El caso contra Áurea Vázquez Rijos se lleva a cabo en el Tribunal federal del Viejo San Juan. (GFR Media) (semisquare-x3)
Áurea Vázquez Rijos. (GFR Media)

Desde el banco de los testigos, Alex Pabón Colón, asesino confeso de Adam Anhang, señaló a Áurea Vázquez Rijos como la persona que lo contrató para cometer el crimen y declaró que también quería que acabara con la vida de otras personas.

“Ella me hablaba de que quería matarlo por una fortuna que tenía el canadiense”, sostuvo Pabón Colón. “… Y me habló con Marcia (Vázquez Rijos) y José (Ferrer) sobre asesinar al canadiense”.

“Ella me decía que cuando lo matara a él, que lo hiciera como si fuera en forma de un asalto, que pareciera algo real”, agregó desde la sala del juez Daniel Domínguez.

Luego, la fiscal federal Jennifer Hernández le preguntó por qué en las cartas que envió a través de amigos para cobrar indicaba la cantidad de $200,000 y no los $3 millones que había testificado que le ofrecieron.

Explicó que le iban a pagar "en cantidades de $100,000, $50,000, $200,000… poco a poco, a través de meses o años”.

“En la conversación que tuve con ellos, ella quería tenerme retenido, quería retenerme a mí, porque quería que le hiciera otros trabajos más, además del canadiense”, afirmó.

En este juicio, Vázquez Rijos está acusada de liderar una conspiración para el asesinato de Anhang, su esposo. También está acusada su hermana, Marcia, y el entonces novio de esta, José Ferrer Sosa.

Recuerda cómo se conocieron 

Alex Pabón Colón entró esta mañana sereno a la sala del juez federal Domínguez como el segundo testigo de la fiscalía.

Vestía el mameluco crema que usualmente llevan los sumariados federales. También tenía una camisa anaranjada y espejuelos negros.

Caminó como pudo con las cadenas a los tobillos y que resonaban, pues la sala casi llena acababa de hacer un profundo silencio cuando la fiscal anunció su nombre.

Tan pronto se le pidió que identificara a las personas sobre las que hablaba, señaló directo a Áurea, Marcia y José. Ante objeciones de los abogados, el juez Domínguez le pidió que se acercara y, desde la mitad de la sala, apuntó a los tres con el índice de su mano derecha y el brazo lo más extendido que pudo.

Después de explicar que los tres acusados se convirtieron en sus clientes en la venta de drogas, Pabón Colón contó que con el tiempo le comenzaron a preguntar sobre “el bajo mundo” y que le llegó a presentar sus jefes en la actividad del narcotráfico.

Asimismo, Pabón Colón dijo que Áurea también le preguntó por su participación en la producción de música del género del reguetón, en la que él también indicó estar involucrado.

Señaló que Áurea hablaba de “su gente poderosa, de los abogados (Jorge) Gordon y (Edwin) Prado. También conversaba sobre un escort service de prostitución y de un romance que tuvo con el cantante Don Omar, y de una conexión que tenía con Angelo Millones”. (narcotraficante)

Sobre el acuerdo

Antes del día del asesinato, Pabón Colón precisó que los tres acusados le comenzaron a hablar de que Anhang maltrataba a Áurea y que tenían problemas matrimoniales.

“Me pidieron que le dieran una pela al canadiense”, dijo Pabón Colón.

“Sobre darle una pela al esposo, ¿qué otra conversación tuvieron sobre eso?”, le preguntó Hernández.

“De matar al canadiense”, agregó.

Luego relató que los tres acusados le hablaron sobre el asesinato, primero en el negocio de Áurea, Pink Skirt, en el Viejo San Juan, y luego en El Hamburger, en Puerta de Tierra.

Señaló que el hermano de Áurea, Charbel Vázquez Rijos, se quedó en el negocio, donde dijo que había dejado su saxofón.

“Sobre esas conversaciones, dijo que le pidieron que usara una pistola y le ofrecieron $5,000 para comprarla, pero Pabón Colón no quiso para que no fuera detectado”, declaró.

Añadió que, “entonces, me dijo que cuando hiciera el asalto, le disparara a ella en el hombro y en la pierna o le diera un culetazo en la cabeza, pero que se viera algo real, algo profesional, pero que, si fuera por un disparo, se vería algo más real”.

“Cuando hablamos, me ofrecieron dos millones y José le dijo a ella que eso es bien poco, así que me ofrecieron $3 millones”, abundó Pabón Colón, quien afirmó que aceptó la oferta.

Frío relato

A lo largo de su testimonio, en el que describió la forma en que apuñaló a Anhang, Pabón Colón habló calmadamente, pausado y ofreciendo más detalles de lo que se le solicitaba.

No había un ápice de nerviosismo en su voz.

