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El exprisionero político cuenta su experiencia en la libre comunidad

Carlos Alberto Torres conoce en carne propia el reto que tendrá Oscar López Rivera al integrarse a un mundo diferente al que dejó cuando comenzó a cumplir prisión hace más de tres décadas por actos vinculados a sus ideas políticas.

Son complicaciones. Pero, las dificultades del proceso de adaptación se hacen significativamente pequeñas, comparados con el alivio de, por fin, estar fuera de la cárcel.

Después de López Rivera, Torres, de 64 años, ha sido el prisionero político puertorriqueño con más tiempo en cárceles estadounidenses.

Estuvo encarcelado desde su arresto el 4 de abril de 1980 hasta el 26 de julio de 2010. En total, 30 años y casi cuatro meses.

Como López Rivera y una decena de sus compañeros que estuvieron vinculados al grupo clandestino Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), fue convicto principalmente de conspiración sediciosa.

Su excarcelación ocurrió un año más tarde de lo previsto a pesar de haber demostrado que era una fabricación el cargo que le presentaron imputándole que tenía una fuga en su celda de la cárcel de Pekín, Illinois. Las condiciones para permitir su excarcelación, que limitaban sus encuentros con sus excompañeros de las FALN, expiraron a finales de 2016.

Antes de su arresto, Torres estuvo cuatro años en la clandestinidad.

Justo a la salida de la cárcel de Pekín (Illinois), familiares, amigos y la abogada Jan Susler le esperaron en el estacionamiento, con alborozo.

En una entrevista con El Nuevo Día, Torres dijo que le tomó alrededor de una semana despojarse de la sensación de mirar el mundo a su derredor como si lo estuviera viendo a través del lente de un televisor.

“La cuestión tecnológica cambió el mundo y yo no fui parte de eso”, indicó.

En Chicago, lo recibieron en el Paseo Boricua a son de fiesta. Y el impacto fue abrumador. “No sé cuál es el término sicológico, pero imagínatelo así: Te pongo en una cueva y te dejo solo por 30 años. Después te pongo en medio de Times Square donde están celebrando tu cumpleaños”, sostuvo.

Destacó el apoyo que también sintió en Puerto Rico, a donde se fue a vivir luego de una corta parada en Chicago. “Llego a Puerto Rico y veo celebrar mi llegada… Estando en la oficina federal procesando mi probatoria, un agente miró para todos lados y me dijo: ‘bienvenido a casa’. Se me pararon los pelos. Eso es un símbolo de cómo me recibieron”, dijo.

El nuevo mundo 

La transición ha conllevado también adaptarse a esta era de la tecnología moderna. Todavía se refiere en ocasiones al teléfono celular como su radio.

“Cuando me acosté a dormir la primera noche (fuera de prisión), tenía un cuarto lleno de aparatos tecnológicos. Cuando apagué la luz, había lucecitas alrededor de mí. Tuve que levantarme, prender la luz, y reconocer que la computadora, el teléfono tienen lucecitas”, dijo.

Una vez fuera de prisión, Torres, natural de Ponce, se fue a vivir a San Sebastián,donde tuvo un taller de alfarería.

En julio pasado regresó a Chicago, junto a su compañera Wanda Colón López, sobrina de López Rivera, a reabrir la panadería “Café Colao” que ha sido un símbolo del Paseo Boricua.

La noticia oficial sobre la conmutación de la sentencia de López Rivera se la dio oficialmente su compañera en la tarde del 17 de enero, al entrar llorando de la alegría a la cocina donde Torres estaba amasando pan, la otra ocupación que aprendió en la cárcel.

Entonces, sintió una alegría similar al momento en que supo que su propia excarcelación iba a ocurrir. “Es un alivio, como cuando se desinfla un globo”, explicó.

Por años, Torres evitaba confirmar su militancia en las FALN. Pero, ya no lo cree necesario.

