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Las peleas políticas en el llamado “gobierno compartido” agudizaron la recesión económica que recién comenzaba con el cierre de muchísimas empresas tras la culminación de los beneficios contributivos que daba la Sección 936 del Código de Rentas Internas estadounidense.

La situación llevó al cierre del Gobierno durante las primeras dos semanas de mayo de 2006. Desde entonces la economía en la Isla ha ido en picada, salvo por algunos periodos cortos.

Según el economista  Gustavo Vélez, quien era asesor de Aníbal Acevedo Vilá para entonces, el cierre  fue muy detrimental puesto que aceleró significativamente el deterioro económico que, en mayor o menor grado, se veía venir desde hacía unos años.

 El propio exgobernador  Acevedo Vilá admite que el cierre tuvo un efecto psicológico que detuvo la economía.

El escenario, sin embargo, obligó a que el Gobierno tomara algunas determinaciones que se habían pospuesto por razones electorales. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, que venía por más de una década operando con subsidios, aumentó sus tarifas, de manera que las operaciones se tornaron autosuficientes.  

El 2006 es el año que marca el inicio de la depresión económica que aún existe en Puerto Rico. El clima económico cambió por completo. Vélez explicó que durante el cierre se contrajo el comercio y la banca, que se abastecía de los depósitos de los 274,000 empleados que tenía el Gobierno para ese año.

Las proyecciones de mejoría económica para los años fiscales subsiguientes no se materializaron.


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