Áurea Vázquez Rijos es transportada al Tribunal Federal. (vertical-x1)
Áurea Vázquez Rijos es transportada al Tribunal Federal. (Luis Alcalá del Olmo)

¿Cómo Áurea Vázquez Rijos conoció al empresario canadiense Adam Anhang? ¿Cómo llegaron a casarse? ¿Qué pasó momentos después del asesinato? 

En estas preguntas se centró el testimonio del segundo testigo en el juicio en el que Vázquez Rijos, junto a otros dos coacusados, se enfrenta por conspirar para asesinar a su esposo, Anhang, en septiembre de 2005.

Roberto Cacho, quien fue socio de negocios en Puerto Rico del canadiense, relató hoy en el Tribunal federal del Viejo San Juan que la relación personal y de negocios entre ambos inició en Nueva York, en el año 2001.

Tiempo después en 2003 acudió a un restaurante con Anhang en donde conocieron a Vázquez Rijos, quien en ese entonces se presentó como Áurea Dominichi. La imputada llegó al lugar con un amigo de la infancia de Cacho.

“Ella dijo que tenía una especie de negocio y que se dedicaba a presentar personas a ejecutivos”, indicó el testigo, antes de que la defensa interrumpiera la línea de preguntas de la fiscal pidiendo acercarse a hablar en el estrado con el juez Daniel Domínguez.

Tras ese primer encuentro, Cacho sostuvo que no supo más de ella por varias semanas hasta que Anhang le comentó que estaban saliendo juntos.

Cacho dijo que luego Anhang le compró un auto Volkswagen del 2003 amarillo y tiempo después se mudaron juntos a un apartamento en Santurce, antes de ambos irse a una casa alquilada en Ocean Park, en San Juan.

En ese último hogar recordó que en un momento dado vio a familiares de Vázquez Rijos “viviendo” allí.

Para esa época, según Cacho, Anhang le compró dos restaurantes a Vázquez Rijos: Fusion y Pink Skirt, ambos en el Viejo San Juan.

A preguntas de la Fiscalía federal, Cacho precisó que Anhang “usó fondos de la compañía porque paró de pagar cosas del negocio y lo usó, con mi autorización, para financiar el tipo de vida de ellos”, que luego describió como “un afluente estilo de vida” con viajes y la compra de varios carros.

Una boda inusual

A entender de Cacho, todo cambió por la forma en que se enteró del matrimonio entre ambos. Primero mencionó que recibió una llamada telefónica desde Las Vegas, pero por objeciones de la defensa no pudo abundar sobre esa conversación.

Luego dijo que supo con certeza sobre la unión matrimonial en gestiones de negocios, ya que, al terminar una transacción, tenían que escribir sus respectivos estados civiles, donde se establece si son solteros o casados.

“Adam no quería”, sostuvo Cacho, quien dijo que discutieron brevemente hasta que Anhang admitió que “se casó en marzo… en presencia de la familia de ella”.

“Lo vi como una debilidad… Le dije que: ‘Si yo me hubiera divorciado de mi esposa, te lo diría’… Lo menos que yo esperaba era que me dijera cualquier cosa que afectara nuestros negocios”, expuso Cacho.

Asimismo, declaró que después estudió el acuerdo prenupcial y que su opinión era que a Anhang le convenía más haberse casado sin las capitulaciones.

“Entendí que ella se convirtió en socia del negocio a través de Adam. Si él moría, había que pagarle $8 millones… porque valoró la compañía en $24 millones”, relató.

Ayer salió a relucir en sala que el acuerdo prematrimonial disponía que si uno de los dos fallecía, el sobreviviente recibiría un tercio de la fortuna que tenía antes de casarse. Como el documento establecía que el canadiense tenía una fortuna valorada en $24 millones, en esa eventualidad Vázquez Rijos recibiría $8 millones.

Por su parte, la abogada de Vázquez Rijos, Lydia Lizarríbar, intentó presionar a Cacho para demostrar que estaba en contra del matrimonio y le preguntó si hizo gestiones que contribuyeran al divorcio.

Según Cacho, para cuando supo del matrimonio, unas semanas después de la boda, Anhang ya estaba considerando el divorcio y le pidió recomendaciones de abogados y lo refirió a varios.

A preguntas de Lizarríbar, Cacho dijo que Anhang no había invertido ningún dinero de él en los negocios, sino que más bien era un manager de los proyectos y que se dedicaba a utilizar sus contactos para lograr acceso a inversionistas que fueran socios en los proyectos.

También señaló que se sorprendió cuando vio la lista de negocios incluidos por Anhang en el acuerdo prenupcial, porque había algunos que ellos no podían reclamar como de su propiedad.

A preguntas del juez Domínguez, Cacho también dijo que Vázquez Rijos no tenía ningún dinero de ella invertido en el negocio y que solamente recibiría algún dinero en caso de que muriera su esposo.

Luego del asesinato

Con el mismo testimonio de Cacho, la Fiscalía federal presentó un cuadro de lo que sucedió en la mañana siguiente del asesinato de Anhang.

Cacho supo de la muerte de Anhang porque alguien lo llamó para decírselo y que viera las noticias en la televisión. 

“Vi a Adam en el suelo cubierto en sangre”, expresó Cacho.

Dijo que en la mañana siguiente se fue a su oficina, ubicada en el primer piso del Condado Plaza, donde se encontró con el abogado de él y de Anhang, Luis Rullán.

Declaró que esa misma mañana vio llegar a la entrada del Condado Plaza al hermano de Vázquez Rijos, Charbel Vázquez Rijos, manejando el auto BMW de Anhang.

Del auto se bajó José Ferrer Sosa, quien era novio de Marcia Vázquez Rijos, hermana de Áurea. Ambos están acusados en este juicio.

“Fui con Luis Rullán a ver qué pasaba. Cuando nos vio acercarnos, se fue… Literalmente, huyó”, dijo Cacho.

Poco después vio a Ferrer montándose en auto Porsche Cayenne de Áurea, que estaba estacionado afuera del Condado Plaza.

Luego acompañaron al agente de la Policía Luis Miranda a la vivienda de Anhang y, al llegar, observaron a Marcia sacando unas bolsas negras.

“Cuando Miranda miró adentro, vio lo que parecía ser ropa. Yo estaba en 'shock', que a unas horas de que asesinaran a Adam estuvieran sacando pertenencias… Nunca había visto algo así”, puntualizó.


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