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Turistas a bordo de un auto clásico descapotable pasan por el Malecón de La Habana, frente a la embajada de Estados Unidos en la capital cubana. (AP/ Desmond Boylan).

El esperado deshielo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba no hace más que encontrarse con un obstáculo tras otro. Desde el sábado pasado, una delegación de senadores demócratas de la potencia norteamericana se encuentra de visita en la isla para investigar los misteriosos ataques sónicos que según Washington afectaron a una veintena de sus diplomáticos en territorio cubano.

En estos momentos las relaciones entre ambos países pasan por una coyuntura muy delicada debido a que el gobierno de EE.UU. acusa al cubano de ocultar quién perpetró los supuestos ataques acústicos contra sus funcionarios ocurridos entre noviembre de 2016 y agosto de 2017, además de no haberlos protegido adecuadamente. 

Aunque Cuba niega las acusaciones, esta crisis motivó que la administración del presidente Donald Trump retirase a casi todo el personal de su embajada en La Habana y expulsase de Washington a 17 diplomáticos cubanos.

Supuestas víctimas también entre los turistas estadounidensesMientras tanto, la Casa Blanca reveló a finales de enero que desde el 29 de septiembre de 2017 un total de 19 turistas estadounidenses "han reportado tener síntomas similares a los que figuran en la alerta de viaje que emitimos ese día con la petición de no visitar la isla”. 

Eso sí, al contrario que en el caso del personal de la embajada, que según Washington fue atacado tanto en residencias de diplomáticos como en hoteles frecuentados por ciudadanos estadounidenses, la portavoz del Departamento de Estado declinó esta vez dar información sobre dónde habrían sufrido los turistas los supuestos ataques. Para ello alegó razones "de privacidad”.

¿Cuáles son los síntomas en torno a los que gira toda esta misteriosa disputa diplomática? 

Se trata, en concreto, y siempre según el "mensaje de seguridad” que el Departamento de Estado publicó el 29 de septiembre, de "una gama de síntomas, entre ellos, malestar en los oídos y pérdida de audición, mareos, dolores de cabeza, fatiga, trastornos cognitivos y dificultad para dormir”.

DW contactó con la embajada de EE.UU. en Cuba a raíz de dichos síntomas, desde donde fue redirigida a un artículo científico delJournal of the American Medical Association (JAMA) publicado el pasado 14 de febrero bajo el título "Síntomas neurológicos entre diplomáticos estadounidenses en Cuba”. Según dicha publicación, "las similitudes entre los 21 casos merecen la consideración de un evento medio, medioambiental o psicológico común como la causa potencial”. 

Sin embargo, en él los neurólogos Cristopher C. Muth y Steven L. Lewis afirman igualmente que "una explicación unificadora de los síntomas experimentados por los funcionarios (…) sigue siendo vaga y el efecto de una posible exposición a fenómenos auditivos no está claro”.

Pese a la vaguedad de las conclusiones, Washington no ha mostrado disposición alguna a devolver las relaciones bilaterales a su estado anterior a este tenso contexto. Es más, las recomendaciones de viaje del Departamento de Estado vigentes desde el 10 de enero se encuentran en el tercer nivel, que insta a "reconsiderar el viaje”. Esto significa, según la nomenclatura oficial, que se debería evitar el viaje "debido a graves riesgos para la seguridad y protección”. A solo un paso de alcanzar el cuarto nivel: "no viajar”.

¿Tan insegura es Cuba para los turistas? 

Desde el otro lado del Atlántico, no obstante, la perspectiva es bien diferente. Al margen de su situación política, para turistas y empresas del sector, Cuba es un país seguro.

"Cuba es un país totalitario”, subraya el cubano Enrique Pérez, de la pequeña agencia alemana Travel-to-nature, que además de viajes a la isla ofrece como destino diferentes países centroamericanos y caribeños, entre ellos México, Honduras o Guatemala. "Pero para los turistas es un país seguro”, añade. "Lo único de lo que tendrías que preocuparte es de no ir a las tres de la mañana borracho y con una cadena de oro caro por algún rincón oscuro de La Habana vieja. Pero igual que en Berlín o Madrid”. Asimismo, afirma que el número de alemanes, austríacos y suizos que viajan a Cuba no deja de crecer.

¿Por qué poner el peligro el motor económico de la isla?

La misma percepción tienen en Cubalia Tours, con sede en Barcelona. Para los españoles, apuntan los responsables de la agencia, el deshielo de las relaciones entre Cuba y EE.UU. fue un motivo de peso para adelantar sus proyectos de turismo en la isla. Antes de que "se llenase de turistas estadounidenses”. La recuperación económica también ayuda. Y las ventas no dejan de crecer respecto a años anteriores.

Ambas agencias han seguido el caso de los supuestos ataques sónicos a turistas y descartan que se puedan tomar en serio mientras no haya pruebas. "No está confirmado”, repiten. Para Pérez, además, las acusaciones carecen de lógica: "Desde los noventa, el turismo ha garantizado la subsistencia de la isla”. Se pregunta en voz alta qué motivo podría tener Cuba para poner en peligro su único motor económico. Y es que no ha faltado quien ve en la escalada diplomática un "pretexto” para que la administración Trump pudiese volver a enfriar las relaciones con el argumento en mano de los supuestos ataques.

En cualquier caso, Pérez no ve que podría ganar La Habana con una jugada así: "No estamos hablando de política, sino de dinero”.


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