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El gobernador acepta que cometió errores en el camino y dice que se va tranquilo. (Teresa Canino)

Nota de la editora: primera de dos entregas como parte de una entrevista exclusiva a fondo con el gobernador saliente.

Pasó de ser un político carismático, a un gobernador con un nivel alto de impopularidad por las decisiones que tomó para lidiar con las finanzas del País. Esa impopularidad, de acuerdo a líderes del Partido Popular Democrático, fue una de las razones que provocó que no aspirara a un segundo término y que la colectividad fuera derrotada en noviembre pasado.

Ahora, a solo tres semanas de que deje el cargo, el gobernador Alejandro García Padilla no reconoce esa metamorfosis que sufrió. Sí acepta que cometió errores en el camino y dice que se va tranquilo, dejando un gobierno que, a su juicio, tiene más políticas liberales, un despunte en la agricultura y el turismo, y menos crimen y desempleo. Confiesa que su mayor traspié fue no advertir al País del abismo fiscal que encontró al asumir el cargo en enero de 2013. Y reconoce, por vez primera, la injerencia que tuvieron sus hermanos en sus años de mandato durante una entrevista con El Nuevo Día, en la que desnuda sus preocupaciones, frustraciones y planes futuros.

A semanas de dejar el cargo, ¿cómo están las emociones y la conciencia?

—Emociones muchísimas. Y días como hoy (se le quiebra un poco la voz), que uno se levanta pensando: ‘ojalá pudiera culminar tantos proyectos que hemos comenzado o algunos que están en el tintero y que no han comenzado’. La agenda liberal, continuar impulsándola. Hay otros días donde la verdad es que uno se abruma y quisiera -a veces- darle fast forward. Pero, en cuanto a la conciencia, puedo decir que no ha habido ninguna decisión que no haya tomado de acuerdo a la información que tenía en ese momento.

¿De qué se arrepiente?

—Debí, el primer día, haber planteado la crisis como la encontré. Recordarás que el déficit que dejó el gobierno anterior de $2,200 millones era mucho más de lo que ellos decían. Ellos decían que era de $233 millones. Además, habían quebrado el Banco (Gubernamental de Fomento) porque entre (Autoridad de) Carreteras y (Autoridad de) Acueductos le habían quitado más de $4,000 millones en préstamos sin fuentes de repago y yo tuve que resolver ese problema. Pero recordarás que al principio -y la decisión fue mía no de nadie más, no es que nadie me lo aconsejó así- fue imprimir optimismo para que el País se levantara y se evitara la crisis o digamos la profundización de la crisis. No fue suficiente y llegó el momento donde ya las soluciones se acabaron. Hubo sí iniciativas que si hubiésemos logrado adelantarlas, no estaríamos donde estamos. Por ejemplo, recordarás cuando se aprobó la segunda enmienda al impuesto del combustible. Si se hubiese aprobado como la presenté en octubre del 2014 y no en marzo del 2015, hubiésemos podido darle liquidez al BGF, porque hubiésemos podido sacar del Banco el préstamo de Carreteras. Si hubiésemos aprobado el IVA como yo lo presenté... En cuanto a eso, no pude convencer a la Legislatura, por ejemplo, de aprobarlo. Legisladores que se hacenllamar a sí mismos liberales actuaron de manera ultraconservadora y prefirieron que los puertorriqueños siguieran teniendo un impuesto sobre su salario. En cuanto a tratar de imprimir optimismo al principio, yo asumo la responsabilidad. Es algo nuevo que he querido tratar de traer al gobierno y es que si me hago responsable de las virtudes que ha tenido el gobierno, me tengo que hacer responsable también de los fracasos que ha tenido el gobierno. Espero que el próximo gobernador también acepte sus luces y sus sombras.

¿Ese fue su principal error?

—Sí lo fue y una cosa: eso fue mío. Mucha gente me dijo: ‘No, tienes que plantear la crisis como la encontraste’. Esa sería una de las cosas que cambiaría.

¿Qué más cambiaría?

—Gente en el equipo. Por su supuesto, no voy a decir nombres para no entrar en personalismos, pero no hay peor cuña que la del mismo palo.

Hay gente en el País que lo ve como el peor gobernador y describe su administración como un fracaso, ¿qué dice de eso?

—Hay gente que aplaude mi gestión. Eso es muy natural y yo no lo juzgo. Es parte de la división política que hay en Puerto Rico. Una casa dividida no se sostiene. Ahora, decir que es todo el País no es objetivo, ahí discrepo.

Pero sus niveles de aceptación son más bajos que los de Aníbal Acevedo Vilá cuando estaba acusado.

—Yo no estoy en campaña. Vamos a poner esto en perspectiva. Mis niveles están más bajos que los que tenía una persona en campaña que estaba invirtiendo dinero en su imagen, yo no. Eso es comparar chinas con chinas.

¿Qué le dice entonces a la gente que se sintió desilusionada por las esperanzas que fijaron en su mandato y el resultado final?

