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Con pesar y lágrimas, familiares de los confinados que murieron ahogados ayer en el barrio Sabana Hoyos, en Arecibo, han llegado durante el día al Instituto de Ciencias Forenses (ICF) para identificar los restos de sus parientes.

Edgardo Cabrera Barreto, José Mulero López, Gerardo Alicea Rivera, Roberto Weir Rivera, Ángel Rosario Miranda, Víctor Cosme Sáez, José Canales Velázquez  y Juan Huertas Cumba fallecieron ayer luego de que un golpe de agua arrastrara la guagua del Departamento de Corrección y Rehabilitación que los transportaba.

Haydé  Rivera Nazario, madre de Alicea Rivera, de 21 años, indicó que desde que vio las noticias anoche pudo identificar a su hijo.

“Él era el que estaba sentadito solito en la guagua”, relató a El Nuevo Día.

Explicó que el joven estaba detenido como parte de un procedimiento bajo la Ley 67. Ayer, un juez  lo había autorizado a asistir a un programa de rehabilitación, dijo la mujer.

Alicea Rivera cumpliría mañana 22 años.  Ramón Alicea, tío del joven, dijo que éste estaba conforme con entrar al programa de desvío.

Por su parte,  otra de las víctimas Cosme Sáez era un obrero de construcción de 40 años y con residencia en Naranjito. Había sido sumariado por violaciones a la Ley 54 luego de que presuntamente golpeara a su esposa luego de una discusión.

Mientras que Huertas Cumba, un ebanista de 42 años y residente en el barrio Palomas de Comerío, había sido liberado ayer en la mañana luego de 13 días de cárcel. Al no poder ser liberado en Bayamón, era transportado hasta la cárcel de Sabana Hoyos en Arecibo donde familiares lo esperaban para su excarcelación.

“Cuando llego allí, me percato de que algo pasó. Había un corre y corre“, indicó a El Nuevo Día Antonio Rivera, cuñado de Huertas Cumba quien se encontraba junto a su esposa y hermana del infortunado, Lisbeth Huertas, y el padre de la víctima, Juan Huertas Díaz en espera por la liberación de Huertas Pumbas.

Canales Velázquez era residente de  Vega Alta y sumariado por Ley 54; Rosario Miranda, del barrio Bajura Cuatro Calles de en Vega Alta, quien estaba sumariado también por Ley 54, y Mulero López, de 30 años y residente en el barrio Santa Olaya en Bayamón, quien estaba preso por escalamiento.

La madre de Mulero López, Maritza López, fue quien identificó el cuerpo.

Hubo negligencia, los guardias no lo quisieron salvar. El no era un animal. Allí iban seres humanos. En verdad lo hicieron mal”, denunció la mujer.


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