Como no conocía a Anhang, Pabón Colón dijo que, tras comer en un restaurante del Viejo San Juan, Áurea “me iba a enseñar cuál era la víctima para que cometiera el delito… eso nos beneficiaría a nosotros y a ella”.

Sobre el día del asesinato, el 22 de septiembre de 2005, declaró que Ferrer Sola le informó que ya Áurea estaba en el restaurante con Anhang.

“Me quedé esperando a que Áurea y (el) canadiense salieran. Venían caminando por la calle Fortaleza…. Llegaron a la esquina de la Tanca  y me hace señal de que ahí está el canadiense”, testificó Pabón Colón, haciendo un movimiento girando la cabeza hacia su hombro derecho.

Indicó que, como no pudo obtener la pistola, entró al restaurante Guarionex y de allí se robó un “cuchillo de chef”, guantes de goma y una bolsa de papel.

“Me armo y me quedo esperando a que llegaran más cerca.  Cuando me veo, me hace señal como que ese es blanco”, sostuvo Pabón Colón, quien los seguía desde la acera contraria.

“Cuando llegan a la calle San Justo, se paran en la esquina con la calle Luna… Ella le enseña un edificio y cruzo. Siento un adoquín como suelto. Me doblo y lo cojo… lo hecho en la bolsa de papel. Cuando voy a acercarme a ellos cojo un celular como si estuviera hablando por teléfono”, continuó. “Suelto el teléfono, me acerco a ellos y le digo que esto es un asalto… en inglés, porque ella me había dicho días antes que hablaba en inglés”.

“El hombre se asusta y él me tira un puño en la cara. Empuja a Áurea y le dice: ‘Run baby, run’ (Corre, bebé corre)”, declaró.  “Mi reacción es que lo cojo por la camisa y le doy con la piedra”.

“Saco el cuchillo y me le tiro como alma que lleva el diablo…”, añadió Pabón Colón. Después ofreció un crudo testimonio de cómo le causó las heridas a la víctima en varias partes del cuerpo, en medio de lo que describió como “un combate”.

“Áurea estaba parada, mirando, sin decir nada. Me paré y le di un cantazo en la cabeza. La sangre chispoteó. Pensé que la había matado también”, dijo.

Pabón Colón dijo que vio que un amigo suyo que trabaja en La Cochera lo vio y que también alguien le gritó desde otro piso para que soltara, pues el ataque duró varios minutos.

“En la desesperación no le pude quitara la cartera… Días antes me habían dicho que le quitara una tarjeta negra si era necesario”, expuso Pabón Colón, quien aseguró que no se pudo llevar nada, ni siquiera el cuchillo.

“Fue algo rápido, loco”, afirmó.

Relató que en ese momento corrió por la calle San Justo hasta llegar a su casa en La Perla, donde se bañó y cambió de ropa.

Según su testimonio, al salir de La Perla, se encontró con un amigo y se soltó el pelo que tenía “largo” y que al momento del crimen tenía amarrado en un moño. Describió que también había usado una gorra y un abrigo de mahón de manga larga.

Añadió que en ese momento llamó a su amigo Derek Osterman, quien testificó la semana pasada, quien lo recogió y a petición suya recorrieron varias calles del Viejo San Juan, trayecto en el que le confesó lo que había hecho.

Luego, según Pabón Colón, con la ayuda de Osterman, se escondió por más de dos años.

“(Se escondió) desde 2005 hasta el 3 de abril de 2008… cuando me cogieron en la calle Guayama de Hato Rey. Fue el FBI”, contó.

Destacó que Osterman no le quiso llevar las cartas de cobro para los tres acusados, por lo que se las dio a un amigo que identificó como “Tito”, quien tenía una barbería frente al lugar donde se escondía.

Asimismo, dijo que entendía que todas las cartas devueltas habían sido destruidas, pero que “Tito” lo “traicionó” al quedarse con la última.

Señaló que por esa misma posibilidad fue que usó un lenguaje en “clave” en las cartas, que no mencionan directamente la palabra asesinato, sino que hace referencias al cobro deundinero que le deben por un trabajo que les hizo.

“Mira lo que pasó. Cayó en manos de un amigo que me traicionó”, dijo Pabón Colón mirando al jurado. “Si hubiera dicho que era por el asesinato estaría más jo… Perdonen la palabra”.

Fue entonces que describió la forma en que supuestamente iba a recibir los pagos “poco a poco, a través de meses o años”.

“El dinero me dijo que podía venir a través de amistades y esperar a que se cobrara… cómo lo explico… lo del canadiense… lo que le tocaba por pelear lo del canadiense”, afirmó.

El juez Daniel Domínguez decretó un receso de almuerzo, después del cual la abogada de la defensa, Lydia Lizarribar, interrogará al testigo.


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