—Yo siento el más profundo respeto por la gente y por los que piensan así y con humildad, con ningún tipo de ánimo antagónico, digo que yo no soy mago y la situación que encontramos no podía resolverse con una varita mágica. Decidí no mentirle al País. Había gente que quería que yo le mintiera y cogiera unos cuantos préstamos más. Yo pude llegar al final del cuatrienio tomando prestamos al 12%. Pero decidí no hacerlo porque el país que iba pagar esa deuda es el país de mis hijos. De nuevo, yo asumo la responsabilidad de lo que me toca. Claro, la crisis yo no la creé.

Pero a usted se le eligió para que resolviera eso.

—Exactamente, y yo tenía la oportunidad de hacer lo que hicieron otros gobernadores: coger presta’o. La crisis estaba en su máximo esplendor, pero cogían presta’o y la tapaban. La alfombra de los préstamos tapaba el sucio.

¿No mintió cuando al inicio de su administración, por querer ser más optimista, no dijo cuán mal estaban las finanzas?

—No, porque mi esperanza estaba en que íbamos a poder tomar las decisiones que había que tomar y que eso iba a hacer que saliéramos. Pero, fue mi error porque fui optimista. Mis dos principales promesas las cumplí: bajar el crimen y el desempleo. He escuchado uncolumnista que dice que eso fue y cito ‘por leche’. Eso fue una columna que se escribió. Creo que es un irresponsable porque me imagino que cuando suba el crimen dirá que es ‘mala leche’.

¿Se refiere a la exsecretaria de la Gobernación, Ingrid Vila?

-No voy a entrar en personalismos.

¿No falló en su liderato?

—Creo que no los pude convencer. Si alguien lo quiere ver como un issue de liderato, pues no tengo ningún problema. No creo que se deba juzgar así porque tú puedes llevar el caballo al río pero no lo puedes obligar a beber agua.

¿Se sintió traicionado?

—Por supuesto, pero también muy respaldado por otros. Hubo gente leal a las causas de Puerto Rico. No voy a mencionar nombres. No creo que añade a la discusión del País. Creo que el País sabe quiénes son.

¿Cómo compara lo que le dejó su antecesor con lo que le deja a su sucesor?

—Por primera vez en la historia de Puerto Rico la deuda baja. Mi antecesor Luis Fortuño tomó más deuda en cuatro años que otros gobernadores que estuvieron 12 y 16 años. Aumentó dramáticamente la deuda y despidió empleados públicos. Yo no despedí empleados públicos y reduje la deuda, el desempleo y el crimen. Estoy entregando el Gobierno con mucho menos crimen y con menos desempleo. Cuando empecé como gobernador todas las industrias estaban en recesión. Hoy el turismo no está en recesión, sino con un récord histórico. La agricultura no está en recesión y la manufactura, que estaba en picada, está estable y empezando a levantar. Hay menos crimen, la universidad está en paz. Son hechos ciertos. Vivimos en una sociedad más justa con la comunidad LGBTT, con los inmigrantes, con un ambiente más protegido. Aquí no hemos macaneao a nadie como hizo el gobierno anterior. O sea, yo recibí un país con una economía en picada y estoy entregando un país que, a juicio del presidente de la Reserva Federal, su economía ya empezó a recuperarse.

¿Cuáles son las frustraciones?

—El no haber podido educar mejor sobre la crisis para que se comprenda mejor, no haber podido convencer a los legisladores y al País de la necesidad de cambiar el impuesto sobre el trabajo a un impuesto sobre el consumo, pues son quizás mis dos principales frustraciones.

Usted se va del cargo, pero la gente es la que siente y sufrirá el impacto de sus gestiones. ¿Qué le dice a esa gente? ¿Qué país les deja?

—Yo me quedo también. Les dejo un país que tiene su economía ya encaminada, donde algunas de sus industrias ya no están en recesión. Bueno, pues, las consecuencias de mi mandato las vivo yo también y las viven mis hijos.Y mis hijos viven encalles con menos crimen, en un mundo con más empleo. O sea, que también hubo áreas donde se mejoró.

¿Cuál fue el mejor momento?

—Recuerdo cuando yo decidí irme del lado correcto de la historia y favorecer el matrimonio igualitario.

¿Cuál fue el peor momento: cuando se dio el impago, cuando estaba en su apogeo el testimonio de Anaudi Hernández o cuando se suicidó un empleado frente a La Fortaleza?

—El impago, la irresponsabilidad de las agencias acreditadoras que donde único las respetan es aquí, el día que descubrimos que el Gobierno anterior nos había dejado de regalo un aumento de agua. Esos dos son los más importantes. El día que un policía mató a otros compañeros en Ponce. El caso de Anaudi, ese no es un peor momento sino un mal rato porque el que no tiene echas no tiene sospechas.

Nosotros todos sabíamos cuál era la verdad. Sobre mi hermano nunca se indicó un acto ilegal. Para todos en la familia fue difícil porque fue una persona que admite en la corte que se había acercado a mí por interés y que uno le haya abierto las puertas de la casa... Nos enterábamos (de lo que trascendía en el juicio) y comentábamos, pero pues así es la vida. Tú no le haces un polígrafo a todo el que se te acerca para saber si vienen con buenas o malas intenciones.

¿Qué fue lo más difícil?

