Abraham Anhang, padre del empresario canadiense, a su llegada al Tribunal federal en el Viejo San Juan. (semisquare-x3)
Abraham Anhang, padre del empresario canadiense, a su llegada al Tribunal federal en el Viejo San Juan. Es la primera vez que asiste durante el juicio. (Alex Figueroa Cancel)

Frente al padre de Adam Anhang, Abraham, la sicóloga Alexandra Ramos leyó hoy las palabras que Áurea Vázquez Rijos le dirigió cuando el canadiense dijo que decidió someter la demanda de divorcio.

“Solo trata… No te dejaré ir tan fácil”, expresó Vázquez Rijos, según lo escribió la sicóloga en las notas de la sesión.

Ramos fue la primera de dos testigos que declararon esta mañana en la sala del juez Daniel Domínguez, en el Tribunal federal en el Viejo San Juan.

Vázquez Rijos está acusada por encabezar una conspiración para el asesinato de su esposo, Adam. También están acusados su hermana, Marcia Vázquez Rijos, y su excuñado José Ferrer Sosa.

El padre del empresario canadiense, asesinado el 22 de septiembre de 2005, asistió hoy por primera vez a una vista del juicio federal.

En el 2007, estuvo presente durante el juicio estatal, en el que resultó convicto Jonathan Román Rivera, quien fue liberado cuando Alex Pabón Colón confesó el crimen al Negociado Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Abraham llegó sin ofrecer declaraciones y escuchó quieto desde el banco del público el testimonio de Ramos, que no distó mucho de lo que se había escuchado de su versión en el juicio estatal en el 2007.

Ramos reiteró que recibió a Adam y a Áurea en cinco sesiones antes de determinar si se debía entrar en terapia matrimonial.

Tres de las sesiones fueron con los dos, mientras que tuvo una sesión individual con Adam y con Áurea.

Señaló que la solicitud para iniciar el proceso había sido a pedido de la madre de Áurea, Carmen Rijos. En el tribunal, el juez no permitió preguntar quién pagó por el servicio, a petición de los abogados de la defensa.

Ramos indicó que desde el principio Adam se mostró molesto y preocupado por la relación, porque su familia desconocía que se había casado, que ella no era judía y que las condiciones establecidas en el acuerdo prenupcial no dejaban ningún tipo de herencia para su familia.

El acuerdo prematrimonial disponía que, si uno de los dos fallecía, el sobreviviente recibiría un tercio de la fortuna que tenían antes de casarse. Como el documento establecía que el canadiense tenía una fortuna valorada en $24 millones, en esa eventualidad, Áurea recibiría $8 millones.

La doctora contó que las opciones que Adam planteaba era divorciarse, entrar en terapia de pareja y luego casarse de nuevo. En ese proceso, esperaba que ella se convirtiera al judaísmo y entonces presentársela a su familia.

En caso de que no se casaran otra vez, Adam planteó compensarla económicamente.

En cambio, según Ramos, Áurea no tomabaen serio las sesiones ni ofrecía soluciones de su parte.

Al leer las notas que tomó durante las sesiones, la doctora también declaró que Áurea no tomó en serio cuando Adam expresó que un síquico le había dicho que moriría en el 2005.

Según Ramos, Áurea le cuestionó si él tenía el virus de HIV y que si él había contratado a un gatillero.

De su parte, testificó Ramos, Áurea le planteaba que las preocupaciones de Adam respondían a que él era inseguro, que sentía celos por ella, que ella no confiaba en él porque le había sido infiel en el primer año de noviazgo, que no entendía la preocupación religiosa porque ya había aceptado convertirse al judaísmo y no veía la necesidad de divorciarse.

Más aún, dijo Ramos, Áurea entendía que, si se divorciaban, Adam no iba a querer casarse nuevamente, además de que ella sentía que él trataba de controlarla demasiado, especialmente en el lado financiero.

La última sesión fue el 22 de septiembre de 2005, el mismo día en que Adam fue asesinado.

Ramos dijo que ese día se dio por terminado su servicio porque Adam había decidido someter la demanda de divorcio y cortar todo contacto con Áurea.

Fue entonces que Ramos leyó las declaraciones que atribuyó a Áurea en respuesta a la intención de separarse de Adam: “Solo trata… No te dejaré ir tan fácil”.

Habla la asistente de Adam

La segunda testigo de la mañana fue Glorivil Rosario García, quien trabajó como asistente de Adam en su oficina.

Precisó que se enteró del asesinato por la cobertura noticiosa al día siguiente, 23 de septiembre, y que inmediatamente pensó en Áurea.

Sostuvo que llegó a la oficina a eso de las 8:00 a.m., donde ya estaba el socio de negocios de Adam, Roberto Cacho, y dos agentes de la Policía.

Según su testimonio, desde la oficina, en el vestíbulo del hotel Regency, en Condado, se podía ver el edificio de apartamentos a donde Adam se había mudado. Dijo que, desde allí, pudieron observar a Marcia y a la empleada doméstica de Áurea, Aixa Correa, sacando bolsas y cajas.

Relató que le avisó al agente de la Policía, José Miranda, con quien fue al lugar y entró al apartamento, donde pudieron observar que había un “reguero”, con gavetas y puertas de los armarios abiertos.

“Todo era un desorden… Había cosas en el piso”, dijo Rosario García, quien explicó que estaba familiarizada con el lugar porque había ayudado a Adam mudarse ahí y, en ocasiones, él le pedía que buscara alguna cosa en particular.

Al ser contrainterrogada, admitió que no sabía en qué condición estaba el apartamento el día antes.

La testigo también señaló que desde la oficina vieron a Ferrer Sosa acercarse al auto de Adam, marca BMW, en la mañana siguiente al asesinato.

A preguntas de la defensa, Rosario García admitió que desconocía si Ferrer Sosa tenía las llaves para el vehículo en ese momento, pero que fue llamado por el agente Miranda para ser interrogado dentro de la oficina.

En la pasada vista, Cacho dijo que Ferrer Sosa había sido dejado en el lugar por Charbel Vázquez Rijos, hermano de Áurea.

Durante la vista de hoy, Rosario García dijo que la última vez que habló con Adam fue el 22 de septiembre, a eso de las 5:00 p.m.

En su testimonio de hoy, no le pidieron que abundara sobre esa tarde, pero Rosario García sí habló más al respecto cuando declaró en el juicio estatal, el 24 de septiembre de 2007.

En aquel entonces, Rosario García dijo que Adam había llegado contento a la oficina, tras la cita con Ramos, porque “finalmente habían llegado a unos acuerdos económicos” en cuanto al divorcio.

Añadió que lo invitó para que cenara con ella y su esposo, pero que Adam declinó pues quería compartir con Áurea para ultimar pormenores del divorcio.

“Yo me preocupé, porque varias veces él (Anhang) me dijo que temía por su vida por los contactos y amistades del bajo mundo que su esposa tenía”, dijo Rosario García en aquel momento.

Adam Anhang Uster fue asesinado en el Viejo San Juan en septiembre de 2005. Estaba saliendo de un club nocturno cuando lo acuchillado y golpearon hasta la muerte.


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