Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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2017: Algo para celebrar

En el 2017 murió por fin el Partido Popular Democrático (PPD) y el anexionismo cayó en coma irreversible. La independencia, por su parte, comenzó a ser considerada hasta inminente por sus propios enemigos.

Soy la eterna optimista, pero confieso que hasta hace unos días no sabía cómo apechar para ustedes esta última columna de 2017. Quería ser “positiva” y plantear algo que celebrar, pero demasiada necesidad, demasiada corrupción y demasiado engaño han hecho de los últimos tres meses de este año los peores que he visto pasar a mi país. Agobia saber que hay gente en las montañas que piden comida cuando les llevan medicinas y que nunca van a tener la energía eléctrica que tenían porque ahora no es costo efectivo llevarle los cables hasta su zona.

Entonces, en una reunión de amigos, me informan que el esperado inventario de las organizaciones de auto gestión ha identificado ya más de 140 organizaciones de base al margen del gobierno.

Eso me cambió el semblante. Se me desfrunció el ceño que me había instalado el tapón por el que llegué a la tertulia y me afloró una sonrisa fresca que no se me ha quitado. Triste, pero sonrisa. No puede ser alegre algo que ha costado tantas vidas que ni siquiera podemos contar y tanta miseria que ni siquiera queremos medir.

Entonces me anuncian de una reunión en Nueva York a principios de enero para retomar con un grupo de la diáspora la apertura de un espacio político propio en Washington para la descolonización y soberanía. La tarea que veníamos cocinando cuando llegó María, se cuaja.

Entonces mi hija me confirmó su llegada para el viernes para pasar todas las navidades “aunque sea cargando agua pa’l monte”.

Entonces, por otro lado, ya tenemos fecha y lugar tentativos para el congreso soberanista del que he venido hablando en mis escritos.

Desde la sonrisa que me fijaron todas esas iniciativas, miré de nuevo hacia el 2017. Reconociendo el llanto y su razón, colocándolo en su lugar para nunca olvidar, ¿qué podía celebrar yo de este año?

Les juro que lo primero que me vino a la mente fue la desaparición del PPD. Se esfumó el embeleco como magia de ilusionista que fue. La economía colonial se vino abajo estrepitosamente y nada logra levantar de nuevo el partido que la amamantó.

Como decía Felipe Rodríguez en La cama vacía, el PPD es un pobre esqueleto que a sí mismo se da horror.

En el 2018 sabremos que van a hacer los Populares. Levantar el PPD no es. Marquen el 2017 como el año de su deceso.

Inmediatamente me vino a la mente el anexionismo en coma inducida por el propio Estados Unidos. Ha sido un año terrible el 2017 para los estadistas. El Presidente y el Congreso de su nación le han dado con todo lo que tienen. Los mismos analistas afines al Partido Nuevo Progresista (PNP) auguran que ya mismo “desentuban” a la colonia. Proclaman con desdén que la independencia es inminente.

Su desdén es mi alegría. Los escucho gritar con pavor que viene la independencia a ver si la gente se tira a la calle de rodillas a pedirle a Estados Unidos que se quede. Y no está pasando. A nadie parece espantarle la posibilidad de algo distinto.

Hace par de meses que la economía soberana viene discutiéndose en foros que aumentan a medida que los colonialistas gritan. Ya no es tema ajeno ni mete miedo. Vislumbro que el sector soberanista e independentista tiene mejores posibilidades de organización en el 2018 que ningún otro.

En fin, que hoy les puedo decir sin ninguna pena que el PPD y el PNP son los muertos de mi felicidad. Bienvenido el 2018.

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