—El circo mediático que se hizo cuando él dijo que había pagado un favor sexual a mi hermano, que después él mismo dijo que no sabía si había pasado o no. Pero, eso no se comentó. Entonces se fue irresponsable en la discusión mediática.

¿No cree que actuó más como hermano que como gobernador? ¿Más como amigo que como gobernador?

—No, ¿por qué? (frunce el ceño).

Durante el juicio, usted lució más como un defensor de su hermano Luis Gerardo que como el primer mandatario que condena los actos de corrupción que se revelaban.

—La sangre pesa más que el agua. Mis hermanos y yo peleamos como pelean todos los hermanos. Ahora, y esto nos lo enseñó mi papá y no se nos olvida, lo que alguien hace a favor de un hermano mío yo lo agradezco como si fuera por mí y si alguien le hace algo a un hermano mío yo lo reprocho como si fuera en contra mía. Somos hermanos... y la historia me dio la razón. Hubo gente que se atrevió a juzgarlo públicamente, personas que se hacen llamar serias y respetables.

¿No cree que sus hermanos afectaron su mandato?

— (Interrumpe la pregunta y comienza con un tono enfático) Positivamente. Por ejemplo, que alguien piensa que todo lo que hemos logrado en la universidad, que se expanda, que se proteja, que haya paz... Yo no lo he hecho sin contar con el consejo de mi hermano que fue presidente de la universidad (Antonio García Padilla), claro que él ha influido muchísimo en mí. Lo que hemos logrado con el Instituto Nacional de la Salud. Pues claro que él influye mucho en mí. Lo que logramos con el Centro (Comprensivo) de Cáncer, pues claro que él influyó en mí. Las ayudas que hemos logrado en los municipios, el que nosotros ganáramos 45 municipios habiendo perdido las elecciones, pues por supuesto que Tato García tiene que ver algo en eso. Mi campaña es la primera -en la historia de la Ley Electoral- que se audita el 100% de los donativos y no hay un solo señalamiento de donativo ilegal. Y Jerry -mi hermano- tuvo que ver en eso. Por supuesto que sí.

En el juicio trascendió que su hermano lo influenciaba, tenía acceso a reuniones privadas, información privilegiada, ordenaba y pedía que se sacaran empleados públicos.

—Mira lo que se probó en la corte fue lo opuesto. De hecho, la agencia que dirigía Sally (López) yo la cerré. Yo no fui el gobernador que defendió jefes de agencia que estaban siendo acusados por el Gobierno federal. Al contrario, le metimos manos. Hay problemas de memoria colectiva.

¿Cuánta injerencia tuvieron sus hermanos en su mandato?

—Ellos me decían lo que pensaban cuando querían. Algunos consejos los acepté y otros no. A mí a veces me sorprenden algunas personas que escucho por ahí analizando esa presunción séptica de que el gobernador no va a escuchar a su familia, eso es un absurdo. Es más, es tonto. El presidente (John F.) Kennedy nombró a su hermano secretario de Justicia -para estar claro- y son próceres de los Estados unidos. Ambos.

Ahora que está de salida, ¿qué le preocupa que se pierda?

—El País ha cogido un gobierno conservador, pues va a haber políticas conservadoras. Por ejemplo, ya dijo que la educación con perspectiva de género se va a eliminar. Eso era predecible. Nadie puede culpar al gobernador (Ricardo) Rosselló porque eso se sabía. Me preocupa el surgimiento del populismo en Puerto Rico y en el mundo. Las dobles agendas de políticos que procuran decirles mentiras agradables al País ofreciéndole soluciones simplistas en muchas ocasiones. Hay que tener mucho cuidado con el populismo. Si alguien derrotó el populismo en Puerto Rico fue Luis Muñoz Marín.

¿Renunciará a las escoltas?

—Esa determinación la voy a hacer con (José) Caldero. Yo he tomado decisiones que van a costarle a inversores en Wall Street miles de millones de dólares y las tomé pensando que cuando yo salga de aquí no me va a pasar nada malo a riesgo de que mucha gente se va a molestar mucho conmigo.

¿Piensa montar una oficina de exgobernador o una biblioteca?

—Sí. Pienso crear un “think tank”, un centro de pensamiento donde se invitan a personas de mucha pericia a proponer soluciones a problemas que vive el País y a analizarlos más allá de la discusión cotidiana y a proponer ideas.

¿Qué hará ahora? ¿Regresa con su familia a vivir a Caguas o a Coamo?

—Estamos alquilandopor acá (área metro) ahora. La casa de Caguas está alquilada y algún día volveremos a Coamo (refleja chispa en los ojos). Voy a sembrar, voy a volver a ser agricultor y voy a volver a ser abogado. Vuelvo a dar clases en la facultad de Derecho, un curso sobre Derecho Civil.

¿Se quedará activo en la política?

—Sí, pero en muchísimo menor grado. No como candidato. No me visualizo como candidato. Me siento súper honrado de haber sido gobernador de mi País.

Busca mañana solo en ELNUEVODIA.COM la segunda entrega de la entrevista a García Padilla en la que destaca los cambios en su vida familiar desde que tomó las riendas del País. 


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