Un testigo planteó que Áurea Vázquez Rijos no mostró interés en la investigación sobre el asesinato de su esposo Adam Anhang (semisquare-x3)
Un testigo planteó que Áurea Vázquez Rijos no mostró interés en la investigación sobre el asesinato de su esposo Adam Anhang. (Archivo)

Wilma Ríos veía televisión en su apartamento en el Viejo San Juan, cerca de la medianoche del 22 de septiembre de 2005, cuando escuchó los gritos de un hombre.

“Ayuda… déjame, déjame”, dijo que escuchó en ese momento Ríos, quien fue una de los testigos que la fiscalía federal sentó ayer en la continuación del juicio por el asesinato del empresario canadiense Adam Anhang.

Ríos hablaba del momento en que Anhang fue asesinado en la esquina de la calle San Justo con la calle Luna, mientras caminaba junto a su esposa Áurea Vázquez Rijos.

Cuando la fiscal federal Jennifer Hernández le preguntó si escuchó a la mujer gritando, Ríos contestó que “no”.

La mujer dijo que observó el incidente desde la ventana de su apartamento, ubicado en un tercer piso.

Indicó que vio cuando un hombre más bajo en estatura que Anhang golpeó al canadiense, pero no pudo observar que tenía en la mano. Contó que luego pudo apreciar a otro hombre que se acercó caminando a la escena.

Describió su vestimenta como de abrigo tipo sudadera y una gorra con la visera hacia atrás.

Relató que, en ese momento buscó, una cámara para tratar intentar acercar la imagen por si podía reconocer el rostro de la víctima.

Entonces, según Ríos, llamó al Sistema de Emergencias 911 para solicitar una ambulancia. Dijo que en la llamada -que fue escuchada en la sala- habló de una sola víctima porque no le parecía que la mujer que acompañaba a Anhang estaba herida.

Señaló que, por esta razón, le sorprendió ver que los paramédicos montaran a la mujer en una camilla.

“Recuerdo que cuando sentaron a la señora se arregló su ropa y se quedó sentada”, sostuvo Ríos, quien luego describió el gesto como que “planchaba” su falda con las manos.

A preguntas de la abogada de Vázquez Rijos, Lydia Lizarríbar, Ríos admitió que en la declaración jurada que dio a la Policía en el 2005 dijo que no había visto bien porque no tenía los espejuelos puestos.

Aún así, Ríos se sostuvo en que no tuvo problemas para observar lo que sucedía, pues hace casi 30 años que no necesita espejuelos. Explicó que los usó hasta la adolescencia, pero que luego los tenía solamente por si los necesitaba al manejar vehículos.

Ríos fue citada para declarar en el juicio estatal que se llevó contra Jonathan Román Rivera por el asesinato de Anhang, pero no llegó a declarar porque los fiscales y abogados encontraron que su aportación era redundante con los otros dos testigos del ministerio público.

A diferencia del juicio estatal, en el que se buscaba encarcelar al presunto asesino, en el juicio federal se acusa a Vázquez Rijos de encabezar una conspiraciónpara el asesinato de su esposo.

También están acusados de conspirar su hermana, Marcia Vázquez Rijos, y el exnovio de esta última, José Ferrer Sosa.

“Algo no estaba bien”

Durante la mañana de ayer, terminó de testificar el agente José Miranda, quien estuvo a cargo de la investigación policiaca del asesinato.

A preguntas de la defensa, Miranda comentó sobre si Áurea había sido sospechosa en aquella investigación.

“No tenía nada en concreto en contra de ella, pero tenía señales que me decía que algo no estaba bien”, sostuvo Miranda.

Indicó que esa impresión se debía “a la forma de actuar de ella y su familia, que de momento no cooperaron nada”.

“Nunca preguntaron sobre el estado de la investigación. Nunca dieron seguimiento ni se pusieron a la disposición”, agregó.

En el contrainterrogatorio, la defensa trataba de establecer que la ausencia de Áurea a las citaciones de la Policía se debían a complicaciones médicas tras el golpe que recibió en la escena.

A preguntas de la fiscalía, Miranda dijo que también se citó a Áurea dos veces en el 2006. Para la primera, en mayo, no fue localizada. Para la segunda, fueron al tribunal en que se suponía que ella compareciera por otro caso, pero no estaba y su madre, Carmen Rijos, le dijo que Áurea no estaba en Puerto Rico.

Por otro lado, la defensa intentó sembrar dudas sobre el testimonio del socio de Anhang, Roberto Cacho, quien ya testificó.

Durante el interrogatorio, la defensa condujo a Miranda a revelar que fue Cacho quien le mencionó por primera vez el nombre de Alex Pabón Colón, quien confesó en el 2008 al FBI haber sido el asesino.

Según Miranda, Cacho le dijo que se enteró de ese nombre a través de rumores. También, le consiguió una ubicación del hombre en Caguas y un número de teléfono que usaba.


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