Considera que sus acciones clandestinas en reclamo de la independencia de Puerto Rico y sus años de prisión valieron la pena. “Había un sentido de frustración en nosotros. La lucha de nosotros empieza con asuntos importantes para el diario vivir”, dijo, al hablar de cómo estuvieron vinculados a las denuncias en contra del abuso policial contra la comunidad boricua e hispana, la discriminación en el acceso a vivienda y la falta de representación en las instituciones educativas y políticas.

Eran principios de la década de 1970. La guerra de Vietnam estaba vigente, al igual que los reclamos de derechos civiles. “Me acusaban de ser comunista antes de yo entender lo que era un comunista”, sostuvo.

Colonialismo

Con el tiempo, junto a colegas como López Rivera, consideró que en el caso de la diáspora y Puerto Rico, el problema de fondo era la situación colonial de la isla. “Ahí estaba la contradicción principal”, agregó.

Pese a los 30 años de prisión, considera que sus acciones clandestinas en reclamo de la independencia de Puerto Rico valieron la pena “Estando en la cárcel la gente me preguntaba, ‘¿tienes algo que reprochas o quisieras fuese diferente?’. Lo único, que Puerto Rico no es un país independiente”, subrayó.

Como López Rivera, Torres rechazó tener sangre en sus manos y haber participado en el bombazo que reclamó las FALN en el restaurante Fraunces Tavern, que dejó cuatro muertes y decenas de heridos el 24 de enero de 1975.

“Oscar no tuvo nada que ver con eso. Yo no tuve nada que ver con eso. Hubiese deseado que esa acción no ocurriera. Todo lo que rodea (a esa acción) es trágico y las reacciones que causa el colonialismo son trágicas. Cosas como el Fraunces Tavern son trágicas, particularmente para las familias”, afirmó el exprisionero independentista.

Con Oscar López

Torres fue arrestado junto a otros militantes de las FALN cuando estaban en una camioneta en una calle de la localidad de Evanston, un suburbio de Chicago. Un juez le impuso una sentencia de 70 años de cárcel.

“A Oscar por suerte no lo cogieron allí. Estaba ahí, pero no lo vieron. O él los vio antes de que lo vieran a él”, reveló Torres.

López Rivera fue arrestado un año después, el 29 de mayo de 1981, cuando un policía local determinó que había hecho un viraje ilegal en el automóvil que conducía por Glennview, otro suburbio de Chicago.

Cuando el presidente Bill Clinton propuso en agosto de 1999 clemencia a una docena de prisioneros políticos, la oferta no incluyó a Torres ni a su excompañera Haydee Beltrán.

A López Rivera, el presidente Clinton le ofreció clemencia, condicionada a que cumpliera una década. López Rivera rechazó la oferta, por no haberse incluido a Torres y a Beltrán.

Después de una campaña que generó amplio respaldo a nivel internacional y que incluyó a las principales autoridades de los gobiernos recientes de Puerto Rico, en las últimas horas de su presidencia Barack Obama conmutó la sentencia de López Rivera, efectivo el 17 de mayo.

Para Torres, López Rivera es amigo, hermano y mentor.

“Tenía mucho interés en participar en organizaciones comunitarias. Oscar ya estaba trabajando fuertemente como organizador comunal. Empiezo a trabajar con él en la Universidad de Illinois, cuando yo tenía 18 o 19 años”, explicó.

López Rivera y Torres fueron dos de los arrestados en 1973 en la torre de administración de la Universidad de Illinois en Chicago, en un acto de desobediencia civil en reclamo de mayor participación de los estudiantes hispanos en las decisiones de la institución.

Torres considera que el próximo retorno al barrio boricua de Chicago de López Rivera, sea en mayo o en junio, “va ser un bembé”.

“Si no es el mismo recibimiento que le dieron a (Nelson) Mandela en Suráfrica –dijo-, no va a ser suficiente”.


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