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Luis Gustavo Rivera Seijo, conocido como El Manco, está acusado por la muerte del niño Lorenzo González Cahcho. (Archivo / GFR Media)

El juez Carlos Salgado Schwarz no halló causa para enjuiciar a Luis Guillermo Rivera Seijo, mejor conocido como El Manco, por el asesinato del niño Lorenzo González Cacho.

Salgado Shwarz informó su determinación a las 4:44 p.m., después de plantear que este caso está plagado de una ausencia total de prueba física del imputado en la residencia del niño.

También mencionó que los documentos de excarcelación del imputado aparecieron en bolsa en el patio, pero Rivera Seijo dijo que los dejó en un zafacón.

El togado, entonces, agregó que “esto tiene que ser con prueba admisible en juicio".

Caso Lorenzo González Cacho

Además, afirmó que no puede imputar a la familia de Ana Cacho acción delictiva por limpiar la casa después que las autoridades se retiraron tras recopilar evidencia en el lugar de la agresión mortal al niño.

La decisión del juez ha generado una intensa ola de reacciones en redes sociales.

Ana Cacho abandonó llorando la Sala 403 del Centro Judicial de Bayamón.

Los fiscales solicitaron vista preliminar en alzada y se pautó para el 10 de mayo.

La determinación surge después de tres semanas de escuchar y evaluar la prueba presentada por el Ministerio Público.

El crimen del niño Lorenzo González Cacho ocurrió el 9 de marzo de 2010.

Al someter el caso ayer, los fiscales Aracelis Pérez Correa, Mario Rivera Géigel y Maricarmen Rodríguez Barea solicitaron 20 minutos para realizar una exposición, que tratará de enlazar la evidencia presentada, pero que no constituye prueba en el caso.

La defensa, compuesta por los abogados Mario Moczó González, Jesús Hernández Rivera y Lester Arroyo Crespo, de la Sociedad para la Asistencia Legal (SAL) también tendrá 20 minutos para presentar su posición y resaltar las debilidades en la teoría del Estado.

Largo proceso investigativo

Luego de una larga investigación, de conjeturas y del señalamiento de sospechosos que finalmente se descartaron, el pasado 8 de marzo, los fiscales presentaron una denuncia contra Rivera Seijo, imputándole el asesinato en primer grado del niño, de 8 años.

Según los fiscales, el hombre entró a robar a la casa en la calle Bruma, de la urbanización Dorado del Mar, donde Lorenzo vivía con su mamá Ana Cacho y sus dos hermanas. En ese intento de escalamiento, "con premeditación y utilizando un arma blanca, infligió varias heridas en el área del rostro del menor antes mencionado, causándole la muerte", reza la denuncia presentada contra Rivera Seijo.

Ante la mirada atenta y escéptica de los hombres y mujeres que a diario abarrotan la sala 403, los fiscales sentaron a declarar a 13 testigos, entre ellos Cacho, su hija mayor y el agente Morales.

La extensa lista de testigos y la duración del proceso judicial ha provocado cuestionamientos sobre la fortaleza de la prueba de la fiscalía.

En un proceso lento y a veces confuso, los fiscales han tratado de armar un complejo rompecabezas, que les tomó seis años en descifrar.

Han establecido que la noche del 8 de marzo de 2010, Rivera Seijo llegó al centro comercial aledaño a la urbanización Dorado del Mar. Esa noche los oficiales de la cárcel de Sabana Hoyos en Arecibo excarcelaron por error al hombre, que en ese momento enfrentaba cargos por la muerte de la persona sin hogar.

También ubicaron al imputado en la casa de Lorenzo a través de prueba circunstancial o los papeles de excarcelación, que aparecieron en el patio de la residencia después del crimen.

A esta prueba, se suma la confesión.

Rivera Seijo, quien padece esquizofrenia desde los 17 años, confesó que apuñaló a Lorenzo, con un cuchillo que tomó de la cocina, tres o cuatro veces porque "las voces le estaban diciendo que matara al niño", de acuerdo al agente Morales.

En su confesión, el imputado dijo que la hermana menor de Lorenzo, quien dormía a su lado cuando lo agredió, abrió los ojos y lo vio.

Sin embargo, esta admisión de Rivera Seijo contiene inconsistencias.

El FBI no recuperó el cuchillo en la residencia donde el Manco dijo que enterró la supuesta arma homicida y tampoco entrevistó a la hermana menor de Lorenzo, pese a que la niña podía ser una testigo ocular del crimen.

El Manco también dijo que dejó sus papeles de excarcelación en un zafacón de la residencia de Cacho, pero los documentos aparecieron en una bolsa plástica en el patio de la vivienda.

Además, en la casa de Cacho no aparecieron huellas dactilares, ni ADN de Rivera Seijo.


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