Áurea Vázquez Rijos, José Ferrer Sosa y Marcia Vázquez Rijos. (GFR Media) (semisquare-x3)
Áurea Vázquez Rijos, José Ferrer Sosa y Marcia Vázquez Rijos. (GFR Media)

Fue un cierre atípico para un caso fuera de lo común. Pero el final era esperado.

En una tensa y contenciosa vista, Áurea Vázquez Rijos, junto a otros dos convictos, fue sentenciada ayer a pasar el resto de sus vida en prisión por el asesinato de su esposo, el empresario canadiense Adam Anhang, en septiembre de 2005.

Contrario a la rutina procesal que suelen tener las vistas de sentencia, las discusiones –incluyendo no legales–, así como diversos tipos de emociones encontradas e imputaciones, matizaron la audiencia desde temprano en la mañana hasta el mismo momento en que cerraron los portones del Tribunal Federal del Viejo San Juan.

El juez Daniel Domínguez impuso dos cadenas perpetuas a Vázquez Rijos, mientras que dictó una cadena perpetua a Marcia Vázquez Rijos y otra a José Ferrer Sosa.

El momento culminante en la vista fue el intercambio en la sala entre Áurea y el padre de la víctima, Abraham Anhang.

“Espero que estés feliz ahora”, le dijo Áurea a Abraham.

“Ay, ¡cállese!”, le contestó Abraham.

“Abogada, ¿su cliente acaba de decirle algo al padre de la víctima?”, preguntó Domínguez.

“Sí, su señoría, y él le contestó”, contestó Lydia Lizarríbar, representante legal de Áurea.

El intercambio surgió cuando Abraham regresaba al banco después de acompañar al podio a Barbara y Rebecca, madre y hermana menor de Adam, para expresarse antes de que se dictara la sentencia.

“Cuando nuestro hijo tenía 32 años y fue asesinado… nuestro mundo fue destruido, literalmente”, expresó Barbara.

“Los acusados no han presentado remordimiento… es porque no tienen alma”, agregó. “Se han ganado la máxima sentencia de vida en prisión”.

Por su parte, Rebecca comenzó por recordar la niñez que compartió con su hermano mayor y sus cualidades que la familia extraña hace 14 años.

“Por estos acusados, la pesadilla de mi familia nunca terminará…”, manifestó. “Cuando estos acusados mataron a mi hermano mayor Adam, ellos destruyeron mi mundo entero. Se merecen nada menos que pasar el resto de sus vidas en prisión por hacerlo”.

Abraham no habló en la sala, pero al salir del tribunal dijo: “No estamos felices con que esta gente tenga que ir a la cárcel, pero tienen que ir. Es una tragedia para su familia, como para la de nosotros”.

Cuando se le preguntó si este resultado finalizaba la historia, Abraham dijo que “no”, porque falta el juicio separado que enfrentará el hermano de Áurea, Chalbert Vázquez Rijos, quien fue acusado de mentir al gran jurado.

“Esperemos que después de todo, termine”, acotó.

Descargaen la sala

Áurea escuchó la sentencia mirando fijamente al juez, en postura erguida, de pie, al lado de sus abogados y vestida con un mameluco verde. En algunas ocasiones, se secó las lágrimas mientras el juez explicaba los detalles de la condena.

Poco antes, al dirigirse al tribunal, Áurea reiteró su inocencia y se volteó hacia Abraham para acusarlo de encabezar una campaña en su contra para “asesinar su carácter”.

“Pueden destruirme, pero nada va a traer a Adam de vuelta. Usted perdió algo, pero yo también. Una parte de mí murió”, expresó Áurea mirando a Abraham. “Aunque fui a buscar ayuda a una institución sicológica, nunca pude sanar, y para lograr mi angustia, me persiguió año tras año”.

El padre de Adam Anhang a su llegada al Tribunal federal en el Viejo San Juan.
El padre de Adam Anhang a su llegada al Tribunal federal en el Viejo San Juan.

