Al menos once personas fueron asesinadas a balazos en un bar de Belém (norte de Brasil) por desconocidos que se dieron a la fuga, informó la Secretaría de Seguridad Pública (Segup) del estado de Pará.

Al menos once personas murieron en la tarde de este domingo tras un asesinato masivo perpetrado por siete tiradores en un bar localizado en la región norte de Brasil, informaron fuentes oficiales.

De acuerdo con la Policía Militarizada del norteño estado del Pará, un duodécimo individuo resultó herido en el ataque llevado a cabo en el barrio de Guamá, situado en la periferia de la capital regional Belem, y se encuentra bajo la protección de las autoridades.

La institución informó también que, entre los muertos, figuran cinco hombres y seis mujeres, entre las que estaría la dueña del bar que fue blanco del ataque.

Según las autoridades, siete hombres armados y encapuchados habrían llegado al establecimiento en tres vehículos y una motocicleta y abrieron fuego contra las víctimas, cuyas identidades aún no fueron divulgadas.

La Policía Civil del estado abrió una investigación y señaló que, de momento, no hay informaciones oficiales sobre los motivos o presuntos autores del crimen.

Sin embargo, una fuente policíaca, que pidió anonimato, explicó que los agentes trabajan con la posibilidad de que se trata de una disputa entre facciones criminales por el control del tráfico de drogas en la región, conocida por su altos índices de violencia.

Otra hipótesis, según dicha fuente, es que podría tratarse de una venganza por la muerte de dos policías militarizados la semana pasada.

Testigos que estaban en el local a la hora del ataque declararon a los medios locales que los siete hombres efectuaron múltiples disparos, sobre todo en la cabeza de las víctimas.

Algunos de los clientes que se encontraban en el bar lograron esconderse, no fueron alcanzados por los balazos y han sido atendidos por las ambulancias que se trasladaron al local de los hechos.

A fines de marzo, el gobierno federal envió tropas de la Guardia Nacional a Belem para reforzar la seguridad en la ciudad durante 90 días.

Brasil registró un máximo histórico de 64,000 homicidios en 2017, de los cuales el 70% fue con armas de fuego, según estadísticas oficiales.

La mayor parte de la violencia en Brasil está relacionada con el crimen organizado. En enero pandillas atacaron diversos puntos de Fortaleza, paralizando esa ciudad después de que comercios, autobuses y taxis dejaran de operar.

En Río de Janeiro, la segunda ciudad más grande del país, se registran tiroteos a diario entre grupos rivales o entre delincuentes y la policía, enfrentamientos que a menudo resultan en la muerte de civiles inocentes. Fogo Cruzado, un grupo que monitorea las balaceras en el área metropolitana de Río, indicó que en los primeros 100 días del año se han registrado 2,300 tiroteos en Río de Janeiro y el área conurbada.

Los asesinatos atribuidos a disparos de la Policía en el estado de Río de Janeiro alcanzaron un máximo histórico, con un incremento del 18% en los primeros tres meses de 2019, un aumento que se atribuye en parte a una campaña de tolerancia cero contra la delincuencia, promovida por los líderes del estado.

Una de las principales promesas de campaña del nuevo presidente, Jair Bolsonaro, fue atenuar las estrictas leyes del país para la compra y posesión de armas, con el argumento de que debido a que los criminales cuentan con tanto armamento de procedencia ilícita, los “ciudadanos sobresalientes” deberían tener el derecho a defenderse con armas adquiridas legalmente.

Bolsonaro ya cumplió esa promesa con dos decretos presidenciales para facilitar la compra de armas, aunque los fiscales federales intentan obtener órdenes de la corte para bloquear esa medida.


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