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Soto sufría problemas del corazón. (Luis Alcalá del Olmo)

Arroyo - Antonio “El Cuchin” Soto Díaz se puso muchos sombreros en su vida: vendedor de automóviles, barbero y hasta apoderado de equipos de béisbol en pequeñas ligas.

La mayor parte del país, sin embargo, lo conoció como senador y protagonista de situaciones que lo obligaron a salir en desgracia de su cargo en la Legislatura.

Por eso, durante su velatorio en Centro de Convenciones de Arroyo, uno de sus siete hijos, Anthony Soto Rivera, reclamó al país que se centrara en reconocer el lado positivo de su fenecido padre.

“Vamos a recordar las cosas positivas, no las negativas”, suplicó lloroso Soto Rivera, a quien muchos conocen cariñosamente como Papulín.

Luego, en un aparte con la prensa, después de un servicio religioso como parte de las exequias del exlegislador, recordó que su padre dejó claro que al morir no quería ser velado, por lo que reconoció que con la ceremonia recién concluida lo desobedecía.

“Te pido perdón, pero muchas personas querían verte”, sostuvo mirando el cielo.

A preguntas de los periodistas, Papulín recalcó el don de gente de su progenitor en diferentes facetas de la vida, incluyendo su periodo como senador del Partido Nuevo Progresista por el distrito senatorial de Guayama.

“Era de los pocos senadores que sacaban de su tiempo para saludar a los empleados. Era una persona normal, un obrero y fue allí (a la Legislatura) a hacer amistades y a ayudar”, puntualizó.

“Él no tenía la necesidad de entrar al ambiente de la política”, agregó, al describirlo como “el mejor padre del mundo”.

El expresidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, figuró entre altos líderes del PNP que acudieron al velatorio de Soto Díaz, quien falleció el lunes, a causa de un fallo cardiaco.

Para Rivera Schatz, el ambiente que permeó en el salón principal del Centro de Convenciones de Arroyo, donde se encontraba el ataúd abierto con los restos del exlegislador, se resumía en una frase: “quien no lo conoció, se lo perdió”.

“Su carácter lo ubicó en situaciones que estaban al margen de la ley y la ética, lo que fue lamentable, pero independientemente de eso era un buen ser humano”, subrayó Rivera Schatz.

Al velatorio de El Chuchin asistieron también el exsenador Héctor Martínez y el exrepresentante Rolando Crespo, quienes también culminaron sus carreras legislativas acusados por violaciones de ley.

“Si no hubiera venido aquí tendría un gran cargo de conciencia”, dijo Crespo. “Lo conocí como una persona jocosa, servicial y pintoresca, pero de buen corazón”, destacó.

Otros que llegaron a rendir tributo póstumo a Soto Díaz lo conocieron en facetas no vinculadas a su corta carrera política.

Entre esos estaba el exalcalde de Arroyo, Basilio Figueroa, quien se crió con El Chuchin en el barrio Pitahaya de ese pueblo. Figueroa dijo recordarlo como el apoderado de un equipo de béisbol de niños, cuando, en plena adolescencia, ya mostraba sus dotes de liderato. También lo recordó como barbero del equipo.

“Cuando fui alcalde ayudó a acelerar el proceso de permisología en muchos proyectos”, agregó Figueroa.

Néstor Lopés, su cuñado, mientras, resaltó su generosidad. “Él no tenía nada de él. Recuerdo su jovialidad, su alegría. Cuando llegaba a las reuniones de familia era una alegría inmensa”, sostuvo.

Cuando se le preguntó por los problemas legales que enfrentó Soto Díaz y que lo obligaron a renunciar a su escaño, respondió: “nunca miré para allá”.

Entre la gente de pueblo que lamentó la muerte de Soto Díaz se sumó Ismael Pabón, quien contó que también creció con él en Arroyo. “Era una persona emprendedora, con mucha iniciativa e hizo muchas cosas en su vida personal. También hay situaciones que muchas veces no estamos preparados para absorber todo ese cambio”, afirmó Pabón.

Clarita Hernández, quien fue de las primeras en llegar al velatorio, también elogio a Soto Díaz. Contó que lo conoció cuando ella trabajaba como secretaria de un médico. “Era encantador, humilde, bueno y cariñoso. Siempre fue bien dulce conmigo”, destacó.

El 15 septiembre del 2011, Soto Díaz renunció a su escaño al Senado por el Distrito de Guayama, en medio de dos investigaciones éticas en el Senado, tras declarar públicamente que le habían regalado un automóvil Bentley, pero posteriormente alegó que se trataba de una broma.

Soto Díaz, de 66 años, enfrentó una querella por irregularidades en los informes financieros que sometió ante el Departamento de Hacienda y la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), en torno a los ingresos y gastos de su campaña.

El pasado 10 de diciembre, se declaró culpable de cargos de evasión contributiva, enriquecimiento ilícito, falsedad ideológica y de violar la Ley de Ética Gubernamental. Logró un acuerdo con la Oficina del Fiscal Especial Independiente (FEI), que evitó pena de reclusión, pero debía restituir unos $200,000 al Departamento de Hacienda, al FEI, pagar la pena especial de delitos graves al tribunal y devolver unos $2,106 en dietas, al Senado.

Soto Díaz estaba pendiente de ser sentenciado el 29 de este mes, por cargos de evasión contributiva y por cobrar dietas legislativas de forma ilegal.

A su velatorio también asistió la exalcaldesa de Guayama, Glorimari Jaime; el alcalde de Arroyo, Eric Bachier y el alcalde de Aibonito, Willie Alicea.

Al exsenador le sobreviven siete hijos: Yadira y Juan Gabriel Soto Martínez, Antonio y Anthony Soto Rivera, Gladimar y Anthony Soto Lopés, así como Jinell Soto Figueroa. Al momento de su muerte, Soto Díaz estaba casado con Agnes Lopés Santiago. Los restos de Soto Díaz serán cremados, dijo Aisar Atiles, de la Funeraria Anaya, encargada de las exequias.


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