Agregó que “en Italia ofreció dinero a gente para que hablara de mí. Tengo prueba de eso. Mandó fotos a la escuela de mis hijas”.

“Cuánta gente más tiene que morir para satisfacer su venganza, como Carlos Cotto Cartagena para que no testificara, porque era el único que estaba allí. Fue asesinado y no permitieron informárselo al jurado ni presentar su testimonio”, alegó Áurea.

Se refería al abogado que presenció el asesinato de Adam. En 2005, Cotto Cartagena llegó a señalar como asesino a Jonathan Román, quien resultó convicto, pero luego fue liberado cuando Alex Pabón Colón declaró haber matado a Adam por acuerdo con Áurea, en coordinación con Marcia y José.

Pero Cotto Cartagena murió en los últimos días del juicio contra Áurea al caer de un edificio en circunstancias que causaron especulación. Las autoridades estatales resolvieron que la caída fue accidental.

Después de escuchar ayer a su hija en la sala, la madre de Áurea, Carmen Rijos, dijo afuera del tribunal que no le sorprendió la sentencia.

“Yo me lo esperaba. El juez estaba contaminado desde la (demanda) civil (en 2006). No le daba chance a ella ni a la defensa para nada”, dijo Rijos.

“Hay justicia para personas de mucho dinero, pero para el pobre no”, añadió Rijos, quien anticipó que a Charbel “le harán lo mismo”.

Debate por sentencia

Desde que arrancó la vista, se desataron diversos debates por varios argumentos de la defensa en contra de la imposición de la cadena perpetua.

Además de alegar que se cometieron errores en las instrucciones al jurado, que debían dejar en –al menos– 10 años la condena, la defensa de Áurea intentó establecer límites al tribunal por el acuerdo para extraditar a Áurea desde España, donde fue arrestada en 2013.

Con la objeción de la fiscalía, la abogada de Áurea tuvo vía teleconferencia al abogado español Isaac Abad Gómez, quien representó a Áurea en la vista de extradición en Madrid. Indicó que la orden de la Audiencia Nacional española disponía que Áurea no podía enfrentar pena de muerte ni cadena perpetua.

“Cualquier persona que es extraditada de España al país que reclama, como en este caso Estados Unidos, tiene que aceptar que no se le va a imponer una pena que sea contraria a la ley española, y la pena de muerte y la cadena perpetua son contrarias a la ley española”, declaró Abad Gómez.

“Ese es el compromiso que hizo Estados Unidos. Obviamente, el tribunal tiene la libertad (de decidir) lo que quiera. Eso puede comprometer las futuras extradiciones”, expuso.

Por su parte, la jefa de la fiscalía federal, Rosa Emilia Rodríguez, reaccionó a su salida del tribunal, asegurando que esa condición nunca fue acordada.

“España no nos estaba imponiendo que el juez sentenciara de una forma en particular”, mantuvo. “Obviamente, quitamos la pena de muerte para poder traerla”.

Señaló que, de no haber estado el acuerdo, “definitivamente esto era un caso para pena de muerte”.

De otra parte, los abogados de la defensa reiteraron en varias ocasiones durante la vista que apelarán.

“La defensa apelará el proceso, juicio y sentencia de Áurea Vázquez Rijos. La sentencia viola el acuerdo de extradición entre España y Estados Unidos. Además, entendemos que viola los derechos de Áurea al amparo de la constitución de Estados Unidos y los derechos que la cobijan”, indicó Lizarríbar. 

Por otro lado, además del planteamiento de la instrucción al jurado, los abogados de Marcia y José recalcaron que la prueba presentada en su contra fue insuficiente para probar su culpa.

Además, intentaron atar ese reclamo al “grado de culpabilidad” atribuido a ambos, para tratar de persuadir al juez de que le correspondía una sentencia menor. Pidieron diez años de prisión para cada uno.

“Lo mandatorio (por la ley) es vida en prisión”, afirmó Domínguez.


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