo en los últimos tiempos, mi experiencia me dice que es una persona reflexiva, que sabe escuchar y que atiende los argumentos de su interlocutor", terció recientemente Putin al hablar en una entrevista sobre el presidente de Estados Unidos.

Nacido en Leningrado (actual San Petersbugo) en 1952, Putin, graduado en Derecho, ingresó en el servicio secreto soviético, el KGB, con solo 25 años, donde llegó a tener el grado de coronel, y trabajó como espía en la antigua República Democrática Alemana (RDA).

Dela mano del primer presidente de la Rusia independiente, Borís Yeltsin, hizo su entrada en política, donde nada como pez en agua, amado y odiado a partes iguales.

Yelstin lo nombró jefe del Servicio Federal de Seguridad (sucesor del KGB) en 1998 y al final de la década lo hizo su sucesor al frente de Rusia.

Ahora, con 65 años, llega a la cumbre con Trump con su popularidad interna casi intacta y después de haber sido reelegido con casi el 77 por ciento de los votos en marzo, aunque, este último mes, los planes del Gobierno de retrasar la edad de jubilación han bajado su popularidad al 63.4%.

La víspera de su reunión con Trump, Putin habrá asistido en Moscú a la final del Mundial de Fútbol, un acontecimiento global que pese a críticos y agoreros se desarrolla de manera impecable y está proyectando una imagen de Rusia brillante y amable para los aficionados de todo el mundo.

Aunque no es ningún secreto que a Putin no le gusta el fútbol, el líder ruso ha puesto toda la carne en el asador -e inversiones millonarias- por algo que ve como un instrumento para romper el aislamiento internacional de Rusia.

Estos días, sin embargo, un nubarrón asoma en el horizonte de Putin con el segundo caso de envenenamiento con el agente nervioso Novichok en el sur de Inglaterra, tras el del exespía Serguei Skripal y su hija en marzo pasado.

El Kremlin niega cualquier responsabilidad y el exespía Putin llegó a decir del caso: "si, como afirman nuestros colegas británicos, se hubiera usado un veneno de grado armamentístico, esa persona habría muerto en el acto".


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