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A  horas  de sofocar el levantamiento armado que tuvo lugar en Lares aquel 23 de septiembre de 1868, lo  menos que pensó el capitán general y gobernador español Julián Pavía era la fuerza con que ese suceso, descrito por él como un “hecho pasajero”, se arraigaría en la memoria colectiva puertorriqueña.

Hoy, a 143 años del levantamiento armado en el que cientos de puertorriqueños se rebelaron contra el régimen de España, parte del pueblo vuelve a retar la voluntad del  desaparecido capitán general  al conmemorar con marchas, una misa y ofrendas florales la rebelión del 68.

El parecer de Pavía quedó plasmado en varios documentos de la época, algunos de su puño y letra, que han sobrevivido el paso del tiempo entre las frías paredes  del Archivo General de Puerto Rico.

Es ahí donde, entre cientos de miles de documentos, se preserva una comunicación escrita, con fecha del 8 de octubre de 1868 y  firmada por  Pavía, donde el gobernador superior civil se refiere a los insurrectos como una “porción de individuos hez y escoria inmunda del pueblo puertorriqueño” y expresa su convencimiento de que el suceso sería olvidado en poco tiempo.

“Queda terminado de una manera rápida lo ocurrido en Lares, cuyo hecho pasajero deseo se olvide, que yo os aseguro, no quedará uno sin sufrir la consecuencia de su intentona criminal”, agrega casi al final de la antigua hoja amarillenta.

Entre los precursores del  Grito de Lares se encuentran figuras como el doctor Ramón Emeterio Betances, conocido como el “Padre de la Patria” y el “Médico de los Pobres” y el abogado Segundo Ruiz Belvis, quienes al momento del levantamiento habían sido desterrados y se encontraban en busca de armas y el apoyo de líderes latinoamericanos para la causa.

Ambos también se destacaron por su férrea oposición a la esclavitud, que fue abolida  el 22 de marzo de 1873.
La revolución los sorprendió fuera de la Puerto Rico debido a que los insurrectos decidieron adelantar la fecha porque el plan había sido descubierto por las autoridades españolas.

El expediente sobre los sucesos de la Revolución de Lares también contiene una comunicación escrita a mano por Pavía cuatro días después del levantamiento en la que pide un juicio militar para las personas armadas que opusieron resistencia a las tropas españolas.

“El sumariado o sumariados con la mayor actividad posible se remitirán a esta capitanía general en la misma forma que se practica con las causas que se han de ver los Consejos de Guerra ordinarios, pues por estos han de ser juzgados y no por comisión militar o Consejos de Guerra permanentes. Los reos deberán permanecer allí hasta que, terminado el plenario, los remita con las causas a esta plaza donde han de ser juzgados en Consejo de Guerra”, plasmó Pavía en el documento casi ilegible por el pasar del tiempo.

Al final de la comunicación  pide a los fiscales a cargo del proceso que pongan “el mayor cuidado en la prueba de resistencia con armas a la tropa, pues es la piedra angular”.

El 29 de septiembre, remitió un informe sobre lo ocurrido  en Lares a causa de “una gavilla de hombres”, según indicó.

En el documento de tres páginas, también escrito a mano, detalla que, tras la llegada de las tropas militares, la persecución de los revolucionarios continuó en los bosques de la zona, y contiene su resumen  de lo ocurrido.

“El hecho ha tenido lugar en el pueblo de Lares; allí se han reunido, han sorprendido al alcalde encarcelándolo con el secretario, se han entregado al pillaje y han atacado con un pelotón de hombres armados al pueblo del Pepino con idea, sin duda, de hacer lo mismo, pero fueron rechazados enérgicamente por las autoridades del distrito y pueblo y hubieron de abandonar su intento”, contó.

Debido a la represión política que se desató a partir de ese momento, el Grito de Lares no fue conmemorado hasta la década del 1930 cuando fue exaltado por el Partido Nacionalista, bajo la dirección de Pedro Albizu Campos.

Desde ese momento, cada 23 de septiembre, la Plaza de la Revolución en Lares recibe a cientos de puertorriqueños que impiden que la  gesta libertadora del 1868 caiga en el olvido al que la abocó el capitán general Julián Pavía hace casi siglo y medio.


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