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Un jurado de seis mujeres y seis hombres encontró esta noche a Neftalí Castillo Cabrera culpable de la muerte del voleibolista Jesús Hernández Otero, ocurrida el 19 de marzo de 2014.

En una decisión de 9 a 3, el panel de juzgadores determinó que el hombre cometió asesinato en segundo grado, un delito menor al cargo de asesinato en primer grado que le imputaba el Ministerio Público.

El asesinato en primer grado contempla una pena de 99 años de prisión y el asesinato en segundo grado, 50.

El jurado también lo encontró culpable -de forma unánime- de un cargo de destrucción de prueba por tratar de disponer del vehículo de la víctima y de una violación a la Ley de Armas por matar a su amigo con un cuchillo.

Castillo Cabrera escuchó el veredicto tranquilo al lado de su abogado, Antonio Sagardía de Jesús, pero su mamá Ana Cabrera y la mamá de la víctima, Leticia Otero, sollozaron al escuchar los laudos del jurado.

El panel de juzgadores, además, autorizó la imposición de dos agravantes contra el ahora convicto por cometer el crimen con un cuchillo y mostrar en el acto un grave menosprecio por la vida.

Los agravantes tienen el efecto de aumentar la sentencia de un convicto.

El jurado, que deliberó por tres horas, sin embargo, no evaluó el agravante de crimen de odio solicitado por los fiscales José Virella Santana, Enrique Rivera Santana, Miguel Alameda Ramírez y María del Mar Ortiz porque la jueza Vivian Durieux Rodríguez entendió que ese agravante no se desprendía de la prueba sino que se alcanzaba mediante inferencias como reconoció el Ministerio Público.

"El agravante tiene que surgir (de la prueba) con mediana certeza", apuntó la jueza al acoger la objeción del abogado defensor y recordar que el coraje de la víctima, según la prueba, surgió porque se sintió engañado.

En su confesión, Castillo Cabrera señaló que atacó a su amigo con un cuchillo cuando se percató de que éste lo había engañado a través de la red social de Facebook haciéndose pasar por una mujer de nombre Johana.

Antes de retirarse a deliberar, el jurado escuchó las argumentaciones del Ministerio Público y la defensa.

Los fiscales insistieron en que el acusado premeditó la muerte de su amigo cuando en voz alta indicó a Luis Llanos, otro amigo que lo acompañaba la noche del crimen: "le llegó el día de su muerte".

La defensa, por su parte, insistió en que el acusado sintió coraje y actuó sin pensarlo cuando se percató de que su amigo lo había engañado haciéndose pasar por mujer.

Fuera de sala, la mamá de la víctima se expresó aliviada con la determinación.

"Se hizo justicia para mi hijo y para el fiscal Alameda. Este sufrimiento ya va a terminar...", apuntó.

Sin embargo, no coincidió con la decisión de la jueza de denegar el agravante de crimen de odio.

"Entiendo que debió haberse dado. Entiendo que es tiempo de que este odio termine porque mi hijo no ha sido el único. Queremos que esto pare, que no haya casos futuros", afirmó.

El activista de derechos de los homosexuales, Pedro Julio Serrano, apuntó que el desenlace demuestra que todavía existe homofobia que hay que erradicar a través de la educación.

"Nadie se busca ser asesinado. El hecho de que haya una convicción en segundo grado determina que todavía hay una homofobia en nuestro país que no puede entender que, no importa las circunstancias que se den, nadie tiene el derecho a quitarle la vida a nadie. Así que realmente, aunque se hace justicia y se encuentra culpable a un asesino confeso, no se hace justicia porque, primero no se aceptan los agravantes de crímenes de odio, y por otro lado, se logra una convicción de segundo grado".

El fiscal Alameda Ramírez, por su parte, se mostró satisfecho con el desenlace porque se hizo justicia con Hernández Otero y su familia.

Sobre el agravante de odio, indicó que el Ministerio Público lo presentó y argumentó, pero que se trataba de una prerrogativa de la jueza aceptarlo.

"El Ministerio Público no ha fallado. Estamos hablando de personas que no conocen de derecho y que, a base de la prueba, toman una determinación, pero el Ministerio Público no falló en ningún momento", apuntó.

Mientras que el licenciado Sagardía de Jesús calificó la decisión como un triunfo y se expresó contrariado con la decisión de la jueza de no ofrecer al jurado la instrucción para que evaluara si su cliente había cometido un asesinato atenuado bajo un súbito arrebato de cólera.

"En un caso con una confesión por escrito donde el fiscal tiene un caso montado de un primer grado, un segundo grado para mí es un triunfo", apuntó.

"Si da la instrucción de atenuado, este caso baja a atenuado. Al jurado se le nota en los ojos que estaba enmarcado en un caso de primero y segundo grado, si se le daba la opción de un atenuado para que pasaran juicio por el arrebato de cólera, otro hubiera sido el cantar", apuntó.

También insistió en que el Ministerio Público no presentó evidencia para sostener el agravante de crimen de odio.

"En Puerto Rico no hay crímenes de odio, cuántas veces se dice el mismo error. En Puerto Rico hay agravantes de odio y la prueba que desfiló no estableció, y la juez lo certificó, que el móvil de los hechos fuera su orientación sexual. Neftalí lo sabía. Eran amigos. Aquí lo que provocó esto fue lo de Johana", afirmó.


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