Julio A. Muriente Pérez

Tribuna invitada

Por Julio A. Muriente Pérez
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2017: Un año de grandes experiencias y retos

Este ha sido un año de grandes experiencias para el Pueblo puertorriqueño, que nos presentan retos extraordinarios y decisivos cara al futuro, cuyo cumplimiento ocurrirá en la medida en que elevemos la conciencia individual y colectiva sobre el momento histórico que vivimos y que dependerá, sobre todo, de la voluntad con que lo enfrentemos.

Le propongo a los amigos lectores considerar ocho de esas experiencias y el valor o relevancia que las mismas puedan tener, no sólo como vida vivida, sino mirando al porvenir. Como verán, de una u otra forma se relacionan entre sí. Estas son:

1.primer año de una administración gubernamental encabezada por el PNP, obsesionada en adelantar una opción minoritaria—la anexión--que fue ampliamente rechazada en la consulta intrascendente que promovieron el 11 de junio pasado y que frente a la situación que ha enfrentado Puerto Rico durante los pasados meses, entre humillaciones e incompetencias, no ha dado pie con bola;

2.apuntalamiento de la Junta de Control Fiscal, instrumento de dominio imperial, sus muestras reiteradas de insensibilidad y arrogancia, y su interés único en saquear decenas de miles de millones de dólares;

3.liberación del patriota Oscar López Rivera tras más de tres décadas en prisión en Estados Unidos, y la sensibilidad que hemos tenido de hablar con una sola voz nacional a favor de su libertad;

4.huelga de la UPR, que nos acercó a una juventud profundamente preocupada por la situación del País, que reclama por derecho propio un espacio protagónico en la construcción de un nuevo Puerto Rico en felicidad, prosperidad y libertad;

5.huracanes Irma y María, fenómenos naturales que nos han permitido ver en toda su descarnada dimensión, la precariedad de una materialidad pegada con alfileres, la farsa de una modernidad pretendidamente primermundista que voló al primer azote de los vientos huracanados y, a la vez, la grandeza de nuestro Pueblo y su disposición a enfrentar la adversidad con la frente en alto y con una sonrisa a flor de labios;

6.actitud arrogante del gobierno de Estados Unidos y sus instituciones hacia Puerto Rico y los puertorriqueños, encabezada por la desgraciada “visita” de Donald Trump y acompañada por las decisiones y opiniones del Congreso, la negligencia y desdén de las agencias estadounidenses tras el paso de los huracanes, la corrupción y oportunismo de compañías estadounidenses, en una reiteración mayúscula de colonialismo y sometimiento;

7.reconocimiento de que somos una Nación dividida y un solo Pueblo, cuyos hijos e hijas desplazados al extranjero involuntariamente—la llamada diáspora-- sienten y padecen como el que más, asumen su responsabilidad con el País y dicen y han de decir presente siempre;

8.fascinante reconocimiento de la bandera de Puerto Rico como el símbolo amado de unidad, perseverancia y disposición de lucha. Es a su vez símbolo de victoria, orgullo y determinación de que somos y seguiremos siendo una nación caribeña y latinoamericana, merecedora del mejor de los destinos.

El gran reto consiste, entonces, en reconocer que la solución a nuestros grandes problemas económicos y sociales pasa de una u otra forma—como prerrequisito indispensable—por el rescate de nuestros poderes soberanos, los mismos que nos fueron robados en 1898.

En 2017 hemos demostrado definitivamente que tenemos la capacidad y sobre todo la necesidad, de decidir libremente nuestro destino. Que del norte no debemos esperar otra cosa que desprecio, explotación y humillaciones. Que vivir de dadivas es una indignidad. Que el modelo económico impuesto hace siete décadas a fracasado. Que el colonialismo ha fracasado.

El 2018 deberá ser el punto de partida de la construcción de ese nuevo País al que aspiramos todos y todas. Ese es nuestro deseo, nuestra gran aspiración. Somos capaces de hacerla realidad. Comencemos con un fuerte abrazo solidario.

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