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La Casa Blanca conmutó la sentencia de López el pasado 17 de enero. (Teresa Canino)

A la hermana menor de Oscar López Rivera, su hermano José le adelantó cuatro días antes de la conmutación de la sentencia del prisionero político que era inminente esa decisión.

José López Rivera le advirtió aquel viernes, 13 de enero a su hermana Zenaida, sin embargo, que no le podía decir nada a nadie, pues no habría certeza hasta que el presidente Barack Obama firmara el documento.

La Casa Blanca hizo el anuncio oficial en la tarde del 17 de enero pasado, es decir, cuatro días después.

Zenaida López Rivera afirmó que hizo todo lo que pudo por guardar el secreto, reconociendo que el silencio no es su mayor cualidad.

“Eso es bien difícil para mí”, dijo, a carcajadas, mientras repasaba, junto a sobrinos y otros familiares, el júbilo que se vivió en sectores del barrio boricua de Chicago al conocer la noticia sobre la próxima excarcelación del prisionero independentista.

Por más que le rogó su hermano, Zenaida admite que corrió a ver a su sobrina Wanda Colón López -compañera del exprisionero político Carlos Alberto Torres-, a la panadería Café Colao que tiene a su cargo. La sacó de la cocina y se la llevó a la acera, sin abrigo a pesar del brutal frío de Chicago, para susurrarle al oído, en medio de un abrazo que se proyectaba que el presidente Obama decidiera a favor de su tío.

Entre lágrimas, Wanda pensó en su abuela, Mita, la mamá de los siete hermanos López Rivera cuyo nombre de pila fue Andrea Rivera, y en su tía Clari, ya fallecida.

“Todo lo que (mi abuela) pedía era ver a Oscar antes de irse de este mundo. Una de las cosas que decía era ‘no quiero que Oscar se me pudra en la cárcel’”, recordó Wanda.

Cuando doña Mita murió, el preso político solicitó a las autoridades carcelarias asistir al funeral. Pero, no se lo permitieron. “Eso fue muy doloroso para nosotros”, dijo Wanda.

Al otro día, Zenaida también telefoneó a la casa de su sobrino Fabián, hermano de Wanda, para pedirle que con urgencia fuera a su casa. La esposa de Fabián tomó la llamada y le preguntó si se trataba de Oscar. Zenaida, como pudo, le dijo que no. Pero, en cuestión de minutos, Fabián estaba en su casa.

“Yo sabía que iba a ocurrir. Lo visité en julio. Le dije ‘vas a salir. No quiero venir más aquí’. Él se reía, porque tiene esa forma especial de bajar el tono de la cosas. Le dije ‘la próxima vez que te vea va a ser fuera de la cárcel’”, recordó Fabián, hermano de Wanda e hijo de Mercedes López Rivera, hermana de Oscar.

De todos modos, no había nada oficial y hubo que esperar al martes, 17 de enero.

Zenaida, Wanda y Fabián -al igual que sus hijos, que le conocieron en la cárcel- hablaron con El Nuevo Día sobre la decisión del presidente Obama de excarcelar a Oscar López Rivera, convicto principalmente por conspiración sediciosa debido a sus vínculos con el grupo clandestino Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), que reclamó la autoría dedecenas de atentados para denunciar el colonialismo en Puerto Rico y las condiciones de explotación que padecían sectores de su comunidad boricua.

En la conversación estuvieron unos 10 familiares de López Rivera de Chicago. Los sobrinos más jóvenes de López Rivera, como le sucedió a su hija Clarisa, lo han conocido en prisión. Hasta que cumplieron 16 años, aunque no formaran parte del listado de visitantes de la prisión de Terre Haute, en Indiana, tenían acceso para ver a su tío. López Rivera lleva 18 años encarcelado en Terre Haute.

Antes estuvo una docena de años en solitaria.

Larga espera

Para los familiares de más edad, la excarcelación de Oscar López Rivera pondrá fin a una separación de más de 40 años.

Con excepción de una llamada sorpresiva para advertir de lo sucedido, cuando el 4 de abril de 1980 el FBI arrestó a 11 de sus compañeros, Oscar López Rivera se mantuvo distanciado de su familia.

Pero, durante sus cinco años en la clandestinidad, el FBI llevó a cabo continuas intervenciones en sus viviendas y trabajos.

Como parte de ese proceso, José López Rivera, quien es profesor en la Universidad de Illinois, el principal líder comunitario boricua de Chicago y el menor de los hermanos varones de Oscar, cumplió cárcel por negarse a declarar ante un Gran Jurado. Otro hermano perdió el trabajo.

“Son tantos los años, son como 42 años que no hemos tenido contacto como familia con Oscar para cenar, tomar un café”, dijo Zenaida.

La hermana menor de Oscar López Rivera recordó una vez en particular en que agentes del FBI entraron a su residencia en busca de su hermano, y colocaron contra la pared a su compañero, casi ahogándole.

Wanda relató que el día en que su tío fue arrestado, el 29 de mayo de 1981, celebraba su cumpleaños con unas amigas.

Al regresar a su casa, que era en el sótano de la vivienda de su abuela, las puertas habían sido destrozadas por el FBI.

Muchos miembros de la comunidad siempre les apoyaron. Pero, para otros en la zona fueron “la familia del terrorista”.

Cuando los López Rivera llegaron a Chicago hace seis décadas, eran unas de las pocas familias puertorriqueñas en una zona residencial blanca no hispana y polaca.

Una de siete hijos, Zenaida recuerda cómo tuvieron que lidiar con un sistema educativo que no atendía las necesidades de los estudiantes y que era ubicada en un closet del salón, separados de sus compañeros de clase, por no saber inglés.

Mita, la mamá, creía en la independencia y les leía la poesía de Julia de Burgos, recordó Zenaida.

Pero, Oscar y José “nos enseñaron a amar la patria” mientras se convertían en adultos, sostuvo.

Los preparativos 

La campaña a favor de la excarcelación de Oscar López Rivera – quien ya ha cumplido 35 años y ocho meses de cárcel-, comenzó en el barrio, de la mano de gente como José López Rivera y el congresista Luis Gutiérrez.

Ahora, en esos mismos edificios del Paseo Boricua se lanzan ideas de cómo organizar su regreso al barrio, donde López Rivera fue antes un líder y organizador comunal.

López Rivera tiene que cumplir cárcel hasta el 17 de mayo, cuando se extingue su condena. Pero, no está claro aún si podrá pasar los últimos meses en una institución carcelaria a tiempo parcial en San Juan -que le permita trabajar y salir a la calle durante el día-, o si saldrá de la cárcel de Terre Haute el mismo 17 de mayo.

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, le ha ofrecido trabajo a López Rivera, quien desempeñaría tareas comunitarias.

En San Juan, López Rivera viviría con su hija Clarisa, a quien conoció en la cárcel poco después de su arresto y quien le ha visitado consecuentemente desde entonces.

La cárcel de Terre Haute está a unas tres horas y media de Chicago. Y gran parte de su familia en esta ciudad -unos 20-, prefiere imaginarse la salida del prisionero independentista de la cárcel en que ha estado durante los pasados 18 años. Michael Reyes López, el hijo de Zenaida, tiene ya diseñadas camisetas para la ocasión.

Si pueden concretar su plan, piensan alquilar una camioneta para pasajeros e ir en grupo a Terre Haute. “Mi sueño- afirmó Zenaida-, ha sido siempre estar ahí cuando salga. Aquí hay una familia que lo quiere incondicionalmente. Le doy las gracias al presidente Obama, pero me hizo esperar mucho”.


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