La defensa quería interrogarlo sobre cuatro documentos que mencionó haber visto borrados con el nombre de “Áurea” en la computadora de Anhang. (semisquare-x3)
La defensa quería interrogarlo sobre cuatro documentos que mencionó haber visto borrados con el nombre de “Áurea” en la computadora de Anhang. (Ramón “Tonito” Zayas)

El juez Daniel Domínguez no le autorizó declarar al primer testigo de la defensa de Áurea Vázquez Rijos. Esta disputa consumió toda la mañana de hoy en la continuación del juicio federal por el asesinato del empresario canadiense Adam Anhang.

Este mismo día, la defensa comenzaba con la presentación de prueba a favor de sus clientes, pero confrontó dificultades. El nombre del testigo es Brandon Manzo, quien se dedica a realizar análisis forenses en dispositivos electrónicos digitales, como computadoras y teléfonos celulares.

El juez Domínguez le cuestionó a la defensa el por qué no tenían para hoy al testigo de hechos que se había anunciado el viernes pasado, a lo que la abogada de Vázquez Rijos, Lydia Lizarríbar, contestó que había tenido dificultades en contactar a dos testigos.

Por ello, llevó a dos que pudieran declarar como peritos, a lo que la fiscalía se oponía. Lizarríbar insistió en la necesidad de permitir que Manzo declarara para demostrar que alguien entró a la computadora de Anhang después de su muerte, según llegó a decir este analista forense durante el interrogatorio.

“Hay una bandera roja en este caso y es que en la computadora del señor Anhang hubo documentos que fueron borrados y modificados… que alguien no quisiera que se vieran”, sostuvo Lizarríbar durante la argumentación en sala.

El jurado no estuvo presente en la sala mientras los fiscales y abogados interrogaban a Manzo.

El fiscal José Ruiz cuestionó la falta de preparación académica de Manzo, mientras que la defensa destacó la cantidad de adiestramientos que ha recibido y los años que desempeñó ese tipo de labor para agencias federales y la milicia, así como en su propia compañía privada.

No obstante, Manzo no pudo dar detalles del único caso en el que dijo haber sido admitido como perito en un juicio federal, pues tampoco estaba en su resumé profesional.

La teoría de la defensa se mostró desde el día en que testificó el agente José Miranda, quien fue el investigador del asesinato de Anhang para la Policía en el 2005.

Miranda dijo que la computadora le fue entregada varios días después por Glorivil Rosario, quien fue la secretaria en la oficina de Anhang y el exsocio de negocios del canadiense, Roberto Cacho.

Domínguez dijo inicialmente que permitiría que se le interrogara específicamente sobre cuatro documentos que Manzo mencionó haber visto borrados con el nombre de “Áurea”.

Dijo que esos documentos fueron identificados como “Aurea Prenup”, “Aurea Proposal”, “Aurea Personal Guaranties” y “Charbel Personal Guaranties”.

Entonces, el fiscal Ruiz le preguntó si para hablar de lo que contenían esos documentos solamente podría “especular”.

Manzo contestó: “Sí, señor”.

Después de un receso, Domínguez dijo que en base a esa respuesta no podía permitir que declarara.

Lizarríbar contestó que era la prueba que tenía para demostrar que la evidencia fue “estropeada”.

“Pero es especulativo”, dijo el juez.

“No es especulativo el hecho de que se usó tras la muerte”, respoondió Lizarríbar. “El virus no puede crear documentos”.

“El testigo no puede declarar”, sentenció Domínguez.

El empresario Adam Anhang fue asesinado en septiembre de 2005 cuando salía de un restaurante. Su esposa Áurea Vázquez Rijos, de quien se estaba divorciando en ese entonces, fue acusada por conspirar para matarlo. También estás acusados de participar en el plan su hermana, Marcia Vázquez Rijos y el excuñado de Áurea, José Ferrer Sosa.


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