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Un gran jurado encontró culpables de soborno al exsenador penepé Héctor Martínez y al empresario Juan Bravo el 31 de mayo pasado. (horizontal-x3)
Un gran jurado encontró culpables de soborno al exsenador penepé Héctor Martínez y al empresario Juan Bravo el 31 de mayo pasado. (Archivo / GFR Media)

Ningún testigo estableció que el exsenador Héctor Martínez presentó dos medidas para favorecer al empresario Juan Bravo a cambio de un viaje a Las Vegas para ver la pelea de Félix “Tito” Trinidad el 14 de mayo del 2005.

La evidencia tampoco probó que Bravo recibió algún beneficio económico de esa supuesta transacción, ni que Martínez obtuvo una ganancia de más de $5,000 como imputó la acusación de soborno que enfrentó el dúo.

Debido a esa insuficiencia de prueba, los abogados María Sandoval, Reid Weingarten, Sonia Tores Pabón y Abbe Lowell solicitaron al juez federal Francisco Besosa que conceda una absolución perentoria a los dos hombres, que un jurado encontró culpables el pasado 31 de mayo. 

En una moción del 7 de julio, la defensa afirmó que los fiscales Peter Koski, Monique Abrishami y Gwendolyn Stamper volvieron a fallar “al no diferenciar entre una teoría permisible de soborno y una teoría impermisible de una regalía, el mismo error que llevó al Primer Circuito a revocar las convicciones del 2011”.

El Primer Circuito de Apelaciones de Boston revocó el primer veredicto de culpabilidad del jurado porque Besosa erró al no impartirle una instrucción específica que explicara la diferencia entre una regalía y un soborno.

Según el Apelativo, el artículo del Código Penal federal que los fiscales imputan al dúo solo criminaliza el soborno, no las regalías.

La diferencia entre ambos delitos está en la intención. Un soborno se realiza como parte de un acuerdo y con la intención de influenciar la conducta de un funcionario. Una regalía, sin embargo, es un regalo que se ofrece después del acto como un agradecimiento, no para influenciar.

Durante el segundo juicio, la fiscalía no probó quien pagó por los pasajes de avión a la llamada Ciudad del Pecado, un viaje que Bravo organizó con sus amigos y al cual Martínez se unió a última hora, entre otras incongruencias en la evidencia.


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